La CUP: pulgarcito es el árbitro

Derrocaron a Artur Mas, «el hereu» de los Pujol, para colocar a dedo como «Molt Honorable» a otro convergente manejable, Puigdemont.

Derrocaron a Artur Mas, «el hereu» de los Pujol, para colocar a dedo como «Molt Honorable» a otro convergente manejable, Puigdemont.

Escribía Winston Churchill que la Democracia representativa estaba preñada de falencias y trampas, pero que nadie había inventado algo mejor para conocer la voluntad de los pueblos. La CUP (Candidatura de Unidad Popular) es explícita en sus apellidos tomados de la Unidad Popular (UP) de Salvador Allende que alcanzó la presidencia de Chile con el 36,6 por ciento de los votos gracias a la desgraciada división de la hegemónica democracia cristiana, que concurrió en dos bloques a las elecciones.

Se puede admirar el voluntarismo del doctor Allende y denostar el bárbaro golpe del general Augusto Pinochet, pero la lección de aquellos sucesos es que una minoría parlamentaria puede creerse en el derecho de transformaciones sociales revolucionarias (el camino chileno al socialismo), pirueta antidemocrática incubada décadas después en el país venezolano y exportada con algún éxito al Mediterráneo. Las grietas democráticas denunciadas por el viejo león británico.

La CUP con poco más de 370.000 votos sobre un censo catalán de más de 5.000.000 millones con derecho a sufragio obtuvo en el año 2015 diez escaños en su parlamento autonómico convirtiéndose en el árbitro de esta pasión de catalanes (tras la descolonización el independentismo es sentimentalismo más romanticismo) gracias al desplome de los burgueses del 3 por ciento de Convergència y Unió, que tuvo hasta que cambiar vergonzantemente el nombre, y una Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) a la que tachan de posibilista como al vicepresidente Oriol Junqueras de moderado pactista. «No importa el significado de las palabras. Lo que importa es saber quien manda», ilustraba a Alicia el conejo blanco de «El País de las Maravillas».

Las mejores consignas de la CUP son «ahora empieza el mambo» y «tenemos prisa» con las que Pulgarcito se ha subido a la lona ejerciendo de árbitro. Derrocaron a Artur Mas el «hereu» de la familia Pujol, para colocar a dedo como « Molt Honorable» a otro convergente del porcentaje sobre la contratación pública como Carles Puigdemont, alcalde de Gerona, periodista del oficialismo catalanista, quien se enteró del dedazo comprando en el mercado. Puigdemont era apropiado para la CUP porque resultaba manejable como un funcionario sin oposición y carecía de otra ideología que la de la secesión catalana. El quinto «Beatles» como le gusta que le llamen por su pelambrera cortada en casco a la cazuela, le ha hecho el trabajo a la CUP aunque con arrancada de caballo y parada de burro.

La CUP es una galaxia que absorbe municipios como un agujero negro y fue una adelantada del rechazo a la transición, a la constitución del año 1978 y al régimen opresor que nació de ellas. Aspiran a una Cataluña independiente como metrópoli de Valencia, Baleares, una franja aragonesa y quizá, de un pueblo de Cerdeña de habla catalana. Los ideales países catalanes. Son ranciamente imperialistas, pero no lo saben.

Se nutren de asamblearismo, (Gamonal fue el pistoletazo de salida), los dramas hipotecarios, la burbuja financiera por finiquitar, el republicanismo como panacea, la ideología de género y un ecologismo de pozo freáico. Pretenden salirse de la Unión Europea (a la que cínicamente piden mediación), del euro, de la OTAN, de la globalización, de los mecanismos monetarios internacionales (proponen la nacionalización de las finanzas), del turismo de masas y, a caso, del Sistema Solar. Son el Big -Ban del rechazo a todo lo establecido, que precisará reformas pero no un holocausto. Denuncian falsas torturas a independentistas durante las Olimpiadas del 92, tal como estiman que los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils han de ser contemplados en su contexto. Pacifistas a conveniencia, ha de tomarse en serio la incipiente «kale Borroka» de su rama juvenil, «Arran».

Sus cabezas de huevo constituyen un interesante cajón desastre de los hijos de la burguesía catalana, bestiario de ufanos satisfechos e infalibles. Anna Gabriel –Derecho, educadora social– la que se huele las axilas en el Parlament es la política mejor valorada en Cataluña por sus ciudadanos y sugiere la crianza y educación de los niños en tribus o comunas. Es jefa del radicalismo radical. Mireia Boya –Ciencias Ambientales– rechaza el contacto con el Rey Felipe VI o con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ni para asustar a la muerte. Mireia vebí –socióloga– es de las que aspira a sustituir la lucha de clases por la de sexos, en lo que estamos.

El periodista David Fernández es quien le blandió su zapatilla en el Congreso de los Diputados a Rodrigo Rato y sirve ahora de asesor a Arnaldo Otegi. Eulàlia Reguant –matemática– es activista profesional y estima que «depende la expropiación de una segunda vivienda» lo que indignó a su correligionario Benet Salellas, defensor de tropelias y propietario de dos pisos, tres locales y seis fincas rústicas. Lo mejor de cada casa. Era más sugerente la «gauche divine» de aquel «bocaccio» barcelonés del pardo franquismo.