Política

Génova nunca planteó una gestora y acusa a Aguirre de desleal

Rajoy, ayer en el Centro de Formación y Escuela Taller de la Cooperación Española en Antigua
Rajoy, ayer en el Centro de Formación y Escuela Taller de la Cooperación Española en Antigua

Rajoy recibió el viernes el mensaje de que la recién nombrada candidata a la alcaldía aceptaba dejar el control del PP de Madrid tras las elecciones.

El resultado de las conversaciones del viernes entre la secretaria general, María Dolores de Cospedal, y la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, sobre las candidaturas a la Comunidad y al Ayuntamiento hacía impensable que dos días después estallase una crisis de tales dimensiones que Génova se viese obligada a mediar emitiendo un comunicado «pactado» con Aguirre. El viernes el mensaje que recibió el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de Cospedal fue el de que Aguirre aceptaba la candidatura a la Alcaldía y que también aceptaba dejar paso en la presidencia regional del partido tras las elecciones de mayo en un congreso. Mientras se cerraba la negociación con Aguirre, por el camino se quedaba su «mano derecha», Ignacio González, el todavía hoy presidente de la Comunidad madrileña, después de que Rajoy decidiese minimizar los riesgos y evitar una campaña marcada por el ruido de la corrupción. «Una clave que no hay que perder de vista en todo el enredo», sostiene un alto cargo del Ejecutivo.

Pero sólo un día después de que Rajoy recibiese ese mensaje desde la Secretaría General del PP, estalla un incendio de alcance imprevisible en el que Aguirre amenaza ahora con irse si supuestamente le «montan una gestora». Génova afirma que este incendio lo ha instigado Aguirre porque «en el fondo lo único que ha buscado durante todo el tiempo, desde que se postuló como candidata, es plantearle problemas a Rajoy y dificultarle la gestión de unas complicadas elecciones».

En el partido creen que ha podido haber errores o mala gestión por parte de la Secretaría General, pero también «mala fe» por parte de la ya candidata. «Sólo ha necesitado 24 horas para salir a la palestra con filtraciones y con declaraciones para desestabilizar todo. Y en esto, como en todo, no está sola. Con ella están los de siempre», sostenía ayer por la tarde un miembro del Comité de Dirección del partido.

Aguirre irrumpió ayer en la escena pública con la amenaza de que no se presentará a los comicios, después de que lleva meses presionando para ser «cabeza de lista», si la dirección nacional pone una gestora en el PP de Madrid. Pero en las conversaciones privadas nunca se ha hablado con ella de crear una gestora. Ni en la negociación con Cospedal ni tampoco en la conversación que mantuvo con el presidente del Gobierno. Aguirre amagó con irse en base a informaciones que no se corresponden con lo que ella ha hablado con la dirección de su partido. Y en vez de aclarar lo pactado, lo que hizo fue echar leña al fuego sobre escenarios no manejados en su diálogo con Génova.

Ahora bien, con Cospedal sí habló del futuro en la Presidencia regional después de las elecciones. Y aquí las versiones son contradictorias. A través de un comunicado, la dirección nacional certificó que en la negociación de su candidatura ella había acordado que si era alcaldesa de Madrid, querría dedicarse en exclusiva al Ayuntamiento, y dejaría la Presidencia del PP regional. Sin embargo, en la Cope, a primera hora de una mañana calentada por informaciones de Prensa, Aguirre negó categóricamente que hubiese aceptado dejar el control del aparato del partido en Madrid.

Sea como sea, al margen del reparto de responsabilidades en esta crisis, lo cierto es que Rajoy se encuentra con un grave problema que daña al partido en uno de los «feudos» claves en el poder del PP, y que esto ocurre cuando ya se enfrenta a un escenario bastante complicado, según las encuestas. La situación perjudica también la imagen general de su organización política e interfiere en la campaña andaluza. Precisamente con sus formas, y en su estilo de aguantar hasta la extenuación los tiempos, Rajoy resolvió la designación de las candidaturas en Madrid optando por el camino que preveía que le iba a minimizar el riesgo de que Aguirre le «sublevase» a la organización regional. «No es la primera vez que Génova no mide bien hasta dónde puede llegar Aguirre y su capacidad política», puntualizaba ayer un veterano diputado popular asombrado con el ruido de las últimas horas. En las filas populares se ha pasado del desconcierto de la semana pasada al malestar y al enfado respecto a lo que está ocurriendo en la organización madrileña por su repercusión a nivel nacional.

La desconfianza de Rajoy y de la dirección nacional hacia la lideresa madrileña viene de lejos, y ella no ha hecho sino alimentarla con insistencia. En Moncloa constan sus «actitudes desleales» hacia el presidente, puntualizan. Pero aun así, Rajoy optó por apoyar su candidatura para salvar, en principio, el enfrentamiento con el «aparato» regional, y también con la vista puesta en las encuestas. Pero hoy la situación es tal que hay quien dentro del partido ya no descarta incluso que Aguirre, al final, no sea la candidata y dicen que «seguirá buscando razones para hacer la situación insostenible una vez que ha caído Ignacio González». La candidata a la Comunidad será Cristina Cifuentes.

De momento, entre los efectos inmediatos cabe resaltar que la tensión llega a tal extremo que en la dirección nacional sostienen que «no pueden» dejar en manos de Aguirre la confección de las listas de Madrid. Si siempre hay un reparto de cuotas, y ya hubo pulso en las últimas elecciones, esta vez Génova quiere controlar aún más la confección de las candidaturas. «El PP no puede permitirse mantener un reino levantisco contra la dirección nacional en una plaza tan importante como Madrid», explican en la cúpula popular.