Una nota de ocho líneas clave para esclarecer el asesinato de Giménez Abad

Tras una prueba caligráfica, la Policía Científica analiza si la etarra Zaldua es la autora de un documento atribuido al "comando Basajaun" de ETA, al que se achaca el atentado

Agentes de la Policía Científica analizan si una nota manuscrita intervenida en la vivienda del ex dirigente de ETA Juan Fernández Iradi, «Susper», en la localidad francesa de Tarbes en diciembre de 2002 fue escrita por la etarra Itxaso Zaldua, «Sahatsa», detenida el pasado 21 de julio en Hernani (Guipúzcoa), y a quien el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha procesado por el atentado contra el entonces senador del PP Manuel Giménez Abad, asesinado por ETA en Zaragoza el 6 de mayo de 2001 cuando se dirigía con su hijo Borja a ver un partido del Real Zaragoza en la Romareda.

Según el magistrado, Zaldua era la mujer que huyó junto con el supuesto autor de los disparos, Mikel Carrera Sarobe, «Ata», tras el atentado mortal.

Casi veinte años después, un testigo protegido ha identificado fotográficamente a la supuesta ex integrante del «comando Basajaun», pero los investigadores consideran clave determinar si Zaldua es la autora de esa nota para apuntalar los supuestos indicios contra ella de cara al juicio.

Con esa intención, dos días después de ordenar su ingreso en prisión, «Sahatsa» fue citada de nuevo en la Audiencia Nacional para realizar un cuerpo de escritura con el objetivo de que los peritos caligráficos de la Policía Científica lo cotejen con las líneas manuscritas intervenidas a «Susper» y que se atribuyen a la procesada. Zaldua accedió a escribir ese texto, en euskera, de forma voluntaria –según consta en la diligencia judicial a la que ha tenido acceso LA RAZÓN– asistida por su abogado, Aiert Larrarte, y en presencia también de la letrada de la familia de Giménez Abad, y de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Carmen Ladrón de Guevara.

Con asistencia de una intérprete de euskera, Zaldua escribió el pasado 29 de julio un texto que incluía «diferentes grafías, letras y números» que le dictó la letrada de la Administración de Justicia adscrita al juzgado de Pedraz.

El pasado día 3, el instructor remitió a la Comisaría General de la Policía Científica esa muestra de escritura junto a la nota manuscrita intervenida en Tarbes en 2002 (apenas ocho líneas escritas también en euskera y sin fecha) para que los agentes elaboren un informe pericial caligráfico «que permita determinar o descartar la autoría» de Zaldua.

En su declaración indagatoria ante el juez del pasado 27 de julio (en la que se le comunicó formalmente su procesamiento) consta que la detenida asegura que «no tiene nada que ver con estos hechos». «Ha visto lo que se dice de alguien rellenita y no es cierto que sea ella», recalcó al respecto. De hecho, manifestó que su peso actual es de 51-52 kilos y que, aunque en la fecha del atentado no tiene «ni idea» de cuánto pesaba, «nunca ha pasado de los 54-55 kilos».

Y es que en el auto en el que Pedraz le procesa por el asesinato de Giménez Abad –al menos como colaboradora–, consta que en su huida «Ata» se cruzó con una mujer «bajita, de mofletes rollizos» y «ojos negros» que vestía un abrigo largo a pesar de ser mayo y se cubría la cabeza con un gorro tipo bombín. Ella habría sido la encargada de dar «seguridad a cierta distancia» al autor de los disparos. El asesino le habría entregado, además, «un objeto que no puede precisarse» antes de que ambos huyeran en direcciones opuestas, la terrorista «con paso ligero». Esa resolución concluye que la mujer con la que se cruzó Carrera Sarobe era Itxaso Zaldua.

Zaldua dice que estaba en el cine

Pero en su declaración ante el juez, fue categórica y afirmó que «nunca» ha estado en Zaragoza. El 6 de mayo de 2001, fecha del atentado, aseguró –tras «un ejercicio de memoria super difícil»– que «estaba en el cine» con unas amigas en la localidad de Usurbil (Guipúzcoa) y que recuerda que escuchó la noticia del asesinato en la radio del coche cuando salieron de la sala.

Zaldua negó asimismo haber huido en septiembre de 2003 a Francia, donde fue detenida el 23 de abril de 2005 en Lannemezan en compañía de José Segurola Querejeta, considerado el lugarteniente del ex jefe «militar» de ETA Garikoitz Azpiazu, «Txeroki». Hasta ese momento no se conocía su militancia en la banda terrorista ni las actividades que había venido realizando tanto en Francia como en España a las órdenes de ETA. En el país vecino fue condenada a 18 años de prisión y, tras cumplir la pena, fue puesta en libertad, regresando en agosto de 2017 a España, donde no tenía causas pendientes.

La defensa de Zaldua no ha recurrido su ingreso en prisión provisional, según han confirmado fuentes jurídicas, a la espera de que se practiquen nuevas diligencias que piensa solicitar en septiembre, entre ellas la declaración como testigos de varias de las personas que, según su versión, acompañaron a la procesada al cine el día del atentado. Una vez testifiquen, solicitaría su puesta en libertad.

Un informe del pasado 10 de marzo del Servicio de Información de la Guardia Civil y dos más de diciembre de 2019 y del pasado 25 de junio de la Comisaría General de Información encuadran tanto a «Ata» –encarcelado en la prisión francesa de Sud-Francilien Reau, donde cumple condena por una doble cadena perpetua– como a Zaldua en la estructura del «comando Basajaun». La integración en ETA de esta última «era desconocida para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el momento de la comisión de la acción terrorista», por lo que su fotografía no se mostró a los testigos del atentado. El pasado 7 de julio, cuando las Fuerzas de Seguridad ya seguían la pista de la ex etarra desde hacía meses, sí se le mostró al testigo protegido que la identificó «con un alto grado de fiabilidad», ratificando el reconocimiento que ya había hecho ante la Policía en noviembre del pasado año.

La fotografía de Zaldua que se mostró a este testigo, hace hincapié el juez en el auto de procesamiento, «nunca había sido difundida» por los medios de comunicación ni se le había enseñado con anterioridad, «lo que refuerza el valor del reconocimiento».

De la documentación intervenida a «Susper» en 2002, los investigadores concluyeron que el «comando» en el que sitúan a «Ata» y Zaldua estaba operativo en octubre de 2000 y lo siguió estando al menos hasta el verano de 2002. Además, en otro fichero de febrero de 2001 se alude a un encuentro entre Carrera Sarobe y la dirección de ETA para recibir instrucciones de «cometer acciones» contra «objetivos concretos» en Zaragoza o Fraga, entre los que se incluiría el atentado objeto de esta investigación.

Cinco testigos del atentado situaron a una mujer en el lugar de los hechos –uno de ellos la definió como una chica «robusta», con los «carrillos regordetes» y de «cara alegre»–, pero su pista se perdió. Para evitar la prescripción de los hechos en mayo del próximo año, la fiscal Ángela Gómez-Rodulfo pidió a la Policía el retrato robot de la enigmática etarra, así como un informe con la lista de mujeres integrantes o colaboradoras de los «comandos» de ETA que actuaban en Aragón y Cataluña en esas fechas.