Yolanda Díaz endurece su perfil de cara a su proyecto de escucha: de la estrategia de evitar el ruido en Moncloa a confrontar

Deja atrás la era que impuso de abandonar el ruido ante la puesta de largo de «Sumar»

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, interviene en la inauguración del primer encuentro estatal LGTBI, en el Madrid Marriott Auditorium Hotel & Conference Center
La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, interviene en la inauguración del primer encuentro estatal LGTBI, en el Madrid Marriott Auditorium Hotel & Conference Center FOTO: Marta Fernández Jara Europa Press

Cambio de estrategia. De evitar el «ruido» y minimizar las discrepancias en el Gobierno de coalición a publicitar los choques. Todo a tres días de que la vicepresidenta segunda del Gobierno estrene su proyecto de escucha en Madrid.

Yolanda Díaz asumió el liderazgo de Unidas Podemos en abril de 2021 –tras la salida de Pablo Iglesias de Moncloa– revolucionando las formas y la manera de comunicar a la que estaban acostumbrados en Unidas Podemos. En una primera toma de contacto con su grupo parlamentario pidió, de hecho, que dejasen atrás la «política del ruido». En una reunión interparlamentaria se dirigió a sus diputados asegurando que «no somos gente de ruido» y recomendó alejarse de la «política de Twitter». Unos deberes a los morados con los que venía a poner fin a la estrategia de comunicación que se seguía hasta entonces en Moncloa.

Los de Pablo Iglesias apostaban por usar los medios de comunicación para visibilizar los choques con el PSOE. En Podemos pensaban que era una herramienta útil para desencallar después las negociaciones. Presionar públicamente para después, cuando en el Gobierno llegaban a un acuerdo, poder vender públicamente los logros.

Durante su estancia en Moncloa, la también ministra de Trabajo se ha caracterizado por mantener una posición discreta en cuanto a las negociaciones arduas tanto en las que eran de su competencia –con los sindicatos para trabajar por la subida del Salario Mínimo o por la aprobación de la Reforma Laboral, entre otras– como cuando afloraban discrepancias en el seno de la coalición. La vicepresidenta ha apostado hasta ahora por evitar publicitar las diferencias con el PSOE o, incluso, a minimizarlas. Ello ha generado en ocasiones malestar con Unidas Podemos. Desde el grupo parlamentario pedían a la vicepresidenta un liderazgo más claro y que reivindicara de manera nítida las reclamaciones de los morados y no dudara de confrontar con el PSOE. De hecho, ante algunas de las peticiones de los morados, que invadían el ámbito competencial del PSOE, la vicepresidenta reclamaba respetar la actuación del Gobierno. Ocurrió así cuando el Ejecutivo decidió enviar armas a Ucrania y los morados se posicionaron en contra.

Ahora, la vicepresidenta vira de estrategia por la pugna por Defensa y pasa de tratar de resolver en privado las divergencias con su socio a darlas pábulo en los medios, como en su día hiciera el ex vicepresidente Pablo Iglesias. El momento en el que Díaz decide pasar a la confrontación con los socialistas no es baladí. A tres días de la puesta de largo de su proceso de escucha en Madrid, donde necesita diferenciarse del PSOE, pero a la vez identificarse con la mayoría de la sociedad –que según los morados rechazan el armamento militar–. La vicepresidenta buscará el apoyo social durante seis meses para decidir si se presenta o no como candidata a presidenta del Gobierno en las próximas elecciones generales. Y en este camino, cada batalla en el Ejecutivo es importante, en un momento en el que las encuestas y las urnas constatan la desmovilización de la izquierda.