Política

Mas a la CUP: sin investidura no hay proceso

Reivindica, sin éxito, su liderazgo en un proyecto en el que «no sobra nadie», insiste

El líder de ERC, Oriol Junqueras, observa a Artur Mas durante su intervención, ayer en el Parlamento catalán
El líder de ERC, Oriol Junqueras, observa a Artur Mas durante su intervención, ayer en el Parlamento catalán

Del Artur Mas que hace cinco años recuperaba la presidencia de la Generalitat de Cataluña para los convergentes apenas quedan los guiños marineros en sus discursos. Mas vestía ayer sobrio, triste, ya no lleva corbatas a cuadros que rompen con el monocorde azul de sus trajes. No aplaudió el discurso de la CUP en el pleno de la mañana que dio inicio al proceso de creación del Estado catalán independiente y dio cuatro palmadas con desgana cuando la presidenta del Parlament anunció que quedaba aprobada la declaración rupturista. Mas no rió ni sonrió por la mañana ni por la tarde, en la sesión de investidura que continuará hoy con la primera ronda de votaciones, donde la CUP se resiste a investir a un presidente que carga con la mochila de los recortes y la corrupción. Lo dejó bien claro la diputada anticapitalista, Anna Gabriel, en su intervención a favor de la resolución independentista: «El cambio pasa por dejar atrás la Cataluña subordinada, pero también la de los recortes y la corrupción».

La CUP llegó a anunciar este fin de semana que si CDC no mueve ficha, tras el primer debate de investidura propondrá un nombre de Junts pel Sí alternativo a Mas. Pero Mas no se dejó impresionar. En su discurso de investidura, reivindicó su liderazgo: «El reto que tenemos es gigantesco, no sobra nadie», y llamó a los de Antonio Baños a reconsiderar su voto porque él no va a dar un paso atrás. «Sin investidura no hay gobierno y el proceso quedará encallado», alertó.

Mas pidió a la CUP su apoyo, entre otras cosas porque «no se entendería de ninguna manera que, después de haber superado el 27-S y teniendo un parlamento plenamente operativo como el que tenemos, no haya un gobierno». «Un arranque de legislatura tan potente –se ha estrenado con una declaración de “desconexión” del Estado–, se merece un gobierno de altura», prosiguió. Y un gobierno de altura para Mas, es un gobierno con él al frente.

Para convencer a la CUP, además de utilizar barcos y maniobras marineras –«si no hay sintonía entre el timón y las velas, no hay navegación y puede pasar que la embarcación vuelque»–, se exculpó de los recortes y la corrupción.

Aseguró que «Cataluña no hubiera tenido recortes si hubiera tenido estado propio» y por enésima vez culpó al Gobierno de Mariano Rajoy de haberle empujado a quitar pagas a los funcionarios y ahogar al Estado de Bienestar. Y en vez de hablar de corrupción, habló de transparencia. Cero autocrítica y ni una palabra de los Pujol ni de los registros a CDC, algo que le recriminaron la CUP y el resto de la oposición.

De la hora y media en que estuvo hablando, al menos una hora la dedicó a desgranar las medidas para pasar de la autonomía hacia un Estado catalán más equitativo, con más ocupación y transparente, «una Dinamarca del sur». Pero ni el plan de choque social que prometió desplegar si es reelegido ni el compromiso de gobernar sólo 18 meses, tiempo necesario para construir el estado catalán hasta la convocatoria de unas elecciones constituyentes, en verano de 2017, sedujeron a la CUP, que no aplaudió su discurso.

Pese a proponer diálogo al Estado para «garantizar la seguridad jurídica del proceso», fue crítico con un Gobierno a quien acusó de ejercer una pseudodemocracia. Desdeñó terceras vías porque, después de cien años de intentos, siempre han fracasado.