Las mujeres también somos personas

“Las mujeres también somos seres racionales, podemos aportar y pensar”.

Solo alguien que considera encontrase en un contexto en que la mujer es considerada y tratada como un ser inferior, un ente sin capacidad de raciocinio (algo así como una ameba con tetas), se vería impelido a realizar semejante afirmación sin rubor alguno. La necesidad de hacer esa manifestación denota, sin lugar a dudas, que quien la hace está percibiendo, y asume que su interlocutor también lo hace, una clara disparidad intelectual entre ser hombre y ser mujer.
Solo alguien que considera encontrase en un contexto en que la mujer es considerada y tratada como un ser inferior, un ente sin capacidad de raciocinio (algo así como una ameba con tetas), se vería impelido a realizar semejante afirmación sin rubor alguno. La necesidad de hacer esa manifestación denota, sin lugar a dudas, que quien la hace está percibiendo, y asume que su interlocutor también lo hace, una clara disparidad intelectual entre ser hombre y ser mujer.

“Las mujeres también somos seres racionales, podemos aportar y pensar”.

Leo esta frase y pienso, automáticamente, que la ha realizado un machista recalcitrante que quiere simular que está a favor de la igualdad, para pillar cacho o algo así, y le ha traicionado el subconsciente. El uso del “somos”, sin embargo, me indica que es una mujer la que habla. Así que pienso que debe ser una con ciertas inseguridades, no muy convencida de su capacidad o de la de las demás. Una misógina acomplejada tratando de sentenciar, torpemente, a favor de la igualdad. ¿Qué tipo de persona, a estas alturas de la película, puede pensar que es necesario aclarar que las mujeres somos seres racionales? Es como decir que los negros también son personas o que los moros también merecen vivir. Nos escandalizaría enormemente tal afirmación sin sonrojo. ¿Y el “podemos aportar y pensar”? ¿A qué viene eso? No es solo que podemos, es que lo estamos haciendo. ¿Qué vida ha llevado la persona que ha hecho esas declaraciones? ¿Qué tipo de carencias o de sufrimientos ha tenido que padecer para que en una sola frase se puedan condensar tantas ideas equívocas?

Es fascinante cómo hay enunciados que dicen más con lo que callan que con lo que dicen. Atentos, que viene turra semántica.

Esta frase, formalmente, pegaditos a la literalidad, nos lanza a la cara una afirmación inapelable. Las mujeres también somos seres racionales. Rotundamente impecable, indiscutible. Y a continuación añade, tras una coma, “Podemos aportar y pensar”. Cierto es. Como seres racionales que somos, las mujeres pensamos. Y, al pensar, si además verbalizamos nuestras reflexiones, aportamos estas al conjunto de la sociedad. Ni media pega.

Pragmalingüísticamente, sin embargo, esta oración es todo lo contrario. Si tenemos en cuenta los factores extralingüísticos, todos aquellos que han condicionado la manera de estructurar esa frase y han hecho que fueran esas las palabras elegidas y no otras, en ese orden en concreto, las conclusiones son espeluznantes.

Solo alguien que considera encontrase en un contexto en que la mujer es considerada y tratada como un ser inferior, un ente sin capacidad de raciocinio (algo así como una ameba con tetas), se vería impelido a realizar semejante afirmación sin rubor alguno. La necesidad de hacer esa manifestación denota, sin lugar a dudas, que quien la hace está percibiendo, y asume que su interlocutor también lo hace, una clara disparidad intelectual entre ser hombre y ser mujer.

No olvidemos el “también”. Vosotros, hombres, sois seres racionales. Aquí no duda la ponente. Vosotros sois seres racionales, pero nosotras también lo somos. ¿Apreciáis el matiz? ¿Notáis la diferencia? ¿Os dáis cuenta de cómo en un caso no hace falta ni decirlo, ni nombrarlos siquiera, porque ella misma da por supuesto que lo son, genitalidad mediante, pero en el otro, sin embargo, siente la necesidad de verbalizarlo, de hacernos a todos partícipes de aquello que, supone, no está tan claro?

