Familia

Leticia Dolera: «Hola, soy tu machismo»

Lo que pasa es que quiere cambiar la realidad a golpe de tuiteo y de frasecita graciosa, abanico en mano, en la gala de los Goya. Pero no con hechos.

Lo que pasa es que quiere cambiar la realidad a golpe de tuiteo y de frasecita graciosa, abanico en mano, en la gala de los Goya. Pero no con hechos.

Publicidad

Imagínense que el pasado martes hubiésemos desayunado todos con el siguiente titular: “El director Norberto Ramos del Val despide a la actriz Aina Clotet por estar embarazada”. Me apuesto un brazo y no lo pierdo a que el Facebook de Norberto habría estado echando humo toda la semana. Habría tenido que cerrar su cuenta de twitter. Un change.org con miles de firmas pediría que Movistar + cancelase su proyecto, que nadie nunca jamás en la vida financiase sus películas, que le tirasen piedras al salir de su casa, que no le rían las gracias. Barbijaputa le dedicaría una columna abiertamente insultante, Leticia Dolera le señalaría con el dedo, alguna asociación de mujeres cineastas y una de mujeres embarazadas y otra de mujeres muy mujeres emitirían un comunicado condenando su actitud. Machista, señoro, nos estáis matando.

Pero no. No ha sido mi amigo Norberto. Él jamás haría algo así. Ha sido, oh sorpresa, la mismísima Leticia Dolera la que ha decidido prescindir de la presencia de la actriz en su serie debido al embarazo de esta. Debido única y exclusivamente a su estado de gestación. Y los motivos esgrimidos para justificar lo injustificable es puramente económica. Es muy caro contratar un seguro para trabajar con una embararazada. Es muy complicado adaptar el rodaje a su estado. ¿Dónde he escuchado yo esto antes? Ah, sí. Es lo mismo que cualquier empresario con pene podría decir sentado cómodamente en su despacho mientras mira por la ventana.

La diferencia es que quien lo dice ahora es una mujer que ha hecho del feminismo su bandera. Una bandera, por cierto, muy lucrativa. Y la serie en cuestión es una serie definida como feminista y que trata sobre las dificultades con las que se encuentran las mujeres por el mero hecho de serlo. ¿Hola? ¿Hay alguien en casa?

Sorprendentemente, leo a un montón de feministas activísimas en redes sociales defender a Dolera y su decisión. Vuelvo a pensar en el pobre de Norberto si se le hubiese ocurrido hacer algo así y estoy casi segura de que ninguna de ellas habría salido a defender su postura públicamente. Me dan ganas de llamarle y decirle “yo te creo, hermano”, pero no va a entender nada y se va a preocupar por mi equilibrio emocional. Así que no lo hago y llamo en su lugar a mi amiga S, que es abogada, y le pregunto por el coste real que supone contratar a una mujer embarazada para un empresario cualquiera. Me explica con toda la paciencia de la que es capaz, que es mucha, que a un empresario no le supone un gasto extra contratar a una embarazada o que una trabajadora ya en nómina se quede en estado. Además, si contrata a una persona que la sustituya durante su baja, está bonificada la cotización a la seguridad social en sustituida y sustituta, que sí tiene que pagar de la empleada embarazada si no contrata a otra persona. Es decir, que no le sale más caro.

Publicidad

¿Qué ocurre entonces para tanta reticencia a la hora de contratar a mujeres que se puedan quedar embarazadas o a mujeres directamente embarazadas?

Pues pasa que hace falta un esfuerzo por parte de todos. Pasa que durante el embarazo la trabajadora va a tener necesidades médicas, no está enferma pero ha de ir a revisiones periódicas durante el embarazo, y luego va a haber un periodo de lactancia o de biberón donde lo ideal será que lo haga ella (lo ideal para ella y su bebé), es decir, unas necesidades de ese niño que viene. Unos “trastornos”, en definitiva, en el lugar de trabajo consecuencia de todo ello. Eso supone una alteración en los horarios de la trabajadora que son del todo entendibles. Pasa que faltará días que tendrán que cubrir sus compañeros. Pasa que no podrán despedirla porque su despido sería declarado nulo. Pasa que todo es farragoso y complicado. Se necesita esfuerzo y tolerancia por parte de todos los que conviven con ella en ese ambiente laboral. Es trabajoso adaptar todo a esa circunstancia. Y todo eso nos lo ahorramos eliminando el problema. Eliminando el embarazo. ¿De qué os suena esto? Ya os lo digo yo. La Dolera y su serie.

