Las falacias del discurso de Puigdemont

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pronunció ayer ante el Parlament un discurso cargado de mentiras con las que justificar esa declaración de independencia suspendida para un supuesto diálogo. Su intervención estuvo salpicada de inexactitudes o directamente falacias para acreditar una vez más el desafío al Estado.

–Una de sus afirmaciones hizo referencia a la jornada del 1-O. Según el president, «más de 2,2 millones de catalanes vencieron al miedo y cuando llegaron a su colegio encontraron urnas, sobres, papeletas, mesas constituidas y un censo viable y operativo». En realidad se trató de un referéndum lleno de irregularidades antes, durante (y después). La primera fue el intento de voto telemático, que fue desmantelado por la Guardia Civil, y posteriormente se vivió un proceso dantesco en el que se votó por duplicado y hasta en la calle, sin ningún control. Incluso una diputada de la CUP instaló en su propia casa una urna para que acudieran a depositar papeletas –fotocopiadas en casa– vecinos de Arán.

–«A pesar de haber seguido el ordenamiento constitucional, a pesar de tener detrás al 85% del censo a favor y haber celebrado un censo legal y acordado, la acción coordinada del Congreso y el Tribunal Constitucional convirtió la propuesta catalana en un texto que no se podía reconocer». El jefe de la misión de la OSCE en Kosovo y responsable del grupo de observadores internacionales que vigilaba el desarrollo del 1-O, Daan Everts, advirtió de «circunstancias inusuales» en la votación. La Generalitat implantó por sorpresa un censo universal para que 5,3 millones de catalanes pudieran votar en cualquier colegio, lo que dejó los datos de miles de votantes a manos de los «hackers».

–«La participación fue del 47% del censo». Se trata de un porcentaje inferior al de las elecciones autonómicas de 2015, donde se llegó al 75% del censo, e incluso menor que el 9-N de 2014, lo que en ningún modo justifica una declaración unilateral de independencia.

–«La decisión de algunas empresas de cambiar su sede social no tendrá efectos sobre nuestra economía. Es una decisión más de cara a los mercados que algo que tenga efecto sobre nuestra economía». Con la marcha de las 33 empresas –a fecha de ayer– que trasladan su domicilio social se pierden más de 100.000 millones de negocio, lo que supone el 50% del PIB catalán. Pero es que el mundo empresarial ha avisado del parón del consumo y el aplazamiento de inversiones.

—Carles Puigdemont se refirió también a la «violencia gratuita» por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Pues bien, la manipulación de las imágenes y la divulgación de vídeos de otros sucesos haciéndolos pasar por momentos de la fallida jornada electoral fueron la tónica ese día a través de las redes sociales. Bulos que ocultaron, como ayer Carles Puigdemont, los insultos, el acoso y el desprecio que sufrieron los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil desplazados por el Gobierno.

—«Europa ya se siente interpelada sobre los efectos de la situación de Cataluña». El president ha obviado la advertencia repetida hasta la saciedad por parte de representantes de la Comisión y del Parlamento Europeo de que si Cataluña se marcha de España por una declaración unilateral quedaría automáticamente fuera de la UE, tal y como se establece en el Tratado de la Unión (TUE), donde se proclama la integridad territorial de los Estado miembros.

—«Se han presentado querellas contra miembros de la mesa por permitir que este Parlamento pudiera debatir. La última oleada represiva ha provocado la detención de 16 altos cargos de la Generalitat que han tenido que declarar sin saber cuál era su situación». La Guardia Civil atribuyó un delito de sedición, además de los de malversación, prevaricación y desobediencia, a los detenidos por la operación ordenada por un juez de instrucción por los preparativos del referéndum 1-0, suspendido por el Tribunal Constitucional.