Irene Montero medita aparecer en “Vogue”, “Elle” y “Cosmoplitan”, dicen

No podemos quejarnos de nuestros políticos: hacen grandes esfuerzos por hallar cada día nuevas formas de defraudarnos. Luchan con denuedo hasta contra sus propias ideas y principios, se contradicen con fruición en las tres pistas del circo, se traicionan y practican la puñalada trapera como en un drama de Shakespeare y, con razón, lamentan que los odiemos y no les agradezcamos el show. Un día Él firma en el libro de la Comunidad de Madrid que «la unión hace la fuerza», y al siguiente se arroja con furia de vampiro al cuello de Díaz Ayuso. Otro día exigen respeto constitucional y al rato se lanzan contra la Corona como en «Juego de Tronos». Qué más queréis que hagamos, queridos niños, para alegraros el recreo y olvidéis los rebrotes mientras esperamos el milagro de la vacuna, podría decir Él. Ahora que el PP está en «Pánico en la kitchen» y en el horno del confinamiento de Madrid, sería el momento de estudiar si no convendría crear un «Masterchef» con todo el Gobierno en la cocina para que el divertimento alcanzara niveles insospechados hasta por Trump, porque la cena romántica de Lola Delgado y Baltasar Garzón en Roma solo parece un homenaje al Papa por decir que el sexo no es pecado y que el placer viene de Dios. No hay pruebas de que esto les animara a echar un «kiki» furtivo apoyados en una columna de la plaza de San Pedro.

«Masterchef Celebrity», obra prodigiosa. Ahí está Celia Villalobos descubriendo que «el rabo no sirve para nada» (no sé lo que pensará Pedro Arriola), aunque «he visto chorizos españoles por un tubo», y la fina y lírica Ainhoa Arteta dando el do de pecho con su «¡este postre sale por mis tetas!». Imaginen a Irene Montero sartén en mano gritando ¡esta ley sale por mi chichi! Todo es posible en su nueva línea evolutiva y revolucionaria que va de «Diez minutos» a «Vanity Fair» y a la espera, dicen, de aparecer en «Vogue», «Elle» y «Cosmopolitan». Ha descubierto el «derecho a la belleza», ya no odia la moda y explica que en el sexo es conservadora: «No admitiría una relación abierta». Cuentan que esto ha frustrado una vieja fantasía de Pablo Iglesias: un trío con Garzón (Alberto) y con Yolanda Díaz de observadora laboral. Podemos.