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¿Eres una persona extremadamente sensible?

Se considera a una persona más sensible cuando experimenta más reacciones, o bien cuando estas reacciones a distintos estímulos son más pronunciadas y persistentes

El hecho de que una persona sea “demasiado sensible” es una característica humana que, como cualquier otra, hay que analizar para ver qué aporta a la persona, en qué la mejora o de qué forma repercute negativamente.

El hecho de que una persona sea “demasiado sensible” es una característica humana que, como cualquier otra, hay que analizar para ver qué aporta a la persona, en qué la mejora o de qué forma repercute negativamente. Así, las personas que son muy sensibles tienen la capacidad, ante cuestiones positivas, de profundizar mucho más, vivirlas a fondo, sacarles partido e implicarse. Por el contrario, ante cuestiones negativas se pueden ver mucho más afectadas, debilitadas o dolidas. Ángel Peralbo Fernández Psicólogo en Madrid en TopDoctors, lo explica.

¿Cuándo se considera que una persona es más sensible?

Se considera a una persona más sensible cuando experimenta más reacciones, o bien cuando estas reacciones a distintos estímulos son más pronunciadas y persistentes. Así, hay personas más sensibles al dolor, cuando perciben intensamente molestias físicas producidas tanto por estímulos externos como internos. De la misma manera existe una alta sensibilidad a lo que opinen los demás. Esto ocurre cuando alguien percibe con demasiada profundidad o le da más importancia de la “debida” a que alguien le haga alguna crítica o que le dirija comentarios interpretables como algo negativo, por ejemplo. También se puede ser demasiado sensible a los problemas ajenos o a los propios, lo que significa vivir muy intensamente algunas emociones, imitando sin querer a otras personas y sufriendo al mismo nivel que estas.

¿Cómo reconocer si somos una persona demasiado sensible y por qué es importante dejar de serlo?

Es importante conocerse a sí mismo lo suficiente como para saber de qué manera y cuánto somos de sensibles. En este sentido, es interesante plantearse las siguientes cuestiones:

“¿En qué momentos o ante qué estímulos se reacciona de manera negativa?”

“¿Qué respuestas son las alteradas, qué se siente y qué pensamos al respecto?”

“¿Cuánto dura el malestar?”

“¿Qué se hace o deja de hacer al sentirse así?”

Dejar de ser tan sensible no significa insensibilizarse sino que se trata de eliminar cuán vulnerables nos hace ese exceso de sensibilidad. Así, la persona que sufre demasiado dolor tiene que aprender a manejarlo, aumentando los umbrales de percepción de ese dolor y autogenerar estados fisiológicos que permitan que experimente sensaciones positivas y agradables. Asimismo, una persona no tendrá menos empatía si sufre menos con los demás, ni tampoco más asocial si le afectan menos algunos comentarios de otras personas.

Es necesario dejar de ser tan sensible para poder navegar en el mundo donde vivimos. Aunque no queramos, estaremos rodeados de críticas, de dolor propio, de sufrimiento ajeno, de cambios de estación... Si la persona no deja de ser tan sensible se mantendrá en un estado de continua afectación.

¿Cómo dejar de ser tan sensible?

Los especialistas en Psicología recomiendan identificar ante qué estímulos se muestra el paciente más sensible. Una vez conseguido, hay que poner la atención en las respuestas alteradas. Los estímulos no podrán cambiarse pero sí uno mismo. Hay que considerarlo como una mejora y eliminar connotaciones negativas, tales como considerarse más débil o que uno mismo tiene el problema, ya que esta no es la consideración adecuada. Así, es esencial que el paciente identifique los pensamientos negativos cuando se encuentra mal en dichas situaciones y, con ello, llevará a cabo 3 acciones importantes:

Apartarse de ellos, de manera consciente y urgente. Si no lo consigue se apoderarán de él/ella, dándole vueltas de forma automática, consiguiendo que el estado negativo se mantenga durante más tiempo. Esto significa que tendrá que hacer otra actividad que le distraiga y le enganche, permitiéndole elaborar otros pensamientos que se alejen de la situación negativa que atraviesa, pudiendo salir del bucle habitual donde se encuentra.

A posteriori, esforzarse en darse cuenta de que son, en cierta medida, extremos desproporcionados, demasiado negativos. Según va distanciándose de ello más claramente lo verá. Crear pensamientos más ajustados a la realidad, relativizando y viendo situaciones de una forma más neutra para generar respuestas más adecuadas.

No hay que intentar evitar lo inevitable. Las distintas situaciones ante las que el paciente se siente más sensible seguirán estando. Hay que tratar de elaborar formas de afrontarlo, aprovechando que el paciente ha trabajado las distintas formas de verlo. Así, si el paciente sufre más durante la primavera, es bueno que haga ejercicio físico, lo que le ayudará a generar endorfinas, que producen sensaciones internas positivas. También está bien adaptar la comida a la época del año y los requerimientos nutricionales del organismo. Hay que disfrutar del sol y de las oportunidades que brinde la época del año.

Por otra parte, si el paciente se ve muy afectado por las opiniones de los demás, es importante fortalecer la autoestima y esforzarse por conseguir suficiente seguridad en uno mismo como para enfrentarse de forma asertiva a las relaciones sociales y/o familiares. De esta manera el paciente podrá ver su sensibilidad no como una limitación sino como una cualidad para vivir intensamente la vida.