Publicidad

Seamos claros. Lo que ha hecho Leticia Dolera es lógico y es lo que se hace ahora mismo en cualquier ámbito laboral. No resulta rentable una embarazada en comparación con otra persona que no lo esté. Hay que esforzarse para adaptar el trabajo de todos y los horarios de todos a las necesidades de una persona durante ese periodo de tiempo. Leticia está haciendo lo mismo que cualquier empresario hace hoy en día. Leticia está haciendo eso que tanto critica. Lo que pasa es que quiere cambiar la realidad a golpe de tuiteo y de frasecita graciosa, abanico en mano, en la gala de los Goya. Pero no con hechos. No con esfuerzo. Como cantaba Siniestro Total: trabajar para el enemigo.

Ahora es cuando un guionista levanta la mano allá al fondo de la sala y me dice que no es lo mismo un trabajo cualquiera que el de actriz, que lo que me pasa a mí es que le tengo ganas. Que una actriz embarazada no puede hacer el papel de un personaje que no lo está. Que la trama, que el argumento, que el arte. Que sí, guionista, que te escucho. Y permíteme insistir. Es exactamente lo mismo. Es una mujer embarazada que está viendo como se prescinde de ella por el mero hecho de estarlo. Una mujer embarazada de cuatro, cinco y seis meses, como iba a estar Aina Clotet durante el rodaje, puede disimular su embarazo con ropa holgada y planos más cerrados. Si todo el equipo hace un pequeño esfuerzo y se adapta a esta circunstancia, se pueden rodar todas sus escenas al principio y se puede camuflar su estado porque no llegará a estar de más de cinco meses. Es cuestión, como en cualquier profesión, de voluntad y esfuerzo colectivo. De responsabilidad común. Si me apuras hasta te diré eso tan manido de que muchas actrices han interpretado estando embarazadas personajes que no lo estaban. E incluso te diré que si somos capaces de hacer desaparecer piernas y brazos digitalmente, o rodar escenas con actores muertos, qué no podremos hacer con una incipiente barriguita.

Nos debería indignar a todos que alguien, quien sea, despida a una mujer por estar embarazada. Da igual quién lo haga. Da igual a qué se dedique. Si la razón es que está embarazada, como sociedad, deberíamos indignarnos y ofendernos. Exigir que eso no suceda. Pero mientras sigamos justificando que en algunos casos sí pueda hacerse, estaremos dejando a las mujeres desamparadas. Estaremos empujando a las mujeres en edad fértil a tener que elegir entre ser madres si lo desean o seguir con su carrera profesional. A no poder compaginar ambas cosas. A renunciar a una de las dos. Y no es justo.

Creo que lo que ha quedado claro aquí es que hay gente que está muy dispuesta a luchar por una causa justa desde la comodidad de su casa, con frasecitas ingeniosas en twitter y señalando con el dedo a cualquiera que disienta. Camisetas violetas y gritar muy fuerte en la calle un día al año si hace bueno. Lucrarse con la causa justa del momento. Pero cuando llega la parte del esfuerzo real y que hablen los hechos y no las palabras, ahí nos volvemos conservadores y la sororidad ya no es tan importante, y económicamente es inviable, y el heteropatriarcado es dos puertas más arriba, y yo sé que tú me hablas, Lauren, pero yo no le entiendo.

Desde luego, lo que ha hecho Leticia Dolera no resta legitimidad en absoluto al feminismo. Porque Leticia Dolera no es el feminismo. Lo que ha hecho la retrata a ella, no al movimiento. Como tampoco lo hace que Asia Argento haya sido acusada de abuso sexual a un menor. Como no lo hace que Juana Rivas haya sido presentada en un informe psiquiátrico como manipuladora y lábil. Nada de eso desprestigia al feminismo violeta, trastornado y que no atiende a razones al que representan. Pero nos vais a permitir dudar, al menos, de su capacidad para seleccionar referentes. Como mínimo.

Es que con todo esto ya solo nos falta que cierta abanderada de identidad misteriosa, y avatar de muñeca con cuernos, salga del armario y se descubra que es un señor con barriga y en tratamiento por trastorno ansioso depresivo. Y yo gritaré subida en la mesa “póker de mamarrachas” y para muchos ese día será San Oslodije.

Publicidad

Aquí dejo mi apuesta, firmada y compulsada, por si llega el momento.