La coalición: la que se avecina

La izquierda está desmovilizada porque en lugar de ver a sus referentes cerrando filas y remando para superar el temporal que se avecina

Foto de familia de todos los ministros en la escalinata del Palacio de la Moncloa, a donde han llegado para participar en el primer Consejo de Ministros tras la remodelación del Gobierno, a 13 de julio de 2021
Foto de familia de todos los ministros en la escalinata del Palacio de la Moncloa, a donde han llegado para participar en el primer Consejo de Ministros tras la remodelación del Gobierno, a 13 de julio de 2021 FOTO: Eduardo Parra Europa Press

El inicio de curso político se espera envenenado. Una especie de plaga bíblica se cierne sobre España sí, pero también en toda Europa. Tras la pandemia, la sequía, y por ende una ola de incendios endemoniados por todo el continente, la guerra de Ucrania que ha roto los estándares de la geopolítica y acecha con una crisis energética sin precedentes que dejará a muchos sectores –agrícola, ganadero e industrial– al borde de la inanición por unos precios disparados casi sin remedio. Todos los países ensayan recortes que todos sabemos que irán a peor. Europa renunció a la energía nuclear y al carbón en aras de la sostenibilidad que ha caído como un castillo de naipes ante las primeras andanadas de Putin. Nos pusimos estupendos y ahora nos hemos caído del guindo. La historia de estos años ha sido la historia de un fracaso colectivo. Ni siquiera Alemania, siempre miramos a Alemania, sabía lo que hacía. Ahora la crisis energética puede dejar varado al motor de Europa y si los alemanes se constipan la gripe la pillaremos todos. De ahí, el necesario ahorro energético. Alemania no puede parar. Si para el resto de Europa, y sobre todo España, saldrá malparada y nuestras importaciones y, de manera exponencial, nuestras exportaciones pagarán las consecuencias.

Con este panorama, el Gobierno volverá de sus cortas vacaciones para coger el toro por los cuernos y el presidente sabe que con los activos actuales el toro nos cornea. Por eso, en la recámara, Pedro Sánchez baraja una crisis de gobierno, que como toda crisis que se precie se niega. Se equivoca el presidente cuando dice que esta supuesta crisis es intoxicación de los medios. Sepa presidente que si los medios la publicamos es porque los nervios están alterados en Ferraz y Moncloa y, hoy por hoy, muchos ministros dan por hecho que algo pasará y muchas fuentes, socialistas of course, hablan por los codos con la intención de que el previsible tsunami no les afecte y que otros sean los señalados por su dedo ejecutor. Hace un año también dijo que no estaba en sus planes, en diez días se produjo un terremoto y en un año se constató el fracaso de aquellos cambios que no han servido para nada. Aquellas promesas que llegaron entre gran boato han salido ranas. Ahora ha utilizado el mismo concepto: «No entra en mis planes». No me dirán que no es para temblar.

En pocos días saldremos de dudas. Seguramente El País nos informará adecuadamente porque se ha convertido en un alternativo Boletín Oficial. El resto de los medios debemos ser parte de ese grupo de intoxicadores que queremos que todos los males caigan como una losa sobre el Ejecutivo.

Haga que lo haga el presidente, gestionar la plaga bíblica no será fácil porque no hay recetas infalibles y las variables de la guerra y de la energía no son controlables ni por los gobiernos europeos ni por la propia Comisión. Además, Pedro Sánchez se enfrenta a otro sudoku. Sabe que a un año de las elecciones Yolanda Díaz debe consolidar su espacio. Cuestión compleja porque las municipales y autonómicas lo pondrán en tensión. De hecho, si hay crisis de Gobierno, Díaz debe decir la suya porque un movimiento de estas características es clave para calibrar el estado de salud de Podemos que se resiste a ser un convidado de piedra en el proyecto de la vicepresidenta.

La izquierda está desmovilizada porque en lugar de ver a sus referentes cerrando filas y remando para superar el temporal que se avecina, los ve desgastándose en cuitas como la Monarquía, el gasto de Defensa, los secretos oficiales y un sinfín de desaguisados que provocan ruido y te alejan del objetivo. Podemos está herido, pero no muerto, y no asistirá impasible a su entierro lo que augura tensiones en un ejecutivo que tiene de todo menos tiempo. Como intoxicador, según la palabrería presidencial, aconsejo un cambio de Gobierno. Como persona de izquierdas, también. Como ciudadano le deseo suerte al Gobierno, porque la necesitamos para adentrarnos en la oscuridad del otoño-invierno del 2023 y salir vivos del intento. Y otro consejo, aléjense del ruido y concéntrense en lo que importa. No es tan difícil.