PP: “Antes de girar hay que poner el intermitente”

El partido cree que Casado todavía está a tiempo de aguantar en las autonómicas

El líder del PP, Pablo Casado y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en un acto en el municipio coruñés de O Pino  / Foto: Efe
El líder del PP, Pablo Casado y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, en un acto en el municipio coruñés de O Pino / Foto: Efe

El partido cree que Casado todavía está a tiempo de aguantar en las autonómicas

La resaca postelectoral ha terminado de hacer que el PP se pierda en el desconcierto. El resultado del domingo no entraba en ninguna previsión, a pesar de que las encuestas habían apuntado hacia esa tendencia. «Nadie pensaba que podíamos quedar por debajo de los 80 escaños en el peor de los casos. Y eso, en el peor de los casos», comentan desde la organización regional madrileña. Los datos los manejaba el equipo de Javier Maroto, y en el fin de semana electoral los pronósticos eran ya malos. Aun así, la jornada electoral fue una tragedia en Génova. Por la tarde, el despacho de Pablo Casado en la séptima planta de la sede nacional fue un ir y venir de gente entrando y saliendo. Entre la desolación generalizada, Casado «asumió la responsabilidad» y cuentan que «se preocupó de hablar con la gente para intentar sostener los ánimos». Imposible, cuando algunos de los más cercanos constataban que se quedaban fuera del Congreso. Esa misma noche habló con el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, y entre los dirigentes con los que conversó en las primeras horas también estuvo el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Casado creía que iban a sumar con Ciudadanos y con Vox, y esta convicción fue la que condicionó toda su estrategia de campaña, reflexionan ahora en su entorno. «Era uno de los más optimistas sobre el resultado y por eso uno de sus ejes estratégicos giró sobre la idea de cuidar a sus potenciales socios para facilitar en el futuro un acuerdo de gobierno», justifica uno de sus asesores.

El líder popular se ha sostenido en estos nueve meses que lleva al frente de su partido en un equipo muy reducido de confianza. En el que algunas incorporaciones a su gabinete y en la asesoría fueron cogiendo fuerza y compitiendo con el criterio de otros cargos orgánicos muy cercanos al presidente nacional. El pulso entre la línea dura y la línea moderada también marcó el diseño de la estrategia electoral. El resultado del domingo dejó completamente descolocado al PP, pero algunos de los movimientos postelectorales que se han producido después han agravado la crisis interna. Los «barones» piden una posición clara de la dirección nacional, sin extremismos, y que marque un terreno propio «sin que las referencias sean continuamente Vox o Ciudadanos». En Génova contestan que la situación no deja apenas margen para convertir esa teoría en práctica. Pero la descalificación de Vox como partido de «ultraderecha» no ha sido el golpe más acertado para frenar la sensación de descontrol. Al contrario. «Antes de girar hay que poner el intermitente. No se pueden hacer giros de 180 grados sin un paso intermedio porque arriesgas tu credibilidad», sostiene un candidato autonómico.

Casado se ha multiplicado en esta semana para contener el coste sobre su liderazgo de los malos resultados electorales. Ya lo hizo en campaña. La misma hiperactividad, y una dedicación absoluta al cargo. Pero en el partido creen que lo que necesitan es «frenar» y reflexionar sobre la estrategia de futuro «sin dar bandazos que afecten a la credibilidad». Hay candidatos municipales que están preocupados porque el ataque a Vox llegue justo en un momento en el que ellos pueden necesitar pactar con el partido de Santiago Abascal, y esta tensión previa a las elecciones puede dificultar su margen para llegar a acuerdos. Contando además con que la confianza en el acuerdo con Ciudadanos es nula. También temen que el giro tan brusco dañe sus expectativas electorales. Génova ha comprobado en las generales que por el camino conciliador y de tender la mano a Vox no recuperan votos, y el cambio es por «supervivencia» del partido y del propio equipo político.

Al PP también le ha desorientado la gestión por parte de la dirección nacional del acto institucional con motivo de la fiesta de la Comunidad de Madrid. A nivel territorial en el partido se cruzan las llamadas y las preguntas sobre el futuro. El mensaje de Génova que responsabiliza a Mariano Rajoy del desastre del domingo lo comparte una parte del partido. Pero otra, no. Y no porque en estos momentos haya una identificación con el «marianismo», sino porque «ese mensaje pierde fuerza al haber sido tan malo el resultado del domingo». «No podemos responsabilizar a Rajoy de este desastre cuando él logró 137 diputados en sus últimas elecciones y ahora nos hemos quedado en 66».

El partido mira hacia Génova esperando respuestas. Pero la precipitación y la hiperactividad no ayudan a tranquilizar los ánimos. Síntoma de la situación interna es el hecho de que la dirección nacional ha empezado a enviar a sus organizaciones territoriales la cartelería con la imagen de Casado para las elecciones de mayo. Pero hay candidatos que están haciendo llegar sus recelos a la dirección autonómica porque entienden que estratégicamente les beneficiaría más centrar la campaña sólo en su imagen y no mezclarla con la del resultado electoral del pasado domingo.

Internamente se reconoce que Casado todavía está a tiempo de remontar y de aguantar el examen de las autonómicas y municipales. Para ello necesita no perder poder territorial, sobre todo la Comunidad de Madrid. La cuenta de que con más votos en las municipales y europeas la actual dirección salvaría la cara no sale fuera de Génova. La medición se hará en función del poder territorial que mantiene el PP después del 26 de mayo. «Aún estamos a tiempo de conseguirlo. Pero hace falta un criterio claro. Actuar de manera más reposada y evitar colocarnos a la altura de Garrido (ex presidente de la Comunidad de Madrid) o de Esperanza Aguirre», señala un dirigente autonómico para referir cómo se ha visto desde fuera de Madrid la presencia de Casado en la sede de la Puerta del Sol el pasado día 2 de mayo.

Los toques de atención de Feijóo han tenido la fuerza de un huracán de puertas hacia adentro. Y la visita de ayer del presidente del PP a La Coruña tiene una lectura interna distinta de la que se hace fuera. El objetivo de Génova era dar imagen de unidad. Pero la interpretación que hacen en el PP es que el hecho de que Casado vaya a visitar al «barón» gallego, después de la crítica que horas antes le había hecho, no refuerza la autoridad del «número uno» sino que traslada el mensaje de que quien manda dentro del partido es Feijóo. Otra cosa es que hubiera sido Feijóo el que hubiera acudido a Génova. Los gestos son muy importantes en tiempos de inestabilidad.

Desde Génova piden tranquilidad. Esta semana ha sido «muy complicada» y en el entorno del líder nacional admiten que han entendido el mensaje del domingo. La gestión de los resultados ha generado tensión incluso con algunos de los colaboradores más estrechos de Casado. Con Maroto o con el propio secretario general, Teodoro García Egea. «Casado tiene que pararse a pensar. Tiene que escuchar a otra gente y debe gestionar las elecciones de mayo sin forzar las cosas, porque eso sólo generará nuevos problemas». Esto es lo que escucha dentro de la organización popular a una semana de que arranque la campaña autonómica y municipal.