Superación

La perrita licenciada en Historia

El ciudadrealeño Abel Beldad, de 62 años, y su perrita Desi consiguen terminar los estudios universitarios después de la ceguera que le sobrevino al primero

Abel Beldad Serrano
Abel Beldad SerranoLa Razón

«¡Me tuve que quedar ciego para pisar la universidad!», asegura Abel Beldad Serrano, sesenta y dos años, ciudadrealeño e invidente desde 2016. Su historia es verdaderamente fascinante, si no fuera por lo dura que ha sido en ocasiones. «Me llegué a quedar solo en casa, sin hacer nada, al borde de la depresión… Necesitaba hacer algo y ese algo fue ir a la Universidad».

Hasta entonces Abel había sido propietario del bar Los Arcos, situado en la céntrica calle Mata de Ciudad Real. Pero pasados los cincuenta años, llegaron los problemas de visión y cada vez le era más difícil atender el negocio. «Tenía que decirles a mi mujer o a mis hijas que cobraran, porque yo no veía el cambio». De esta forma, Abel paró, traspasó el local y lo alquiló.

«Lo pasé muy mal, tuve también un infarto y yo debía hacer algo con mi vida, así que me apunté a la Escuela de Adultos para después llegar al Acceso a la Universidad…Me gustaba desde siempre la Historia y me matriculé en la Facultad de Letras de Ciudad Real».

Pero, claro, los problemas venían solos porque Abel ya no podía ver y era cada vez más dependiente. En ese momento apareció Desi, su perrita inseparable desde hace más de seis años. «Me diagnosticaron una neuropatía degenerativa irreversible y comencé a ver niebla hasta que ya no pude ver más». Entonces se afilió a la ONCE, aprendió el Braille y descubrió a Desi.

Tuvo que ir a Boadilla del Monte a por ella y pasar una temporada aprendiendo cómo educar y dejarse llevar por un perro guía. Desde entonces ha sido su ser inseparable, su sombra, su faro. «Come conmigo, duerme conmigo, a todas horas está conmigo… Mi mujer la quiere con locura y mis hijas también».

Fue entonces cuando se planteó el problema de ir a las clases de la universidad. Abel necesitaba a Desi para llegar a la Facultad y permanecer en ella. «No hubo ningún problema, nadie dijo nada… Al revés, vieron lo buena que era y todos querían estar con ella… Es buenísima, le das una chuchería, se sienta, se duerme y no da un ruido… Bueno, sí, a veces ronca demasiado fuerte y hay que despertarla para que se pueda escuchar en clase», sonríe Abel.

La cuestión es que, a punto de acabar el grado y con alguna asignatura aún pendiente, llegó el momento de la orla. «Y entonces todos mis compañeros y hasta los profesores dijeron que Desi tenía que aparecer, porque había sido como una más. Y no me lo pensé dos veces. Ahí aparece a mi lado y junto al resto de compañeros y profesores». Licenciada Desi, una universitaria más junto a su dueño.

Ahora Abel quiere proseguir sus estudios con un doctorado. «Me gustaría hacer mi tesis doctoral sobre el maquis tras la Guerra Civil». Y tiene todo el ánimo del mundo para continuar, siempre al lado de Desi. «Los compañeros no paran de hacerle carantoñas… Es una perrita de seis años que se deja querer por todos los que están a su lado».

La historia de Abel es desde luego un caso de superación asombroso. «Hay que pedir ayuda, uno no puede quedarse en casa solo y esperando a que se arreglen los problemas. Está la ONCE, que hace una labor increíble, y luego están las instituciones. Tú solo no puedes… Y, por supuesto, está la familia, mi mujer y mis hijas sin las que esto tampoco hubiera sido posible».

Por ello, Abel pide a las personas que puedan pasar por un trace tan tremendo como es la pérdida de visión que insistan con fuerza, voluntad y tesón en buscar sus objetivos y nuevas metas en la vida. «La vida sigue, continúa y ofrece otras posibilidades que hasta el momento no se habían planteado… Lo que te digo, si no me quedo ciego, seguiría en el bar y no hubiera ido a la universidad». La orla ha dado la vuelta al mundo académico y se ha vuelto viral en redes. Desi se ha convertido en la licenciada más peculiar de la Historia. La forma más emocionante, sin duda, de entrar en ella.