Política

No son 176, es el 155

La exigencia de Torra a Sánchez de que pida la libertad de los presos cierra la vía independentista.

La exigencia de Torra a Sánchez de que pida la libertad de los presos cierra la vía independentista.

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El independentismo se mostró el viernes moderadamente receptivo a la moción de censura presentada por el PSOE contra el Gobierno. Esquerra la interpretó como una oportunidad «para echar al partido más corrupto de Europa», mientras que el PDeCAT dijo estar dispuesto a «dialogar» con los socialistas. Un planteamiento que ha virado con el paso de las horas hasta el punto de que ayer mismo el presidente Quim Torra pidiera la libertad de los presos políticos a cambio. Un conjunto de exigencias inasumibles para el PSOE, que se queda «de facto» sin esta vía para llegar a la Moncloa. La aplicación del artículo 155 y el apoyo expreso de los socialistas a la intervención de la Generalitat hacen imposible llegar a la mayoría absoluta.

El soberanismo ha puesto precio a sus votos en una maniobra que se explica por la influencia de Junts per Catalunya en el complejo tablero político catalán. El círculo de Puigdemont –con Elsa Artadi, Eduard Pujol y el propio Quim Torra a la cabeza– rechazó desde el mismo viernes la posibilidad de apoyar la moción de censura de Sánchez contra Rajoy. «¿En qué saldría ganando Cataluña sustituyendo a un presidente del 155 por otro presidente del 155?», aseguró Pujol en los pasillos del Parlament, fijando la posición del grupo parlamentario.

Torra, al mismo tiempo, empezó a dibujar algunas de las condiciones que el independentismo debía poner encima de la mesa para secundar al PSOE: «Apoyo a los presos políticos» y un «programa republicano». «Si Pedro Sánchez quiere los votos de ERC para una moción de censura, que vaya a Estremera a pedirlos detrás de un cristal a su presidente», suscribió el diputado de Esquerra en el Congreso, Gabriel Rufián, en la misma línea del presidente de la Generalitat.

Un planteamiento que ha ido imponiéndose a lo largo del fin de semana y que ha hecho mella en el discurso del PDeCAT, imprescindible teniendo en cuenta que Junts per Catalunya no tiene representación en el Congreso. Su coordinadora general, Marta Pascal, aseguró el sábado ante los principales cuadros del partido que su apoyo a la moción de censura tiene «un precio muy alto» y recordó el apoyo de Sánchez a la aplicación del 155.

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Ayer, la posición de Quim Torra no dejó lugar a dudas y puso como «línea esencial» abordar la libertad de los presos independentistas, el retorno de los políticos en el extranjero y la no criminalización del derecho de autodeterminación de Cataluña. «¿Tiene alguna cosa a decir sobre el derecho a la autodeterminación? ¿Sobre los derechos civiles y políticos? Eso es lo que necesitamos escuchar», le preguntó el presidente catalán al PSOE. «Una vez lo sepamos, nosotros responderemos», concluyó.

El independentismo, además, pide a Sánchez que se retracte públicamente de las críticas a Torra, que admita que se equivocó en el alcance del artículo 155 y que pacte el nombramiento de consejeros presos y en Bruselas para formar gobierno y levantar la intervención del Estado sobre la Generalitat en pocas semanas.

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«155 por 155, ¿dónde está el cambio?», resumió ayer el portavoz de Junts per Catalunya, Eduard Pujol, confirmando que el soberanismo no dará su brazo a torcer si Sánchez no se compromete revertir sus efectos. También ha molestado mucho entre el círculo de Puigdemont las críticas recientes de Sánchez a Torra y no le perdonan haberle llamado «el Le Pen español».

Además del recelo que despierta Sánchez por su alianza con Rajoy y Rivera en el conflicto catalán y por sus opiniones contrarias al presidente de la Generalitat, el círculo de Puigdemont también tiene otro motivo para cerrar la puerta al PSOE: la continuidad de Rajoy en La Moncloa le permite mantener el pulso contra el Estado y seguir culpando al Gobierno de la «judicialización» del procés.

Si el camino nacionalista es imposible para el PSOE desde la vertiente catalana vistas sus condiciones, desde la óptica vasca también empieza a ponerse cuesta arriba. Ayer, el presidente de la ejecutiva del PNV, Andoni Ortuzar, propinó un severo golpe a los socialistas al asegurar que Pedro Sánchez, se ha «precipitado» con la moción de censura y la tendría que «haber cocinado más» Asimismo, afirmó que el PNV no quiere «elecciones ya» porque «sería un despropósito que le pondría a Ciudadanos la situación en bandeja y no arreglaría nada». La posición del PNV dependerá también de si el PSOE «acepta abordar un cambio en el modelo territorial del Estado, en la aceptación de los autogobiernos de Euskadi y Cataluña», si «sintoniza con la agenda vasca y la defensa de los intereses de Euskadi», y de las medidas de «regeneración democrática» que se quieran poner en marcha. A diferencia del independentismo, la razón de fondo de los nacionalistas vascos para evitar elecciones es su temor al rédito que Ciudadanos pueda sacar de esta crisis política a costa del PP.

Condiciones y circunstancias que hacen imposible pensar en un bloque de 177 diputados –PSOE más independentistas y nacionalistas– contra Rajoy.