Muere Álex Lequio

Ha fallecido a los 27 años a causa de un cáncer que padecía desde hace dos años

Jamás tiró la toalla y luchó hasta el último momento contra un cáncer que le fue diagnosticado hace dos años. Álex Lequio, el hijo de Ana Obregón y Alessandro Lequio, ha fallecido a los 27 años de edad en el Hospital de Barcelona en el que se encontraba ingresado desde hacía un par de meses.

El joven se había trasladado a la Ciudad Condal junto a sus padres para continuar un tratamiento que le ayudara en su lucha contra el cáncer, con el mismo médico que le había tratado primero en Nueva York y Jersey. En Barcelona ha estado rodeada en todo momento de sus padres, de su pareja, Carolina (con la que llevaba un año de relación), y de otros miembros de la familia como sus tías, que no se han separado de su lado hasta el último momento.

Ana Obregón, que había suspendido el estreno de su último trabajo para dedicarse en eclusiva al cuidado de su hijo, ha sido vista estos últimos días en la terraza de la habitación en la que estaba ingresado Álex, visiblemente nerviosa y afectada, aunque siempre demostrando una gran fortaleza. Un durísimo golpe para toda la familia, que nunca perdió el optimismo a la hora de afrontar la enfermedad.

“El nivel de relación, la cercanía que tenemos mi madre y yo, y yo y mi padre y los tres juntos es tan fuerte que somos los mejores amigos” aseguraba en uno de sus últimos actos públicos. Había afrontado la enfermedad sin miedo y como él mismo publicó en sus redes sociales había que "vugarizar la palabra cáncer, para que la gente lo viera como un simple diagnóstico médico más”.

Empresario de éxito

“La ilusión más grande que tengo es parecerme empresarialmente lo más posible a mi abuelo. Si consigo ser una décima parte de lo que ha sido él, esa sería la mayor locura", aseguraba en una entrevista publicada en ¡Hola! en 2018. Con 17 años viajó a Estados Unidos donde se licenció en Políticas y Filosofía en la Universidad de Duke (Carolina del Norte).

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No suelen ser objeto de interés mis cuatro años en ultramar, donde tuve el placer de succionar conocimiento de mentes brillantes, cantinas indomables y como no, de los altibajos y vaivenes que todo joven adulto experiencia durante su época universitaria. Nunca los he compartido por pensar que quizás no os resultan interesantes, pero la realidad es, amig@s mi@s, que reúno una batería de recuerdos que dejan a Spielberg como a un novato de la ciencia ficción. Esta foto que veis, es una foto de mi primer día de universidad. El primer momento de tantos y que tanto esfuerzo supuso conseguir durante los años de agogé en Madrid (sigo pensando que la liaron y me dieron la plaza por equivocación 😂). El caso es que ese mismo año fue surrealista para un joven español que no tenía ni pajorera idea de lo que estaba a punto de vivir. Los acontecimientos fueron varios y asombrosamente extraños. Entre estos, destacaron: disputarle a Stiglitz algo que no tenía mucho sentido, vivir el acceso a una hermandad (aquí no puedo hablar mucho), publicar 1 ensayo, hacer un mini proyecto de fin de temario con Kyrie Irving, partirme la pierna, ganar un certamen por hacer soniditos con la boca (no por guapo, obviamente) y por último, confundirme al rellenar la solicitud de alojamiento en el campus y terminar viviendo en una especie de comuna extraña donde llegaron a pensar que estaba un poco zumbado (la personalidad española puede llegar a contrastar mucho 😂😂). En cualquier caso, eso sólo fue el primer año. No tiene mucho sentido contar estas cosas aquí, igual no interesa... pero ya que por X o por Y soy conocido, vamos a conocernos bien #UnEspañolEnUltramar

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A su regreso a España encontró una salida profesional en el márketing digital y fundó su propia agencia Polar Marketing. “Soy una persona muy activa y muy creativa, que me gusta seguir creando nuevas ideas”. En 2016 lanzó Celebrize, una plataforma privada de Polar Marketing para celebrities e influencers.

Último mensaje en redes

“A través de la eternidad, brillaremos juntos” escribía Alex junto a una imagen suya, de pequeño al lado de su prima Celia con quien mantenía una estrecha relación y a la que cariñosamente llama “Graciella, porque me hace gracia” decía.