Opinión

La “presidenta” Yolanda y su política “menos fálica”

Corren vientos de cambio y Yolanda quiere cabalgarlos

Cristina L. Schlichting

El espacio político está ahí, esperando a ser colmado... y el que no lo quiera ver, puede perder el tren. La izquierda española está excesivamente fragmentada y los más listos están tomando posiciones para liderar una unificación. Conviene no olvidar que, antes del 15M de 2011, vivíamos cómodamente instalados en el bipartidismo. Los votantes de izquierdas apenas tenían que elegir entre PSOE e IU. Diez años después, la amalgama de partidos recuerda vagamente a la transición, con las mareas podemitas por un lado, Más País por otro y una pléyade de partidos nacionalistas de todos los colores. Hay mucho donde pescar y ya hemos comprobado, tanto en la izquierda como en la derecha, lo rápido que migran los votantes clásicos a las formaciones capaces de proyectar ilusión, desde Podemos a Vox.

Yolanda Díaz está demostrando raza, cintura. Busca protagonizar la azaña de la unidad. Ha olfateado que la salida de Pablo Iglesias ha dejado un hueco inmenso y que hay muchos rebaños sin pastor. Las cosas del liderazgo político son difíciles de explicar. Se trata de mezclas refinadas de ambición, valor, sentido de la oportunidad y ritmo adecuado. ¿Quién hubiese sospechado en Isabel Díaz Ayuso, una mujercita frágil y sin gran discurso, la correosa oponente que ha descubierto Sánchez en la pandemia? Por otro lado, ya no es imprescindible ser el jefe de una formación para triunfar. Las redes sociales han cambiado el mundo. Basta un leitmotiv atractivo, un influencer adecuado y prende una llama que se multiplica como si un viento la inflamase. Así nacieron el propio 15M o el Brexit. De ideas aparentemente locas que se convirtieron en olas poderosas. Los triunfadores son los que saben cabalgar estas oportunidades. Pablo Iglesias, por ejemplo, que bajó de la universidad a las plazas. O Albert Rivera, que supo detectar en Cataluña el ansia de cambio de una sociedad trabajadora harta de la dominación de la burguesía nacionalista. Que luego las cosas duren o no, ya depende de un talento superior.

Yolanda Díaz empieza a aunar la simpatía de muchos. Según el CIS, es la más valorada entre los políticos españoles. No hay nadie, ni a la izquierda ni la derecha, que le niegue inteligencia, prudencia, simpatía, formación y elegancia. En su partido ya ha conquistado las bases y la calle. Naturalmente, hay núcleos de poder que se le resisten, pero Enrique Santiago, el número dos de la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, dice a quien quiera oírle que «todos estamos con Yolanda Díaz en un proyecto más amplio». Añade que no habría mejor presidenta para España.

Toca ahora «testar» otros partidillos. Generar sinergias y simpatías. Íñigo Errejón, por ejemplo, ya se deja querer. Entre Díaz y el dirigente de Más País hay buena sintonía y, si hasta hace poco el fundador de Podemos hablaba de «un camino propio», ahora ya se ha puesto del lado de la vicepresidenta en su propósito de desmontar la reforma laboral. Ada Colau también se sube al carro. Y lo mismo Teresa Rodríguez, la dirigente de Adelante Andalucía expulsada de Unidas Podemos.

Con esta música de fondo, tiene hoy lugar en Valencia una cita de mujeres importantes. No es un acto convocado por Díaz, sino por Iniciativa (una de las patas de Compromís), pero emite una melodía acorde. Se juntan en el Teatro Olympia, bajo el título «Otras políticas», la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau; la líder de Mas Madrid, Mónica García, la vicepresidenta de la Comunidad Valenciana, Mónica Oltra, la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, y la política ceutí Fátima Hamed Hossain. No van dirigentes de Podemos e Ione Belarra –que no está invitada– resta importancia al encuentro, pero las protagonistas hablan de aunar esfuerzos a la izquierda del PSOE, tender puentes y hacer «una política menos fálica» Opinar, escuchar, actuar. Corren vientos de cambio y Yolanda quiere cabalgarlos.