Rajoy aguantará el boicot del Congreso: «Nadie quiere elecciones»

Pide calma al PP y diseña una estrategia para negociar con la oposición a tres bandas: partidos, ministerios y comunidades. Sólo propondrá reformas que cuenten con apoyos suficientes

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Palacio de La Moncloa, cuando presidió su primer Consejo de Ministros
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Palacio de La Moncloa, cuando presidió su primer Consejo de Ministros

Pide calma al PP y diseña una estrategia para negociar con la oposición a tres bandas: partidos, ministerios y comunidades. Sólo propondrá reformas que cuenten con apoyos suficientes

Los primeros escarceos parlamentarios en contra del PP y las votaciones perdidas en el Congreso no parece que estén poniendo nervioso al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. «Inmutable» y «tranquilo», como hasta ahora, es la descripción que hacen de él en su entorno de Moncloa. El jefe del Ejecutivo está bastante confiado en que el ruido político irá por un lado y la estabilidad por otro; en que en el Parlamento habrá mucha tensión, pero que esto no acabará traduciéndose en un obstáculo «radical» a la gobernabilidad. Sólo por una razón, el miedo de todas las partes a otras elecciones.

Rajoy tiene abiertas tres vías de negociación: a nivel de partidos, con el Parlamento como centro, sectoriales de los ministerios y territoriales. En el caso de la interlocución con el PSOE, funciona en dos planos, la gestora y el portavoz parlamentario, Antonio Hernando. Es «difícil», señalan desde el PP, pero no la dan por perdida pese a que la pasada semana los socialistas se desdijeran de su decisión de no vetar el nombre del ex ministro del Interior Jorge Fernández para la Presidencia de la Comisión de Exteriores. En el caso de Ciudadanos, las relaciones son más fluidas y funcionan sectorialmente, pero la confianza se ajusta al acuerdo de investidura. De aquí al próximo verano, todos los partidos irán buscando su sitio para recuperarse del desgaste del bloqueo político, pero en Moncloa confían en que no se forzará la máquina hasta hacer insostenible la gobernabilidad. «Por mucho jaleo que se monte en el Congreso», apostillan. Los sondeos que se publiquen cuando acabe el periodo de sesiones que se inicia en enero empezarán a ser leídos con más atención en los cuarteles generales de todos los partidos y sí pueden afectar a las estrategias. Pero pese a todo el PP cree que esta legislatura «será más larga de lo que dicen».

Rajoy cree que ajustarse al pacto de investidura que firmó con Albert Rivera es una de sus tablas de salvación. «A nosotros no se nos va a poder culpar de su incumplimiento. Y si hay reformas que no pueden salir adelante porque el PSOE no colabora, el desgaste será para otros, no para nosotros», comentan en la dirección popular. La sensación de calma dentro del PP contrasta notablemente, por tanto, con la tensión que se respira en el clima político. Aunque los primeros obstáculos estén ahí y no afecten sólo a los Presupuestos para el próximo año. A principios de año Rajoy tendrá que afrontar el pulso con Rivera por la constitución de la comisión de investigación sobre corrupción. La decisión de la dirección popular es no hablar de este incómodo asunto hasta que llegue el momento de resolverlo. Su posición sigue siendo la misma, saben que tienen imposible evitar que se ponga en marcha y la batalla la darán para conseguir que afecte a todos los casos de corrupción y no tenga sólo como objeto su financiación. Muy difícil también, pero, en cualquier caso, ahora no quieren hablar de este delicado tema porque Rajoy intenta eliminar interferencias en la negociación en marcha sobre los Presupuestos. «Cuando llegue ese puente, ya lo cruzaremos» es la consigna con la que despejan el balón.

Otro obstáculo es el que afecta a la estabilidad socialista. Rajoy va a moverse en una política de apoyos variables, donde a sus socios de investidura intentará sumar al PNV o al PSOE. Pero en este tablero oscilante la posición de Podemos puede convertirse en un importante elemento desestabilizador en función de la capacidad de resistencia de los socialistas. «Podemos necesita vivir en el conflicto, en la provocación. Y las instituciones, y especialmente el Parlamento, las van a utilizar para eso. Habrá que ver si el PSOE es capaz de tener criterio propio o se moverá dando bandazos», dicen en el PP.

En Moncloa anticipan que Rajoy no multiplicará una agenda legislativa «para que acabe en la frustración del muro parlamentario». Pero que sí está decidido a intentar sacar adelante las reformas que pactó con Ciudadanos. «Ésta es una legislatura de gestión. No vamos a intentar sacar adelante proyectos que sabemos que no tienen apoyos». El presidente del Gobierno no se fía mucho más de Rivera que del PSOE, ni tampoco va a dejar que el líder de Ciudadanos se arrogue la facultad de gobernar, que no le compete por el «limitado peso» que tiene en el Parlamento, puntualizan desde Génova. Buscar el equilibrio no será fácil, porque el PP todavía tiene que hacer ajustes para amoldarse a un escenario de minoría que no tiene nada que ver con la legislatura de su mayoría absoluta.

Santamaría vuelve a Cataluña y tanteará a todos los presidentes autonómicos

La vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, va a desplegar una intensa agenda territorial. Este lunes vuelve a Cataluña y luego se marcha a Palma de Mallorca. Poco a poco irá contactando con todos los dirigentes territoriales. Y en paralelo también negocia con los partidos. Rajoy ha conseguido crear un equipo entre el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y la vicepresidenta que puede funcionar bien porque no hay competencia exterior y sí un buen entendimiento de puertas adentro. Montoro mantiene el peso de la negociación de la financiación autonómica y de la Función Pública, aunque Sáenz de Santamaría actúe de interlocutora política y participe también en las reuniones del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF). «Aquí no hay que ponerse nerviosos. Eso es lo que nos ha dicho el presidente. Desde luego, él no lo está. Ninguno estamos en una situación ideal, pero es evidente que todos los demás están peor que nosotros. Tensar la cuerda en el Parlamento quizás desgaste más a otros que a nosotros, aunque hay que evitar equivocaciones, que ya hemos cometido alguna, y corregir disfunciones en la interlocución», admite un alto cargo del PP.