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La DUI blanca y verde

El arco político andaluz se lanza a por el rédito electoral del 40 aniversario del 4 de diciembre, también los que piden la independencia de los «países andaluces»

  • La DUI blanca y verde
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Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

04 de diciembre de 2017. 02:27h

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Lucas Haurie Sevilla. 4/12/2017

Como hace 40 años, el andalucismo se lanza a agitar la bandera de la construcción nacional. El contexto, aunque los tiempos hayan cambiado, lo ha impelido a sacar la blanca y verde de los baúles y a afinar el himno de Blas Infante. Con un acuerdo de financiación autonómica en marcha y una reforma constitucional en ciernes, hay andaluces que temen una España de varias velocidades: las que portan las nacionalidades y las demás. Ese sentimiento provocó la manifestación del 4 de diciembre de 1977 y ahora favorece la invocación de viejos eslóganes.

«Salimos a la calle para expresar que Andalucía existía como pueblo, que no nos resignábamos a ser la tierra más alegre de los hombres más tristes, ni la tierra más rica con los hombres más pobres, como se decía entonces», recuerda Isidoro Moreno, catedrático de Antropología Social en la Universidad de Sevilla, quien tiene claro el éxito que supuso, a raíz de aquella demostración en las calles, que Andalucía accediera a la autonomía por la misma vía constitucional que las regiones históricas.

«El 4-D fue un ejercicio de Andalucía por sí y para sí. No se pensaba en las demás regiones o en España, nos preocupaban nuestros problemas. Y por eso se reclamó el autogobierno, para poder solucionarlo», aclara Moreno, contradiciendo esa corriente que sitúa a Andalucía como el ariete del resto de los españoles dispuesto a protestar por todos los posibles privilegios. «Si no es para todos, no habrá café», viene a explicar un asesor de Susana Díaz, presidenta de la Junta. «El 4-D debe servir para mostrar que Andalucía no será más que nadie, pero tampoco menos que nadie, que seguirá siendo la comunidad que vertebra el Estado de las Autonomías».

No es ésa, sin embargo, la misión del andalucismo más atrevido, el propenso al mito y al cuento. Como en Cataluña, Andalucía también tiene una Asamblea Nacional Andaluza (ANA). Su plan soberanista, basado en supuestos argumentos históricos y culturales, prevé una república independiente que incluye parte de Murcia, Valencia y Badajoz, así como territorios como el Algarve y el Alentejo portugueses o el Rif marroquí. Son los «países andaluces» que configurarían un «Estado federal en sí mismo», explica Pedro Ignacio Altamirano, presidente de la ANA, cuya disposición desacomplejada consiste, nada menos, en «proclamar la independencia virtual de Andalucía».

En el actual contexto reconstituyente todos se apuntan a sacar tajada. Tras la implosión del andalucismo político, que obtuvo escaños en las Cortes Generales, son Podemos e IU los que con más empeño están cimbreando el sentimiento andalucista, con el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de José Manuel Sánchez Gordillo como vanguardia.

El totum revolutum andaluzse presenta culminado con el grito del SAT, sustituto meridional de las CUP de Cataluña o el Bildu de Euskadi. «La izquierda no ha estado a la altura en el tema catalán, una izquierda anticapitalista debe estar con su clase y con el momento histórico», explica Sánchez Gordillo. Todo vale cuando se trata de recrear eslóganes, de dotar de relatos y de acaudalar hegemonías. En Cádiz y en Málaga se ha aprobado el cambio del nombre de las calles de figuras asociadas al franquismo por el de «4 de diciembre» y el flete de autobuses para las manifestaciones son parte también del negocio. Toda revolución necesita nombrar sus hitos y el 4-D huele a fecha fundacional.

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