Ecuador

Pablo Iglesias «plagió» las ideas y el nombre de un partido chavista

Cartel del partido Podemos venezolano
Cartel del partido Podemos venezolanolarazon

Por la Democracia Social es un partido venezolano. A simple vista, uno más de los tantos que integran el espectro político en el país suramericano. Pero su acrónimo sonará mucho más al español de a pie: Podemos. Un partido socialdemócrata, fundado en 2002, cuya orientación política ha variado en los últimos años y que ha podido servir de inspiración política al Podemos de Pablo Iglesias, que acabó consiguiendo 1,2 millones de votos y cinco eurodiputados al Parlamento. Crear un partido político en apenas seis meses de la nada se antoja poco menos que imposible. Las prisas no son buenas consejeras. Es algo que ya vivió la formación de Iglesias en precampaña, cuando tuvo que pedir perdón por plagiar un cartel electoral que «cogió prestado» de un festival de jazz. Y con este pequeño partido venezolano que ahora lidera Didalco Bolívar comparte nombre, lema, ideología y hasta propuestas concretas como la renta «igualitaria», el reconocimiento a una vivienda digna, el derecho al empleo, el control de los medios de comunicación o el establecimiento de la edad de jubilación obligatoria, que el venezolano quiere situar entre los 62 y 64 años y que el español rebaja a los 60 años.

En Venezuela es conocido por venderse al mejor postor hasta el punto de que sus diputados pasan de un lado a otro según les conviene, en un país donde la palabra política es sinónimo de corrupción. Fundado en 2002 y legalizado el 23 de abril de 2003, surgió de la escisión del Movimiento al Socialismo (MAS). Pero, sobre todo, Podemos saltó a la luz por ser una de las primeras voces críticas dentro del chavismo. Los resquemores con el ex presidente Chávez saltaron cuando el fallecido líder trató de unificar las fuerzas políticas oficialistas. La idea del fallecido líder bolivariano era crear un solo partido, el PSUV, a imagen y semejanza del Partido Comunista chino. Pero renunciar a su identidad como partido significaba tocar el bolsillo y mermar el poder de los miembros de Podemos. Y aquí comenzaron los problemas.

El secretario general de Podemos, Ismael García, anunció en un primer momento su apoyo al Gobierno bolivariano, pero no a todas las decisiones del presidente. Posteriormente, la distancia con el Gobierno de Chávez aumentó por la decisión presidencial de no renovar la licencia para transmitir a la cadena privada de televisión abierta RCTV. Pero el hecho que profundizó la fractura total de la relación entre Podemos y Hugo Chávez ocurrió cuando el partido declaró estar en contra de varios artículos del Proyecto de Reforma Constitucional impulsada por el jefe de Estado venezolano. Podemos se inscribió en opción del «no» ante el Consejo Nacional Electoral, la cual triunfó.

Vaivenes

Desde la ruptura con Chávez declaraban que se convertirían en una especie de «tercera vía» entre el chavismo y la oposición y en 2009 terminaron sumándose a la coalición opositora de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Pero todo eso se acabó en 2013, cuando volvieron al seno del chavismo. El presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, y de quien se dice que gobierna en la sombra, convenció a los líderes del partido para unirse a la causa del nuevo presidente, Nicolás Maduro, en tiempos de crisis. Probablemente nunca sabremos cuánto costó esta alianza.

Hasta el 25-M, Iglesias y sus colaboradores no escatimaban en elogios a las políticas de gobiernos como el de Venezuela, Ecuador o Bolivia. Ahora el discurso de Pablo Iglesias ha cambiado. Lo que toca es alabar el intervencionismo de Francia y el sistema educativo finlandés, consciente de que seguir las políticas de América Latina en políticas públicas como la redistribución de la renta, la recuperación de sectores claves y las nacionalizaciones masivas puede restar apoyos. Y votos.