La confesión que implica a la “etarra de las mariscadas”: “Cuando el teniente coronel salía de la iglesia, le mataron”

El testimonio de dos exintegrantes del “comando Vizcaya” que implicaron a Natividad Jáuregui en el asesinato de un militar en 1981 es ahora clave para evitar la prescripción

Natividad Jáuregui, «Pepona», más conocida como la "etarra de las mariscadas"
Natividad Jáuregui, «Pepona», más conocida como la "etarra de las mariscadas"

Las declaraciones policiales de dos históricos exintegrantes del «comando Vizcaya», Enrique Letona, «Masillas» (en libertad desde 2003) y Sebastián Echániz, «Sebas», quien es en estos momentos, con 77 años recién cumplidos, el preso de mayor edad de la banda terrorista, han resultado determinantes para procesar a Natividad Jáuregui, «Jaione», por el asesinato del teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche, cometido el 19 de marzo de 1981 en Bilbao.

Han pasado casi 40 años del atentado del sanguinario «comando» de ETA y Jáuregui, conocida como «la etarra de las mariscadas» por las fotos que difundió en Facebook de sus homenajes gastronómicos en Gante (Bélgica), no fue procesada hasta 2005, tras archivarse la causa hasta en cinco ocasiones, pero el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata considera que esas dos declaraciones de 1987 y 1993 son suficientes para interrumpir el plazo de prescripción de 20 años, tras el cual prescribe la responsabilidad penal.

Letona y Echániz aseguran en sus declaraciones –a las que ha tenido acceso LA RAZÓN– que Jáuregui participó en el asesinato de Romeo Rotaeche. El segundo va aún más lejos, pues incluso precisó que fue ella quien le disparó cuando salía de misa de la Basílica de Begoña. Ambos coinciden en que la «etarra de las mariscadas» formaba parte de uno de los dos «taldes» del «comando Vizcaya» (Letona y Echániz estaban integrados en el otro) junto a los ya fallecidos Juan María Otegui, «Txato» y Francisco Javier Zabaleta, «Jatorra» o «Iraultza». El primero murió víctima de un atentado de los GAL en 1985, mientras que Zabaleta falleció por los disparos de uno de sus compañeros de «comando» (según refirió Echániz en su declaración) en el atentado que costó la vida en junio de 1982 al entonces jefe de la Policía Municipal de Baracaldo, José Aibar.

De la Mata defiende que aunque esas declaraciones inculpatorias no llevaron al procesamiento de Jáuregui (de hecho en ambos casos se cerró la causa sin auto de procesamiento), se trata de dos «elementos de relevancia» que constituyen «una actividad judicial suficiente» para interrumpir el plazo de prescripción y permitir, 39 años después, su procesamiento.

Letona explicó a la Guardia Civil el 8 octubre de 1987 cómo se gestó el «comando Vizcaya». El exintegrante del «comando Iharra» había huido la localidad francesa de Mauleón-Licharre, donde el entonces jefe «militar» de ETA Juan Lorenzo Lasa Michelena, «Txikierdi», le citó en Bayona. Allí, explicó a los agentes, «se encontraba “Santi Potros” (Santiago Arróspide), el cual le llevó a ver al resto del comando Vizcaya, trasladándose en un vehículo que no recuerda a la localidad de Pau».

En una vivienda del municipio del sur de Francia se reunió –detalló en su declaración– «Txato» (Juan María Otaegui), «Sebas» (Sebastián Echániz), «Iraultza» (Francisco Javier Zabaleta) y «Jaione» (Natividad Jáuregui). «Tras las presentaciones», Arróspide «le dice que iba a formar parte de ese comando».

En febrero de 1981 «el comando completo, al cual se había incorporado a última hora José María Borde, vienen a España. Entran a través de una chalupa atravesando el río Bidasoa». En la carretera les espera un camión grande. Cada uno llevaba «una pistola y una granada pequeña tipo ETA, así como tres o cuatro metralletas» y la «munición que tenían en los cargadores».

