Francisco Lara, legionario: «Rescaté a un niño que no podía ni moverse»

Este militar confiesa que nunca olvidará lo vivido: «Las madres me lanzaban a sus hijos para que no cayeran al agua»

El legionario Lara Malia, de 27 años, durante la entrevista con LA RAZÓN en El Tarajal, Ceuta
El legionario Lara Malia, de 27 años, durante la entrevista con LA RAZÓN en El Tarajal, Ceuta FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

En el rostro del legionario Lara se nota el cansancio. Ha estado más de 24 horas trabajando sin parar. Tan solo en la madrugada de ayer pudo dormir unas horas. Desde que llegó la llamada de auxilio el pasado lunes al filo de la medianoche, él y su batallón, liderado por el capitán Isaac Bueno, no han cesado en su labor de rescatar a los 8.000 inmigrantes que cruzaron la frontera entre Marruecos y Ceuta jugándose la vida. Pese a lo crítico de la situación, se aprecia un halo de satisfacción y la serenidad del trabajo bien hecho: «Esto no se nos va a olvidar nunca. No imaginé que viviría una situación así. Fue muy duro». Francisco Lara Malia, oriundo de Barbate, siempre supo que quería ser legionario y tras realizar algunos trabajos temporales consiguió su sueño de entrar en el Ejército. Y un año después de alcanzar su meta se ha encontrado con una crisis migratoria que le marcará de por vida: «Es difícil borrar de la mente algunas de las cosas que hemos visto. Recuerdo, por ejemplo, cómo recogí a un niño que tendría unos cuatro años. Venía con hipotermia y no se podía ni mover. Llegaba sin fuerzas. Le cogí del agua y lo llevé a la orilla. También era muy duro ver cómo las madres se subían a la piedra que hay justo en la valla del espigón y estiraban los brazos para que cogieras a su bebé. Era muy peligroso porque podían caer fácilmente al mar con ellos».

El capitán Isaac Bueno Choquet de Isla y la dama legionaria Saray García
El capitán Isaac Bueno Choquet de Isla y la dama legionaria Saray García FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Una situación que también recrea la dama legionaria Saray García. Nos lo cuenta a los pies de la valla fronteriza, que ahora está repleta de prendas ropa esparcidas por el suelo, chanclas y bolsas. «Un niño de unos 10 años se me agarró y no me soltaba. No podía comunicarme con ellos porque no hablaba más que árabe, así que nos entendíamos con gestos. Estaba muy asustado y verle así te impacta. Algunos que sí hablaban español suplicaban: ’'No me sueltes. España, por favor’'. Ha sido muy duro. Además, veías cómo menores explicaban que habían perdido a su familia por el camino», apunta esta legionaria. De hecho, una de las historias más escalofriantes que relata es la de una niña de 14 años que le pedía por favor que encontrara a su hermana, de 12. La había perdido cuando se lanzaron al agua y no estaba por ningún sitio: «Estuvimos buscando y nada. Al final se fue sola y no supimos más de la hermana».

«Bebés de dos meses»

Para ella, el cansancio no fue motivo para rendirse: «Es para lo que estamos, para servir y ayudar. A los que estás salvando están mucho peor que tú. Nuestro trabajo no podía parar y teníamos que estar ahí». Eso sí, sus familiares también estaban preocupados y trataban de comunicarse con ellos ante las «tremendas» imágenes que veían por televisión: «En cuanto pude les llamé para decirles que estaba bien, pero lo primero era salvar vida, luego ya hablar con la familia», asevera.

El capitán Isaac Bueno Choquet de Isla, jefe de la primera compañía de la Cuarta Bandera, desvela que el trabajo de su batallón fue prestar ayuda en la playa del Tarajal, pero también montar tiendas para alojar a los inmigrantes, gestionar el suministro de agua y procurar alimentación y transporte. Todo ello en estrecha colaboración con Cruz Roja.

«Sinceramente, es la primera vez que me enfrento a una crisis como esta. La primera impresión fue impactante: veías una avalancha de personas lanzándose al mar y algunos ni siquiera sabían nadar. Los que sí sabían, llegaban exhaustos a la orilla porque nadaban rápido para aproximarse a tierra lo antes posible».

El capitán Bueno lidera un batallón de 200 legionarios, todos desplegados en la zona. «Para mí, lo peor ha sido ver a tantísimos menores y bebés, algunos no contaban los dos meses. Es inevitable no empatizar con esas madres que se jugaban la vida para pasar al otro lado de la valla con sus hijos. Esto deja huella». Eso sí, niega que ellos, los rescatadores, sean «héroes», y sentencia que «tan solo hacemos nuestro trabajo, que consiste en ayudar a quienes lo necesitan».

Isa Brasero, de Cruz Roja, en El Tarajal
Isa Brasero, de Cruz Roja, en El Tarajal FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Una opinión que comparte Isa Brasero, de Cruz Roja, quien a pesar de llevar días sin pegar ojo, sigue al pie del cañón: «Hemos notado que, a diferencia de otras ocasiones, la mayoría son matrimonios jóvenes con niños muy pequeños y luego muchos menores no acompañados. Esos bebés están en riesgo real». Por eso, su objetivo es suministrarles el acompañamiento y productos de primera necesidad. «Muchos llegaban con hipotermia, cortes y esguinces y se les llevó al hospital», reconoce. Mientras nos despedimos de ella, vemos a un grupo de adolescentes recorrer el camino inverso al lunes. Regresan a Marruecos.