El otro conflicto del caso Ghali

Tras llegar a España en secreto y provocar un choque diplomático con Marruecos, el jefe del Frente Polisario se enfrenta a varias causas judiciales

El presidente del Frente Polisario, Brahim Ghali, está citado el próximo 1 de junio en la Audiencia
El presidente del Frente Polisario, Brahim Ghali, está citado el próximo 1 de junio en la AudienciaJavier MartínLA RAZON

¿Quién o quiénes propiciaron que el jefe del Frente Polisario, Brahim Ghali, se metiera materialmente en la «boca del lobo», al avenirse a viajar a España para ser tratado de sus dolencias médicas? No podían ignorar que tiene causas pendientes ante la Justicia española, por más que le dijeran que no estaban vigentes. Confiar en que su viaje, en el que se llegó a utilizar una identidad falsa argelina, pasaría inadvertido, resulta algo pueril. Los que organizaron este monumental embrollo han colocado a Ghali a la puerta de la Audiencia Nacional, donde le esperan varias causas por la comisión de presuntos delitos tan poco edificantes como torturas, genocidio, violación de una adolescente, secuestro...

No parece la mejor idea traer a España, «por razones humanitarias», al enemigo público número uno de un país vecino y ocultarlo hasta que, al ser difundido por los medios de comunicación, ha generado un conflicto diplomático que Marruecos aviva conforme pasan los días. Por más que desde España se trate de restar importancia al asunto. «Ya hemos dado explicaciones», dice la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya que, obviamente, no han convencido a Rabat.

La raíz del problema está en el secretismo y la «peculiar» forma en que llegó a España. Se trataba de un asunto delicado, ya que el Frente Polisario mantiene una guerra declarada con Marruecos, país con el que mantenemos lazos de colaboración en temas tan sensibles como la inmigración y el terrorismo yihadista.

Se optó por el secretismo. Un avión militar medicalizado partió de Argel y aterrizó, el pasado día 18, en la base militar de Zaragoza. Se da por hecho que llegó con un pasaporte en regla, porque, en caso contrario, hubiera sido rechazado en frontera. A partir de ese momento, es donde empiezan los problemas ya que el médico argelino que acompañaba a Ghali hizo el ingreso en el centro sanitario con una especie de salvoconducto extendido con un nombre falso. Se trataba de ocultar su presencia en España.

El jefe del Polisario arribó a nuestro país con el convencimiento de que no estaban vigentes las demandas judiciales (hasta cuatro) que hay formuladas contra él. No era así. El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, titular del Juzgado Central de Instrucción número 5, ofició a la Comisaría General de Información (CGI) de la Policía Nacional para que comprobara si el ingresado en el hospital riojano era realmente Ghali, lo que quedó acreditado. Cómo los médicos que le atienden señalaron que no estaba previsto darle el alta antes del 20 de este mes, le citó como investigado para el 1 de junio.

Denuncia de secuestro y torturas

Se trata de una primera querella, formulada por el bloguero español El Fadel Breica, que acusa a Ghali y otros polisarios, de haberle secuestrado y sometido a torturas en los campamentos de Tinduf (en Argelia) en una siniestra sucesión de acontecimientos en los que no faltaron las descargas eléctricas. Su abogada, María José Malagón, se apresuró a solicitar medidas de aseguramiento para que Ghali no abandone España. La citación la tiene ya en su poder.

Pero no es ésta la única denuncia que ha llegado a la Audiencia Nacional. Una refugiada saharaui, Yadiyetu Mohamed, se ha querellado hace solo unos días contra Ghali por violación y torturas. Esta mujer –que llevó a cabo labores de traductora con el Frente Polisario entre 2005 y 2010– sostiene que en el verano de este último año fue invitada a España por una ONG que trabaja en los campos de refugiados saharauis, para lo que necesitaba tener un visado. Esos visados los otorgaba el embajador de la República Árabe Saharaui en Argel, en esas fechas Ghali, quien, según afirma, la citó en la embajada para proceder a la entrega de los documentos, donde habría tratado de forzarla sexualmente, «diciéndole que ya sabía lo que tenía que hacer si quería conseguir el visado», y consiguió finalmente violarla.