El votante del PSOE pide abstención

Un 65,4% está a favor de permitir la investidura de Rajoy y acabar así con siete meses con un gobierno en funciones. Los de Sánchez siguen aferrados a clichés ideológicos del pasado.

Sánchez posa para la foto del Congreso la semana pasada al ir a recoger su acta de diputado
Sánchez posa para la foto del Congreso la semana pasada al ir a recoger su acta de diputado

Un 65,4% está a favor de permitir la investidura de Rajoy y acabar así con siete meses con un gobierno en funciones. Los de Sánchez siguen aferrados a clichés ideológicos del pasado.

A pesar de cosechar, por dos veces consecutivas, el peor resultado electoral de su historia, el Partido Socialista sigue ocupando un sector estratégico del espectro político y, como ya sucedió durante la legislatura fallida, su negativa a facilitar la formación de gobierno es el principal escollo que se cruza en el camino de Rajoy para continuar en La Moncloa. En la encuesta de NC Report para LA RAZÓN del pasado 18 de julio conocíamos que el 62,9% de los españoles pedía al PSOE que se abstuviera en la investidura de Mariano Rajoy para no entorpecer la formación de un gobierno. Sin embargo, el dato que debería llamar la atención de Pedro Sánchez y hacerle reflexionar sobre la conveniencia de mantener sus posturas maximalistas es que el 65,4% de los votantes del PSOE está a favor de permitir la investidura del actual presidente en funciones y terminar con un periodo con un gobierno en funciones que ya dura siete meses en un momento crucial para nuestra recuperación económica.

El PSOE no sucumbió el pasado 26-J ante el nuevo populismo. Aunque con limitados y tardíos ataques logró dañar a Podemos. El único partido que puede descargar su artillería con éxito contra Unidos Podemos es el PSOE, ya que la mayoría de los votantes de UP lo fueron hasta 2008 o 2011 del Partido Socialista. Mientras que las incursiones del PP sólo logran cerrar más las filas de los votantes de Podemos. Sin embargo, a fecha de hoy el PSOE está muy lejos de erigirse en alternativa nacional al Partido Popular.

Los socialistas tienen pendiente una titánica labor en su próximo congreso federal, emprender una profunda reorganización interna que pasa inevitablemente por una recentralización del partido y la redefinición ideológica que le permita volar el muro que levantó Zapatero a la derecha del PSOE y redefinir las políticas de alianzas en autonomías y municipios que no pasen por un entendimiento con los insolidarios nacionalistas que comprometen el mensaje socialista para toda España. Los adversarios naturales del PSOE deben ser los conservadores y los nacionalistas. El antagonismo con ambos será la base de su crecimiento electoral.

Además, los socialistas deben desprenderse de viejos fantasmas para poder competir sin lastres con los populares por la presidencia del Gobierno de la nación. Los socialistas siguen aferrados a clichés ideológicos del pasado que difícilmente preocupan a una sociedad española más inquieta por temas como el paro o la recuperación económica. Tras las experiencias electorales del 20-D y 26-J, los ciudadanos vuelven a poner en valor las mayorías amplias y la unidad interna de los partidos políticos. La división interna del Partido Socialista ha sido imposible de evitar con el modelo decimonónico federal que todavía persiste, que en algunas regiones se ha complicado con la comarcalización o con un estatus pseudoconfederal como es el caso de la sucursal catalana del PSOE. Incluso en algunas federaciones regionales del PSOE, el órgano ejecutivo no se califica como autonómico o regional, sino como nacional.

La Monarquía parlamentaria se ha consolidado con el relevo en la Jefatura del Estado, y ha enraizado en la sociedad con un apoyo popular que se aproxima al 80%, que prácticamente duplica al apoyo electoral que obtendría en el mejor de los casos un político en unas elecciones generales. Nuestra futura reina, es mujer, mientras que ninguna fémina ha dirigido jamás el gobierno de España y tampoco ninguno de los grandes partidos nacionales. Los laboristas británicos o los socialdemócratas belgas, holandeses, luxemburgueses, suecos, noruegos o daneses, asumen su monarquía parlamentaria. ¿Cuándo lo hará el PSOE sin complejos, superando su republicanismo de los años treinta del pasado siglo? Está tardando el PSOE en colgar la fotografía del Jefe del Estado y la bandera constitucional en sus sedes, desde la agrupación más pequeña en la más remota de las poblaciones de España, hasta el despacho del secretario general en Ferraz.

Los barómetros del CIS, así como otros estudios demoscópicos, son desoídos sistemáticamente por Ferraz. Su análisis haría que dejasen de ser asignaturas pendientes del socialismo español temas como el trasnochado anticlericalismo, ya que debería asumir que el 77% de la población española se considera católica, así como el 73% de los votantes del PSOE, y este reconocimiento no pone en riesgo la aconfesionalidad del Estado.

Siguiendo con el CIS, encontramos que un porcentaje superior al 90% de los votantes del PSOE, y del censo en general, se muestra contrario a la autodeterminación de las regiones de España. La estrategia de determinadas autonomías de alcanzar una pretendida independencia esconde el deseo de romper con la solidaridad interregional. La solidaridad para con las autonomías menos desarrolladas debe ser bandera del PSOE, que debe erigirse como paladín de la igualdad de los españoles en todo el territorio nacional. Hoy el PSOE comparte gobierno en autonomías y municipios con partidos nacionalistas, soberanistas o no, pero insolidarios todos. El PSOE que aspire a ganar al PP en las elecciones generales de 2020 debe aceptar como políticamente normal lo que la inmensa mayoría de los ciudadanos considera normal. Desmarcarse de esas trasnochadas trincheras ideológicas ayudará también a marcar distancias con la izquierda que representa Podemos.