La vida en la cárcel de Poli Díaz: combates aplazados y una novia conflictiva

Su mánager prepara su vuelta al ring para el primer trimestre de 2022

Poli Díaz y Antonio Ricobaldi
Poli Díaz y Antonio RicobaldiAntonio Ricobaldi.

El destino aplaza, y destroza, los deseos e ilusiones de Poli Díaz, hoy preso en una cárcel de Las Palmas por eludir las citaciones de la Justicia y a la espera de ser juzgado por un delito de lesiones. No es el único proceso pendiente, porque tampoco se presentó en otras ocasiones a otras citas legales. «El potro de Vallecas» se preparaba físicamente en un gimnasio de la isla de cara a su regreso en noviembre, a los 53 años, a los cuadriláteros, con una pelea contra un rival norteamericano.

Un preso de tercer grado de la misma prisión en la que se encuentra el boxeador y que responde a las iniciales J. R. , descubre a LA RAZÓN que «Poli es un fenómeno. Se ha ganado la simpatía de todos y en el patio le veneran y le admiran. Le tratan como un ídolo por su pasado como boxeador. Es el puto amo».

Su mejor amigo y mánager, Antonio Ricobaldi, espera que su estancia carcelaria «no sea larga, y que en el juicio se aclare todo y le dejen en libertad. Pero creo que, por lo menos, tendrá que estar detenido dos o tres meses. Hemos aplazado el combate de reaparición para los primeros meses de 2022. Espero que salga pronto y vuelva a entrenarse con normalidad. A Poli le cambiaron varias veces de fecha ese juicio pendiente, y al final no se presentó en el juzgado. Estuvo en busca y captura con ingreso en la cárcel hasta que se celebre ese juicio».

No ha podido contactar en estos días con su pupilo: «Hay un protocolo que lo impide. Ni puedo hablar con él ni visitarle. Sé que está bien y tranquilo. Es su abogada la que actúa como intermediaria... Poli es un hombre que se adapta a todo y esa prisión no es como la de Alcatraz», asegura restando dramatismo.

–¿En qué módulo se encuentra detenido?

–Le han ingresado en uno de prevención. Me trasladan que no está nervioso, que asume lo que le ha tocado y que se lleva bien con todo el mundo. Es un hombre divertido y simpático. Ni se mete en líos ni los busca.

–¿Entrena allí dentro?

–Claro, todos los días.

–En Madrid le tenía usted muy controlado. ¿Por qué se fue a vivir a Las Palmas?

–Porque su novia Lola es de allí y le convenció para irse a las islas. Yo no estaba de acuerdo, pero… Conmigo estaba bien, físicamente fenomenal, no faltaba ni un día al gimnasio… Su novia se metió por medio y le convenció para marcharse con ella a Gran Canaria.

El problema es que al conocerse la detención alguno de los patrocinadores del combate se ha echado atrás y ha retirado su aportación. Desde el barrio canario en el que Poli reside con Lola, se pronuncia Ana María, una de sus vecinas, que está al tanto del ritmo de vida que lleva la pareja: «Esa mujer no le hace ningún bien a Poli. No es buena para él. Es una persona conflictiva que no le aporta nada».

Malas compañías

Un periodista isleño relata que en una ocasión quedó con Poli pero «ella se entrometió hasta el punto de pedirnos dinero por hacer la entrevista».

Ricobaldi recuerda que «Lola también azuzaba a Poli para que me sacara todo el dinero que pudiera. Es incapaz de comprender que todo lo que estoy haciendo por él lo hago desde el cariño y el corazón. Mi interés es más ayudarle que lucrarme económicamente».

–¿Ha dejado las malas compañías o frecuenta ambientes malsanos en Las Palmas?

–Yo no sé que lugares frecuenta, pero sí que iba a entrenar al gimnasio de un amigo mío y que se encuentra bien físicamente. Aparentemente, hace una vida normal. Eso espero…

–¿Esta detención puede echar al traste su vuelta al ring?

–En absoluto, porque el que organiza los combates soy yo, y pienso seguir adelante con los planes.