Una prueba caligráfica vincula a la etarra Zaldua con el “comando” que asesinó a Giménez Abad

La Policía Científica concluye que su letra coincide con la de una nota manuscrita intervenida al ex dirigente de ETA “Susper” en 2002

Casi veinte años después de que ETA asesinara en Zaragoza a Manuel Giménez Abad, senador y presidente del PP de Aragón, la Policía sigue atando cabos para apuntalar los indicios para sentar en el banquillo a los supuestos responsables de un atentado que conmocionó a la capital aragonesa. Procesado como presunto autor de los disparos el ex dirigente de la banda terrorista Mikel Carrera Sarobe, “Ata”, preso en Francia, la investigación judicial que dirige el magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz dio un vuelco el pasado julio con la detención de la etarra Itxaso Zaldua, “Sahatsa”. Hasta cinco testigos habían declarado que el terrorista huyó con una mujer. Pero su pista se perdió durante casi dos décadas.

Procesada ya por el asesinato de Giménez Abad, y reconocida fotográficamente por un testigo protegido, Zaldua se sometió el pasado 29 de julio a una prueba caligráfica para cotejar su escritura con una nota manuscrita de apenas ocho líneas que fue intervenida al ex dirigente de ETA Juan Fernández Iradi, “Susper”, tras ser detenido en la localidad francesa de Tarbes en diciembre de 2002.

Para los investigadores, el resultado de esa pericial resultaba clave para determinar la pertenencia de “Sahatsa” al “comando Basajaun”, en donde encuadran tanto a la etarra como a “Ata”. Y es que de la documentación intervenida a «Susper» se desprende que el “comando” estaba operativo en octubre de 2000 y lo siguió estando al menos hasta el verano de 2002. Pero todos estos hechos se desconocían en la fecha del atentado terrorista, cuando las Fuerzas de Seguridad no sabían que Zaldua estaba integrada en ETA.

Ahora, la Policía Científica ha concluido su labor y mantiene en su informe -que ya ha sido remitido a la Audiencia Nacional- que la letra de Zaldua coincide con la de la nota manuscrita incautada a “Susper” en Francia. El informe, de 14 páginas y fechado el pasado 31 de agosto, concluye que “las analogías” entre ambos cuerpos de escritura “son suficientes para afirmar la existencia de una misma personalidad escritural en los dos grupos de textos manuscritos estudiados”. En consecuencia, añade, el resultado de la comparación es lo que denomina una “atribución categórica” según la cual los textos de la nota intervenida al ex dirigente etarra “han sido realizados” por Zaldua.

Un indicio que se suma al reconocimiento fotográfico del testigo protegido y a los informes tanto del Servicio de Información de la Guardia Civil como de la Comisaría General de Información de la Policía sobre el “comando Basajaun”, con el que vinculan a los dos procesados. Y que, además, acerca el cierre del sumario de uno de los 300 asesinatos de ETA que continúan sin resolver.

Según consta en la diligencia judicial en la que se acordó la realización de la prueba caligráfica, Zaldua accedió voluntariamente a someterse a ella. Lo hizo en presencia de su abogada, Aiert Larrarte, y de la letrada de la familia de Giménez Abad, Carmen Ladrón de Guevara. Asistida por una intérprete de euskera, escribió ocho líneas con «diferentes grafías, letras y números». Unos días después, el pasado 3 de agosto, el juez Pedraz remitió ese cuerpo de escritura a la Policía Científica junto a la nota intervenida a “Susper” en Francia para que los peritos elaborasen un informe que permitiese "determinar o descartar la autoría» de Zaldua en el asesinato del senador del PP.

La ex integrante de ETA fue detenida en Hernani el pasado julio cuando ya había saldado sus cuentas con la Justicia tras haber sido condenada en Francia - donde fue arrestada en 2005 junto a José Segurola, considerado el lugarteniente de “Txeroki”- a 18 años de prisión. En agosto de 2017, cumplida la pena, regresó a España, donde su arresto se produjo solo diez meses antes de que los hechos prescriban en mayo del próximo año, lo que habría impedido perseguirla penalmente por el asesinato terrorista. Para evitarlo, la fiscal de la Audiencia Nacional Ángela Gómez-Rodulfo pidió a la Policía un retrato robot de la terrorista y que los agentes identificaran a las mujeres de las que tienen constancia que formaban parte de ETA o colaboraban con la banda terrorista en Aragón y Cataluña en la fecha del atentado.

En su declaración ante el juez, negó cualquier participación en el atentado y dino no tener “nada que ver” con el asesinato. El perfil de la enigmática etarra trazado por los agentes a partir de las declaraciones de los testigos presenciales dibuja una mujer «bajita, de mofletes rollizos» y «ojos negros» que vestía un abrigo largo (a pesar de ser mayo) y se cubría la cabeza con un gorro. Ella fue, sostiene Pedraz, quien se encargó de asegurar «a cierta distancia» la huida del autor de los disparos. Además, se le vio recibir del asesino (que utilizó el mismo arma con la que ETA asesinó a Joseba Pagazaurtundua meses después, en febrero de 2003)un objeto sin precisar antes de que ambos huyeran en direcciones opuestas, ella a «paso ligero».

Zaldua aseguró que nunca ha estado en Zaragoza y que el 6 de mayo de 2001, a la hora del atentado, estaba en el cine con unas amigas (que su defensa quiere que declaren ahora como testigos) en el municipio guipuzcoano de Usúrbil. Según contó al instructor, escuchó la noticia del asesinato en la radio del coche cuando salieron de ver la película. Pero Pedraz deja claro en el auto de procesamiento de que los indicios apuntan a que la mujer con la que se cruzó Carrera Sarobe era Zaldua.

El juez también resaltaba que la fotografía de la etarra que el testigo protegido señaló no se había mostrado antes en los medios de comunicación, lo que para el magistrado “refuerza el valor del reconocimiento”.

Según consta en el auto de procesamiento, entre las seis y las seis y media de la tarde del 6 de mayo de 2001, Giménez Abad se dirigía con su hijo Borja al estadio de La Romareda cuando, al llegar a la calle Princesa, “Ata” le abordó por la espalda y le disparó tres veces en la cabeza, produciéndole la muerte en el acto. A continuación, huyó corriendo, cruzándose por el camino con varios testigos a los que apuntaba con la pistola. “¡Cabrón me has jodido la vida! ¡ETA asesina!”, le gritó el hijo de Giménez Abad. Es en esa huida cuando se cruza con una mujer, la terrorista a la que ahora la Audiencia Nacional cree haber puesto nombre y apellidos.