El cierre del sumario acerca el juicio por el asesinato de Giménez Abad 20 años después

Tras el procesamiento de “Ata” y Zaldua, el juez Pedraz va a dar traslado de la causa a la Sala de lo Penal, lo que abre la puerta a que la vista oral se celebre en 2021

ETA asesinó al senador del PP Manuel Giménez Abad el 6 de mayo de 2001 cuando se dirigía al estadio de la Romareda con su hijo para ver un partido
ETA asesinó al senador del PP Manuel Giménez Abad el 6 de mayo de 2001 cuando se dirigía al estadio de la Romareda con su hijo para ver un partido

En mayo de 2021 se cumplirán 20 años del asesinato a manos de ETA del senador Manuel Giménez Abad, en esas fechas presidente del PP de Aragón. El político acudía al estadio de la Romareda junto a su hijo para ver un partido del Real Zaragoza cuando un terrorista le descerrajó tres disparos a bocajarro causándole la muerte en el acto. Se trata de uno de los más de 300 atentados mortales de la banda terrorista todavía sin resolver, pero en este caso, y después de una laboriosa investigación, la fecha del juicio está un poco más cerca.

Según han confirmado fuentes jurídicas, el magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, instructor del procedimiento, ultima el cierre del sumario para elevarlo a la Sala de lo Penal en las próximas fechas, una vez procesados por estos hechos el exjefe “militar” de ETA Mikel Carrera Sarobe, “Ata” -que cumple condena en Francia-, e Itxaso Zaldua, “Sahatsa”, en prisión provisional por esta causa desde el pasado julio.

Según esas mismas fuentes, tan solo resta que se terminen de digitalizar los tomos que recogen todos estos años de investigación para, una vez dictado formalmente el auto de conclusión del sumario, encarar la fase final del proceso, cuando la Sala inste a la Fiscalía y a la familia de Giménez Abad a presentar sus escritos de acusación o solicitar el sobreseimiento. Superado ese trámite y presentados los escritos de defensa de los dos procesados, añaden, el juicio podría celebrarse en 2021, cuando precisamente se cumplen dos décadas del asesinato, dado que las causas con preso (como es el caso) tienen preferencia a la hora de señalar la fecha de la vista oral. El único obstáculo es tramitar la entrega temporal de Carrera Sarobe a España para la celebración del juicio, aunque “Ata” ya fue puesto el pasado año a disposición de la Justicia española para hacer frente a causas pendientes. Y, además, recalcan fuente jurídicas, desde hace años Francia “suele acceder con celeridad a las peticiones de entrega temporal de terroristas”.

El cierre de esta investigación ha sido uno de los más complicados que se recuerda en la Audiencia Nacional, pues hasta hace apenas año y medio no se había procesado a nadie en relación con el asesinato de Giménez Abad. Fue en julio de 2019 cuando el juez Pedraz procesó como supuesto autor de los disparos que acabaron con la vida del político popular a Carrera Sarobe, identificado por el hijo de la víctima, Borja Giménez Larraz (fotográficamente en 2014 y en una rueda de reconocimiento en París en octubre de 2018), y por al menos otros cuatro testigos del atentado, entre ellos una mujer ya octogenaria a la que el magistrado y la fiscal Ángela Gómez Rodulfo tomaron declaración en Zaragoza para garantizar que su testimonio pueda utilizarse en la vista oral como prueba preconstituida, dada su avanzada edad. «Su cara no se puede olvidar. Esa imagen me impactó», aseguró la mujer al identificar fotográficamente a “Ata” 18 años después de presenciar el atentado mortal.

En el procesamiento de Carrera Sarobe también resultó determinante el análisis de la agenda intervenida a Javier García Gaztelu, “Txapote”, ex “jefe militar” de ETA -detenido en Francia en febrero de 2001-, donde estaban anotados los nombres de diversos “comandos” y sus integrantes, entre ellos el propio “Ata”. De las reuniones anotadas de “Txapote” con “Ata” en enero y marzo de 2001, en los meses previos al asesinato de Giménez Abad, los investigadores concluyeron que en esas fechas Carrera Sarobe ya estaba integrado en el “aparato militar” de la banda terrorista y formaba parte de uno de sus “comandos”.

El procesamiento de “Ata” parecía que abocaba entonces al cierre de la investigación, pero esta se prolongó durante un año tratando de identificar sigilosamente a la mujer “de cara alegre” que, según varios testigos presenciales, huyó junto a “Ata” tras el atentado por las calles del centro de Zaragoza ese 6 de mayo de 2001. A todos ellos les llamó la atención esa joven “bajita, de mofletes rollizos” y “ojos negros” que llevaba un abrigo largo y cubría su cabeza con un gorro en pleno mes de mayo y a la que vieron entregar un objeto sin precisar al autor de los disparos.

La Fiscalía llegó a pedir un retrato robot de la terrorista e informes policiales detallaron las mujeres que pertenecían a los “comandos” de ETA que en esas fechas actuaban en la zona de Aragón y Cataluña. La pista llevó finalmente a la etarra Itxaso Zaldua, que se encontraba en libertad desde agosto de 2017 tras cumplir en Francia una condena de 18 años de prisión.

Tanto el servicio de Información de la Guardia Civil como la Comisaría General de Información de la Policía sitúan a Zaldua -en sendos informes de diciembre de 2019 y junio pasado- como integrante del “comando Basajaun” en las fechas del atentado. Su pertenencia a ETA no se conocía entonces, por lo que sus fotografías en ningún momento se mostraron a los testigos del asesinato para un posible reconocimiento. Reconocida fotográficamente por un testigo protegido, Zaldua fue detenida finalmente en Hernani (Guipúzcoa) el pasado julio y el juez Pedraz acordó su ingreso en prisión provisional al considerarla al menos colaboradora en el asesinato del senador del PP.

Una prueba caligráfica prolongó aun más la instrucción de la causa. Se trataba de cotejar la letra de Zaldua con una nota manuscrita intervenida al ex dirigente de ETA Juan Fernández Iradi, “Susper”, detenido en la localidad francesa de Tarbes a finales de 2002. La Policía Científica concluyó que ambos cuerpos de escritura presentaban suficientes semejanzas como para constatar una “atribución categórica” de esos textos manuscritos a “Sahatsa”.