Sánchez da por rota una relación inexistente con Casado

El presidente defiende la venta de armas a Arabia Saudí para «velar por la seguridad jurídica» y los «intereses de España»

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención ante el pleno del Congreso de los Diputados, celebrado hoy / Foto: Jesús G. Feria
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención ante el pleno del Congreso de los Diputados, celebrado hoy / Foto: Jesús G. Feria

El presidente no ha mantenido contacto con el jefe de la oposición desde el 2 de agosto y da por rotas las relaciones por acusarle de ser partícipe y responsable del «golpe de Estado» independentista. «Ha perdido el respeto institucional».

El líder de la oposición, Pablo Casado, embistió ayer contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, por su política en Cataluña durante el debate parlamentario sobre el último Consejo Europeo y para explicar también la posición de su Ejecutivo sobre la venta de armamento a Arabia Saudí. Ante el Pleno del Congreso le acusó de «ser partícipe y responsable» del golpe de Estado que se está produciendo en Cataluña para sostenerse en Moncloa con el apoyo independentista. Sánchez utilizó la réplica para enfatizar la «ofensa» con la amenaza de romper relaciones con el líder popular si no retiraba sus palabras. «¿Las mantiene? ¡Si las mantiene, usted y yo no tenemos nada más de qué hablar!». A última hora, ante la falta de rectificación, el presidente dio por finiquitada su relación al considerar que Casado «ha perdido el respeto institucional».

La respuesta del PP fue inmediata: «El que se ha ofendido ha perdido el debate. España le pide a Sánchez que rompa con los que están en la cárcel por intentar un golpe de Estado, no con el PP». En la misma línea se expresó en RNE el secretario de Relaciones Internacionales del Partido Popular, José Ramón García Hernández: «Hoy se ha metido el dedo en el ojo y, como molesta, el Gobierno se ha revuelto contra la frase de Pablo Casado».

La puesta en escena de este nuevo choque monopolizó la sesión parlamentaria, pero Sánchez lleva sin hablar con el jefe de la oposición desde la primera vez que le recibió en La Moncloa, el 2 de agosto, después de que fuera elegido como presidente del PP en el Congreso de este partido en julio.

Desde aquella primera conversación general el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición no han vuelto a mantener contacto. La crisis catalana, los problemas en inmigración, la propuesta de reformar la Constitución para suprimir los aforamientos, la exhumación de los restos de Franco y la reconversión del Valle de los Caídos o las relaciones con Arabia Saudí han sido asuntos resueltos a cruce de intercambio de declaraciones públicas, sin que por medio se haya producido ninguna comunicación que se ajuste al espíritu del acuerdo entre los dos principales partidos en temas de Estado que hasta ahora siempre se había respetado, con sus matices en función de la coyuntura.

La política de bloques lo domina todo desde la moción de censura y no hay ningún trasvase entre el partido del Gobierno y el principal partido de la oposición, ni tampoco con Ciudadanos (Cs), ni siquiera en las cuestiones de Estado.

El líder popular se ganó ayer el aplauso y el cierre de filas de su bancada con el recurso de superar a Albert Rivera en la dureza de su carga contra el presidente del Gobierno. De hecho, el Grupo Popular bendijo que hubiera dejado «sin sitio» a Rivera en su «cuerpo a cuerpo» con Sánchez. En los últimos días habían empezado a aflorar dudas y críticas de parte del PP por la estrategia de la dirección del partido. Pesa la presión de las encuestas y el miedo a las elecciones andaluzas y autonómicas y municipales. Y en este contexto, la contundencia de su enfrentamiento con Sánchez, con Cataluña como principal bandera, no sólo tiene su repercusión externa, sino que también cumple la función de cerrar grietas y ayudar a consolidar su liderazgo dentro del PP.

Ayer su estrategia parlamentaria respondió al objetivo de ganarse el puesto de líder de la oposición con un fiero choque con el Gobierno y con sus aliados. Sin papeles para apoyar su intervención, lo que Génova se apresuró a poner en valor, el líder del PP volvió a reclamar la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña; afeó a Sánchez que le pida moderación cuando él «se rodea de batasunos, independentistas y de la extrema izquierda»; y se enfrentó con el líder de ERC, Joan Tarda, al que advirtió de que no acepta que dé lecciones de democracia después de que éste le hubiera acusado de querer «fusilar» a los independentistas. «Debería hablar menos de fusilar porque su partido sobre fusilamientos debería callarse», le espetó. Al portavoz de Bildu, Oskar Matute, también le dejó el toque de atención de que el PP no piensa tolerar que hable de derechos humanos el mismo diputado que justifica a los terroristas que mataron, entre otros, a veinte dirigentes populares. E incluso pidió explicaciones a Sánchez por la reunión entre el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero con Arnaldo Otegi. «¿Quien está hablando con los batasunos, con los independentistas y con la extrema izquierda habla aquí de extrema derecha?», echó en cara al presidente. A la exigencia por parte de Sánchez de que retirara sus palabras en las que le acusaba de ser responsable del «golpe de Estado» en Cataluña, la respuesta del popular fue reafirmarse. «¿Y qué es si no?», le preguntó. Aunque había unidad de fondo entre el Gobierno, PP y Cs sobre la posición en la relación con Arabia Saudí, el debate quedó monopolizado por el cruce de andanadas. Casado sacó a relucir la negociación presupuestaria, la inmigración y hasta la política con Venezuela. Rivera buscó su espacio, pero Casado había colocado tan alto el listón que el líder de Cs no consiguió ganarse el foco mediático. Apeló a los socialistas a desmarcarse del «sanchismo» y del pacto con los independentistas y con Podemos. «El PSOE debe volver al constitucionalismo».