La Policía ha denunciado más de 1.800 agresiones en lo que va de año

Insultar, vejar, amenazar o coaccionar a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado durante una manifestación será considerado como una infracción administrativa «grave» y podrá ser sancionada con entre 1.001 euros y 30.000 euros de multa. Ésta es una de las principales novedades del Anteproyecto de Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana que Interior prevé llevar el viernes al Consejo de Ministros y que tiene en la protección de los policías frente a los ataques uno de sus pilares fundamentales.

Según datos de la Confederación Española de Policía (CEP), en lo que va de año se han registrado hasta 1.836 denuncias por agresiones a agentes, en toda España. Éste sindicato policial, sólo en 2012 llegó a denunciar varios miles de agresiones y sólo la Unidad de Intervención Provincial (UIP) de Madrid registró 150. El secretario general del CEP, Ignacio López destaca que los agentes han llegado a vivir al «límite de lo intolerable» en numerosas ocasiones. Una de ellas se registró cuando en los juzgados de Plaza de Castilla fueron objeto de coacciones al acudir a testificar por desórdenes públicos.

Desde las concentraciones del 15-M, las protestas contra la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) o el Asedio al Congreso, los agentes de Policía han sufrido la «estrategia» de coacción «auspiciada por partidos políticos», destaca el CEP.

Uno de los policías llegó a perder el 75 por ciento de la visión de un ojo cuando fue apaleado en el suelo por varios radicales que se concentraban ante las puertas del Congreso. También en Valencia, otro agente fue mordido en una pierna por otro manifestante.

Las agresiones verbales son numerosas. El 25-S, cuando los protestantes asediaron el Congreso, los policías que lo custodiaban fueron insultados y escupidos en reiteradas ocasiones. «Sois unos hijos de la gran puta. Me cago en toda vuestra puta madre. Muertos de hambre»; «torturadores, hijos de puta. Ayúdame, grabad esto» o «ahí están los ladrones, vamos a tomar el Congreso», son algunos de los insultos que les profirieron. Además, eran agredidos por el lanzamiento de piedras, pilas de gran tamaño, latas de bebida sin abrir y botellas de cristal. Los radicales que se encontraban más cerca de los agentes les dieron numerosas patadas y puñetazos y siguieron con sus agresiones verbales: «Hijos de puta, de aquí no me echáis, la calle es mía. No son más que pistoleros a sueldo. Vamos a matarles que son unos cerdos, si vamos a todos podemos».

Entre alguno de los objetos que han llegado a requisar los agentes en diversas protestas con el fin de agredirles se encuentran desde un palo de madera de unos 25 cm de largo y de unos 2 cm de grosor con la cabeza de un caballo de peluche en su extremo, un retrovisor de coche, una señal metálica de párking, trozos de adoquines y hasta una chirimoya.

En otra ocasión en la que los agentes sólo tenían orden de custodiar el Congreso y Sol, tuvieron que soportar cómo, unos manifestantes, a sabiendas de la impunidad de la que gozaban tras insultarles, «mearon en las botas y se desnudaron delante de ellos» sin que los agentes pudieran hacer nada. También el grabar a los policías y difundir los vídeos o distribuir datos personales constituirá una infracción «muy grave».

El secretario general del CEP, indica que la nueva ley establece un escenario jurídico de diferentes problemas que han aflorado los últimos años que debían ser abordados de una manera más efectiva, mediante una sanción administrativa algo que considera «más eficaz».

Asimismo, destaca el dato relevante de que tal es la amenaza que los sindicatos policiales habían llegado a pedir un compromiso, por parte de abogacía del estado, para que inicie actuaciones contra las denuncias falsas que se hacen contra los agentes.