Perdió el CIS, perdió la violencia

A Rocío Monasterio le va a ir mejor no entrar en el Ejecutivo de la Puerta del Sol

La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio y el presidente del partido, Santiago Abascal
La candidata de Vox a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio y el presidente del partido, Santiago AbascalRicardo Rubio Europa Press

Memorable victoria de Ayuso e histórico batacazo del CIS, que pronosticó un empate entre la izquierda y la derecha, cuando el bloque social-comunista ha sido claramente barrido por el PP. También pronosticó un Vox casi extraparlamentario. Otra gran cantada. Luego ha perdido Tezanos y ha perdido la violencia, que en esta campaña se hizo omnipresente no por culpa de Vox, como pretendió hacer creer la ministra Maroto, ni por el sainete de las balas que Iglesias atribuyó a Vox, ni por las agresiones de Vallecas, pues ya sabemos que fueron promovidas por los matones del ex vicepresidente. La campaña fue violenta porque Iglesias, partidario de la “lucha armada” y el “cóctel molotov”, quiso hacerla dura, brusca, vehemente como él. En las anteriores elecciones de Madrid no hubo conato de agresividad alguna. En esta sí, pero porque así fue fabricada por los esbirros podemitas, con la ayuda de Maslaska y la aquiescencia de Gabilondo, sobre el relato de un fascismo inventado.

¿Es Vox un partido fascista? Claramente no. En su parafernalia no vemos camisas pardas ni azules ni uniformidad militar. Abascal ha construido una opción radical de derechas, pero en ningún caso violenta. Populista si, en la misma medida que también lo es Podemos. Es verdad que cuando se está en la oposición se puede hacer populismo con facilitad para decir, en genérico, fuera okupas, fuera inmigración, fuera autonomías. El problema es que luego llegas a las instituciones y te haces partícipe de las autonomías que querías destruir.

Y es que una cosa es predicar y otra gobernar. Por eso a Monasterio le va a ir mejor no entrar en el Ejecutivo de la Puerta del Sol. Si entras tienes que poner fin al problema de los menas y de la okupación, e igual al final hay que tragar con ambos como con las autonomías.

Durante la campaña, Abascal y Monasterio fueron de menos a más. La cubano-española es estirada, pero bien preparada, de manera que dio la talla en el debate televisivo y también en el teatrillo de la Ser, por mucho que berrearan en su contra los orates izquierdistas. Pensaban algunos que Monasterio iba a ser engullida por Ayuso, pero no ha sido así. Ha mantenido el tipo y está en la mejor disposición para exigir que se cumplan sus compromisos. Pero que no se le ocurra votar “no” a la líder popular. Sería su tumba.