A mí, que estas declaraciones las realice la ministra de Igualdad, en el día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, en España, en el año 2020, me ofende profundamente. Me da unas ganas terribles de escribirle una columna ad hoc en la que informarle de que, por poner un ejemplo, el CSIC lo preside una mujer desde 2017. Una que, además, antes era vicepresidenta de Investigación Científica y Técnica. Me dan unas ganas horribles de espetarle en la cara que en el mismo CSIC hay tres mujeres como vicepresidentas adjuntas, que el consejo rector lo preside una mujer y que está compuesto por nueve mujeres y seis hombres, que el gabinete de presidencia lo gestiona una mujer. Me dan ganas de gritarle, hecha una energúmena, que la igualdad no tiene nada que ver con que “los hombres se incorporen a tareas tradicionalmente desempeñadas por mujeres” o con que las mujeres tengan matrículas gratuitas en estudios científicos. La igualdad, quizás, tiene más que ver con que seamos todos libres de decidir, sin imposiciones, sin cuotas, sin una tutela estúpida por parte de un Estado que casi parece que aspira al paternalismo.

Me dan ganas en realidad, porque soy así de moñas aunque no me hayan diagnosticado como PAS, de pasarle el brazo por el hombro, acariciarle el pelo y decirle bajito: “venga, Laque (así es como llamo de cariño a Laquenodebesernombrada en los momentos cuquis. Es un diminutivo. Dejadme), cuéntale a tu Rebe. ¿Qué te ha pasado en la vida? ¿Cuántos hombres no te han tratado bien para que pienses que todos odian a las mujeres? ¿Cuántos abrazos te han faltado, o te han sobrado? ¿Cuántos trabajos que te gustaban no te han dado, por las razones que fueran? ¿En qué mundo has vivido? Háblame de tus decepciones, de tus anhelos. Háblame de ti, de la soledad, si las clases te aburren y hacia dónde vas. Pero, por dios, no extrapoles tu experiencia vital al conjunto de la sociedad, que nos vas a acabar dando la legislatura, tronca. Y no nos lo merecemos”.

Para acabar. Tengo una teoría y aquí la planteo: Laquenodebesernombrada es una viajera del tiempo. Lo digo en serio. No hay otra explicación posible. Se quedó dormida en la parte de atrás del delorean cuando Doc Brown viajó a la Edad Media, entre su viaje al Far West y su jubilación, y aparcó detrás de un puesto de verduras de un mercado medieval. De los de verdad de entonces, no de los de ahora de hippies vendiendo fruta escarchada y espadas de madera mientras hacen malabarismos con un diábolo. Dios, cómo odio los diábolos. Ella, una campesina con inquietudes sin posibilidad de escalar en la pirámide social, huía en aquel momento de un noble interesado en meter la nariz debajo de sus enaguas. Vio aquel artilugio extraño y se escondió en el maletero, para evitar el acceso carnal no consentido en cualquier pajar de mala muerte. Y luego ya se durmió. Doc volvió, viajó a 2020 por error, salió a buscar plutonio para regresar a 1985 y, mientras tanto, Laquenodebesernombrada se bajó, desnortada, del delorean en medio de Vallecas y hasta hoy.

La mala noticia es que la desubicación temporal no es incosciente. Solo colocando a la mujer en un escenario más propio de tiempos pretéritos, solo así, se sustenta el discurso apocalíptico que nos venden. Solo la sobredimensión intencionada de un problema, que estadísticamente no se justifica que sea prioritario políticamente, permite instrumentalizarlo para, así, poder presentarse como única solución, para poder sostener sobre él toda una soflama ideológica.

Es decir, que, efectivamente, Laquenodebesernombrada es una adelantada a su tiempo. Pero atrasada al nuestro.

Es lo que tienen las paradojas espacio temporales.