¿En verdad quiere Pablo Iglesias la descongelación de los pobres?

El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en la apertura telemática del Consejo Ciudadano Estatal
El vicepresidente segundo del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en la apertura telemática del Consejo Ciudadano Estatal FOTO: facebook

Al fin, la OMS ha anunciado que Papá Noel es inmune al virus: podrá repartir regalos como todos los años. Cuentan que Illa medita pedir a su comisión de expertos secreta e invisible que estudie a fondo el caso, o sea, por qué a Papá Noel no le afecta el bicho, si es porque vive el resto del año en una casa muy ventilada por las corrientes polares, por la criogenización natural que impone el congelado Polo Norte o porque sus allegados son exclusivamente pingüinos y osos polares, también inmunes al virus. Yolanda Díaz, estrella polar emergente que inquieta hasta al mismísimo vice segundo, rechaza congelar el salario mínimo. Nadia Calviño se opone a la subida y la muy Yolanda agita su melenaza-porque-yo-lo-valgo y les espeta a la vice y a los ministros socialistas que la apoyan: «Queréis congelar a los más pobres». Ataque con el que no sé si estará muy de acuerdo su jefe de filas, Pablo Iglesias, porque al fin y cabo, ¿qué sería de él sin pobres? Congelados o sometidos a la técnica de la criogenización como dicen que practica CR7 todos los días para jugar hasta los 45, los pobres le podrían durar por lo menos hasta que alcance su añorada III República. Entonces, los pobres votantes de Podemos serían enviados a Canarias para completar el proceso de descongelación y, de paso, comprarse televisores de plasma en las tiendas de los indios. Los pobres de derechas, ese anacronismo que solo subsiste en viejos chistes de Mingote, serían internados en campos de reeducación helados, como ordenaba el Gran Timonel Mao, hasta que se erradicara de sus mentes el voraz deseo consumista de eternizarse en las colas del hambre y el propósito de votar a Ayuso. Leo que Escrivá propone elevar a 35 años el cálculo de la pensión y así abre otro frente con Podemos. La verdad: no me explico como con la Neurona tocada, Pablo puede luchar en tantos frentes, inmune a la fatiga. Ahora, la Díaz recula y rebaja el alza del salario mínimo al 0,9 %. Vaya descongelación. Como sigan así, de rebaja en rebaja, Pablo se contentará con invitar a los pobres de Galapagar a un cafelito en el jardín de su casa el 14 de abril. Puede que añada unos churritos. Congelados, claro.