Escondidos en el camión «entre unos bidones de gasolina o aceite», llegaron a Bilbao y el «comando» se instaló en una casa por la zona de Begoña, «donde vivía una matrimonio con dos hijos pequeños». «Al cabo de unos días se separaron los dos taldes. Uno lo forman Txato, Borde y él y el otro, Jaione, Sebas e Iraultza», detalló a la Guardia Civil. El primer «talde» se traslada a Baracaldo y unos días después los dos «subcomandos» se reúnen en el piso de Bilbao «y comentan las informaciones que habían traído de Francia y deciden ir a comprobarlas, cada talde las suyas».

Según «Masillas», la información sobre el teniente coronel Romeo Rotaeche «la trajeron de Francia» y la «comentaron los dos taldes en el piso», próximo al lugar donde se cometió el atentado. «La comprueban Jayone e Iraultza y la ejecutan los mismos», explica. «En dos ocasiones fueron a comprobarla y a la tercera, cuando el teniente coronel salía de la iglesia, no sabe quién disparó, le mataron». Tras el atentado «salieron corriendo» y se escondieron en un piso franco «donde comentan con los demás que habían visto fácil la acción y por eso la realizaron, por lo que deciden no salir en varios días a la calle». «Txato», detalló, fue quien «llamó por teléfono a Egin reivindicando la acción en nombre de ETA».

La declaración policial de Echániz casi seis años después coincide con lo apuntado por Letona. Y aunque ante el juez se acogió a su derecho a no declarar, De la Mata subraya que «sí que ratificó las declaraciones policiales, admitiendo que las realizó voluntariamente y que firmó tales declaraciones». En esos momentos, Jáuregui ya estaba «perfectamente identificada» como partícipe en los hechos desde que un informe policial de octubre de 1987 la señalaba coma autora del atentado.

El 1 y 2 de junio de 1993, «Sebas» corrobora a la Policía que la información de Romeo Rotaeche «la habían traído de Francia y su talde se encargaba de verificar la misma, yendo cada día dos de ellos con el fin de concretar» los datos. Uno de esos días, explicó, «Jatorra» y «Jaione» detectaron «casualmente la salida del militar de la basílica de Begoña, por lo que vieron que era factible realizar en ese momento la acción, acercándose ambos al militar realizando Jaione un disparo contra el mismo». Tras asesinar al teniente coronel, continúa, «ambos escapan en dirección a Bilbao por el ascensor de Begoña», refugiándose en el piso de seguridad que tenían en la capital vizcaína, donde se encontraba Echániz. «Una vez allí le comentan que han llevado a cabo la acción contra el militar y que no ha habido ningún incidente».

Echániz también contó que al matrimonio que les daba alojamiento en el piso de Algorta «los conocía Jaione como “Txetxu y Miriam”». Asimismo, relató cómo cruzó la frontera con «Jaione» tras asesinar en Basauri al guardia civil retirado Joaquín Gorjon el 10 de julio de 1981 y resultar herido en un tiroteo con la Policía. Tras cruzar la muga en Hendaya «junto a Txato y Jaione» por la ría, la trasladaron a una clínica de Hendaya, donde fue operado. Antes se separó de «Jaione» y «Txato» ya que «por motivos de seguridad no podían conocer la clínica a la que iba a ser trasladado».

Captado para ETA por «el carnicero de Mondragón»

En su declaración, Letona explica que fue Jesús Mari Zabarte, «el carnicero de Mondragón» (en libertad desde 2013), quien le captó para ETA. Tras huir a Francia en 1980, «Txomin» (Domingo Iturbe Abasolo) y «Kirru» les dicen a él y a su compañero Paco Robles «qué iban a hacer, si ir a Venezuela o seguir luchando». Ambos contestan «que quieren seguir luchando». A los pocos dias se integraría en el “comando Vizcaya”.

Sueldo de 100 dólares mensuales de ETA en Nicaragua

La dirección de ETA ordenó a Sebastián Echániz en 1986 que se trasladase a Nicaragua. Según explicó en su declaración policial, allí trabajo como «tornero» en un organismo dependiente del Ministerio del Interior nicaragüense. Además de su salario, desde 1987 percibió «unos 20 dólares mensuales» de ETA, «cantidad que se amplio asta 100» desde 1989. Sin embargo, con el cambio de gobierno se quedó sin trabajo y sin paga de la banda terroristas hasta que fue detenido y entregado a España.