Opinión
Sánchez, el conductor suicida
Solo es cuestion de tiempo que la Legislatura colisione
Pedro Sánchez y su equipo han alimentado la leyenda de que es invencible y que se crece ante las situaciones más difíciles. Sin embargo, el ingreso en prisión de Koldo y, sobre todo el de Ábalos, son imposibles de remontar. No se trata solo de que sus tres personas de confianza, los acompañantes que viajaron con él por España en coche para recuperar la secretaría general del PSOE, después de que más de la mitad de su ejecutiva hubiese dimitido y los dirigentes del comité federal le forzasen a irse, estén en prisión, sino que, el jueves, se produjo un punto de inflexión porque lo que sucedió tiene una dimensión aún mayor.
Sánchez escapó como pudo del encarcelamiento de Santos Cerdán pero, esta vez, no va a poder zafarse porque esta crisis se le va a llevar por delante. Ábalos tiene información detallada sobre Sánchez, sus primarias, sus andanzas en el Gobierno y en el partido que Cerdán. Es un experimentado político que sabe usar lo que sabe en el momento adecuado y, además, lo hace de manera letal. Desde muchos sectores se alimenta la posibilidad de que, ante la condena de 24 años de cárcel que solicita la Fiscalía, intente negociar una reducción de la pena ofreciendo como contrapartida información que incrimine a otras personas.
Es posible que esa hipótesis sea cierta y tome forma durante las próximas semanas. Sin embargo, también es probable que Ábalos esté dispuesto a destapar algunas cuestiones que afecten directamente al líder socialista, a su entorno familiar y a otros cargos socialistas familiar, sencillamente, porque no está dispuesto a ser el único que termine en una cárcel. Sánchez ha dado la orden de pasar al ataque contra el exministro y dibujarle como una manzana podrida que le engañó. Ábalos sabe que esto es falso, que Sánchez interviene hasta en los últimos detalles y que no hay nada que se mueva en el partido ni en el Ejecutivo de los que no tenga información de primera mano.
El dato revelador es porqué, una vez había sido destituido como ministro y apartado de la secretaría de organización, Sánchez impone a Ábalos como número dos de la candidatura por Valencia y, después, le da la presidencia de una comisión del Congreso. Si le apartó del gobierno porque conocía datos sobre presuntas actuaciones ilícitas o si fue porque disponía de información sobre su vida personal, no se explica que forzase su inclusión en listas, como tampoco se entiende la aquiescencia de Diana Morant, feminista de pro.
Si le incluyó en la candidatura por temor a enfadarle y que pudiese hacer pública información sensible, deberíamos saber en qué afecta al presidente esa información. En los últimos días, tanto Ábalos como Koldo han soltado algunas perlas en referencia a algunos asuntos, como el caso Delcy o la reunión con Otegi para pactar la investidura, pero el ataque se ha recrudecido en la víspera de que el juez dictase prisión provisional, momento en el que Ábalos ha apuntado directamente a Begoña Gómez con el rescate de Air Europa. Con este panorama, Sánchez es un conductor suicida en medio de una legislatura en la que solo es cuestión de tiempo que colisione. Los daños serán grandes, especialmente para el otro vehículo que será, previsiblemente, alguno o varios de sus socios.
Hay tres razones por las que Sánchez debería convocar elecciones y por las que no puede volver a ser el candidato socialista. La primera radica en la compra de los votos independentistas y nacionalistas para ser investido, a costa de debilitar el Estado, en forma de ley de amnistía, modificación del Código Penal, indultos y transferencias de competencias de dudosa constitucionalidad. Eso es corrupción política y ha sido patente de corso de todo su mandato.
La segunda radica en un principio democrático. En nuestro sistema, los ciudadanos no eligen directamente al presidente del Gobierno, sino que es investido después de que el Congreso de los Diputados le dé su confianza. Si no cuenta con el respaldo parlamentario necesario, el presidente se encuentra deslegitimado políticamente y debe convocar elecciones.
En tercer lugar, la corrupción económica que ha brotado con su amparo exige, en términos de limpieza del sistema, la convocatoria de elecciones, mucho más cuando las sospechas se extienden a su propio entorno familiar. Si añadimos a todo esto el uso partidista de empresas y entes públicos como el CIS, Correos o RTVE, la injerencia en las tareas de la Fiscalía, que desacreditan la independencia de la institución y que han desembocado en la condena del fiscal general del Estado y el intento de control de los medios de comunicación, el balance es propio de un liderazgo de carácter autocrático. El ataque a la judicatura y, en concreto, al Tribunal Supremo, ha sido reprendido por las autoridades europeas y termina de retratar los valores democráticos que inspiran al líder socialista.
Con todo esto, solo queda aconsejar a los conductores que transitan por esta legislatura, que se aparten antes de que sea demasiado tarde.