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¿Realmente no tenemos miedo?

«No tinc por!» es ya un lema contra el terrorismo. Pero «es una actitud social más que un sentimiento personal», apuntan los psicólogos

  • Manifestación contra los atentados yihadistas en Cataluña, en una protesta ciudadana que está encabezada por el rey Felipe VI, autoridades políticas, y por los profesionales que atendieron a las víctimas, que bajo el eslogan "No tinc por" (No tengo miedo) r
    Manifestación contra los atentados yihadistas en Cataluña, en una protesta ciudadana que está encabezada por el rey Felipe VI, autoridades políticas, y por los profesionales que atendieron a las víctimas, que bajo el eslogan "No tinc por" (No tengo miedo) r

Tiempo de lectura 4 min.

27 de agosto de 2017. 09:22h

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Belén V. Conquero Madrid. 27/8/2017

«Dormí y me desperté con la expectativa de que nada malo podría volver a pasar. Soy una ilusa, lo sé». Es la reflexión de Nadine, una joven argentina que presenció el atropello de las Rambla desde el balcón de su casa. «No sé si volver o no a caminar por esta ciudad como si nada», se pregunta, pero añade otra apreciación: «El terrorismo como mejor se combate es viajando, volviendo a la normalidad», explica. Y ese paso al frente, ese regreso a las rutinas diarias es lo que reclamaban las decenas de nacionalidades que se congregaron en la Rambla, horas después del acto terrorsita. Ayer, el lema «No tinc por» (No tenemos miedo, en catalán) volvió a escucharse en la manifestación celebraba en Barcelona. Pero, ¿es real?

Lo cierto es que forma parte de una actitud de autodefensa del ser humano. «Si me lo digo a mí mismo es más fácil afrontar la situación. Así me lo creo. Y más si en ese pensamiento me acompaña toda una sociedad. Te sientes apoyado, más valiente», explica Mónica Pereira, experta en victimología.

Las situaciones que siembran el terror en sociedades como la nuestra, «nos generan indefensión y tenemos que buscar estrategias de afrontamiento como ésta», añade. A eso se suma que, «en sociedades mediterráneas, resulta muy fácil apoyarnos porque somos muy abiertos, altruístas. Sólo hay que echar un vistazo a las donaciones. Sentir al otro ayuda en el duelo».

Pero, como indica la psicóloga sanitaria y forense, Timanfaya Hernández, «es cierto que muchos salieron a la calle ese día para reflejar que siguen adelante, para normalizar una situación, pero no debemos olvidar que todos estos hechos también tienen un punto morboso, de curiosidad, que ocurre siempre». Hernández vivía muy cerca del tren cuando ocurrieron los atentados del 11-M y no olvida cómo «horas después del atentado decenas de personas se acercaban a la calle Téllez para ver cómo habían quedado los vagones».

Recuperando la idea del miedo, Hernández insiste en que «se trata más de una actitud social que de un sentimiento personal. Seguramente, si hoy un vecino de las Ramblas escucha un ruido extraño cuando se cruza con un coche, saldrá corriendo rápidamente, aunque sea un sonido de lo más cotidiano». Ya ocurrió en la sala Bataclan de París, meses después del atentado yihadista, cuando se produjo una estampida tras la rotura de unos casquetes. Los asistentes pensaban que eran tiros. Y es que cualquier olor, sonido, imagen... puede hacer que la víctima regrese a esas cinco de la tarde del jueves 17 de agosto. Es en esas reacciones en las que intentan trabajar los profesionales de la salud mental. Pero no sólo ellos.

Dos investigadores de la Universidad de California han dado con un mecanismo cerebral capaz de borrar el miedo de nuestros recuerdos. ¿Cómo? Modificando las conexiones neuronales que participan en la creación de estos recuerdos. Por el momento sólo lo han testado en ratones, pero sin duda puede ser un arma terapéutica en un futuro para ayudar a los especialistas a tratar acontecimientos trágicos e, incluso, fobias.

Por el momento, los psicólogos sólo pueden ayudar a afrontar los momentos de duelo con la palabra. «Las personas que sufren tragedias como la de Barcelona pasan por cuatro fases: la primera es de shock. No se esperan lo que están viviendo y no saben cómo reaccionar. La segunda etapa es la del enfado. Es irracional y puede que se autoculpen o a los de su alrededor. En un tercer momento, se dan cuenta de que la vida continúa y de que tienen que reorganizarse. En la última etapa reajustan sus vidas. Pero es cierto que hay víctimas o personas próximas al hecho, que se quedan enganchados. No pierden el miedo a que vuelva a ocurrir», asegura Pereira. De acuerdo con Hernández, el duelo puede durar de seis meses a un año, pero «ante hechos de terrorismo lo habitual es que dure más».

Lo sabe bien Ángeles Pedraza, ex presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) que la noche del jueves no pegó ojo. «Lo vuelves a revivir todo. El dolor de una madre no termina nunca». Al teléfono de víctimas que han habilitado ya han llamado decenas de personas. Porque, dice Pedraza, «te aferras a alguien que ha pasado por lo mismo que tú».

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