Política

CDC: «La investidura es un calvario»

Toni BOLAÑO- Barcelona

Artur Mas convocó elecciones de forma anticipada después de conseguir que Esquerra Republicana aceptara, de mala gana, la candidatura conjunta del soberanismo. Esperaba un gran triunfo que le allanara el camino, pero Junts pel Sí no ganó con la fuerza suficiente. Ahora está pagando las consecuencias pero, a diferencia de 2012, al nacionalismo «de toda la vida» no le queda ni candidato, ni partido, ni ilusión. En CDC están desesperados y se consideran fracasados.

Esta semana Mas ha gastado sus últimos cartuchos. Se arrodilló ante la CUP haciendo un discurso antisistema sin nada a cambio. Ayer, Antonio Baños lo dejó claro: Mas no es el candidato de la CUP. Su candidato es Raül Romeva, el número uno de Junts pel Sí. Mañana jueves, la historia se volverá a repetir y Mas se quedara compuesto y sin novia. A partir de ese momento, el Parlament no convocará una nueva sesión de investidura hasta pasadas las elecciones generales. Después del 20-D, Mas espera o el apoyo de la CUP o reconducir la situación.

En CDC todos hablan. En voz baja, pero hablan. Nadie sabe lo que va a pasar porque «Mas es un hombre hermético y está cerrado en sí mismo», y «ya no se fía de nadie». La sensación de derrota se extiende como una balsa de aceite y para muestra un botón: «Jamás se habían filtrado reuniones secretas, encuentros con Pujol y lo que se habla en el Consell de Govern», apuntan dirigentes nacionalistas que explican estas filtraciones por la sensación de «final de etapa».

Las conversaciones con la CUP y sus exigencias son calificadas como «un calvario que no ha hecho más que empezar». Muchos consideran un «grave error» pactar la resolución independentista sin tener gobierno. «Es como comprarte un coche fantástico que no puedes conducir porque no tienes carnet», apuntan en el partido de Mas. Otros, también muchos, no aceptan la imposición de Romeva como el sustituto. Se parte de la base que si Mas retira su candidatura, el nuevo candidato debe ser convergente. Tampoco tienen en cartera los nacionalistas demasiados nombres. Neus Munté, la vicepresidenta del Govern, es la que tiene más números pero ella misma confiesa a su entorno que esta responsabilidad «me viene grande».

Como a perro flaco todo son pulgas, las previsiones sobre las generales son más bien negativas. CDC vuelve a camuflarse bajo «Democracia i Llibertat» y su candidato, Francesc Homs, no augura un buen resultado. Si el 20-D, ERC consigue el sorpasso «los días de Mas están contados». En este punto, Mas tendrá menos posibilidades de ser presidente y los convergentes podrían acelerar su refundación. Algunos hablan de «congreso forense», certificando la defunción de CDC. Mas todavía sería el candidato pero ya en retirada con el respaldo de un nuevo líder para el gobierno y para el partido. Este nuevo proyecto sería «un partido independentista, que gobierna, pero abierto a otras fórmulas tras el fracaso de la independencia exprés como la reforma constitucional o un referéndum pactado, siguiendo el modelo de Escocia», afirman fuentes soberanistas que añaden «así se podrían buscar nuevas alianzas y una nueva geometría variable que evitara la tenaza de la CUP».

Mientras, Oriol Junqueras, mantiene silencio y espera su momento, aunque en CDC lo miran con desconfianza.