DelPozo, un seductor en Manhattan

Segundo desfile en Nueva York de la firma española

Josep Font mira atrás. Y ve el Parque del Capricho como algo lejano. No porque lo recuerde desde Manhattan, sino por todo lo vivido desde que lo pisó por última vez. Hace un año que regresaba del exilio de la moda para ponerse al frente de DelPozo desfilando en el parque madrileño. Lo hacía sabiendo que tenía un pie en Madrid y otro fuera de España, que si habían confiado en él para tomar las riendas de la casa después de la muerte de Jesús del Pozo, era con un objetivo claro: el salto internacional.

Ayer, la mesura genética de Font le impedía dar saltos de alegría. Pero no le faltarían motivos. «Me parece increíble lo que ha pasado en este tiempo; nos han abierto las puertas de la ciudad y nos hemos sentidos muy apoyados. Lo que ocurre es que, como hemos tenido tanto trabajo, tampoco nos hemos dado cuenta», asegura. Y es que tras su segundo desfile, puede presumir –no lo hace– de haber puesto algo más que las bases del reto planteado, aunque ni lo diga ni alardee. Si en octubre se tomaba con cautela que Moda Operandi –portal de referencia en venta on-line–;se hubiera fijado en DelPozo para distribuir sus colecciones, aquel gesto se ha convertido en el puente para posicionarse en algunos de los puntos de venta más selectos de la moda de lujo, desde Hong Kong a Kuwait y Arabia Saudí. Porque moda puede ser arte, pero si no hay negocio, moda es fracaso. ¿Y qué vendió ayer DelPozo en su desfile para la primavera-verano de 2014? Un jardín donde las flores –sean violetas o girasoles– se van adaptando a un volumen perfectamente calculado que habla de delicadeza de una mujer que se viste con capas de transparencias que van formando piezas opacadas, faldas con efecto abullonado y unas sandalias en plata eficaces.

Con el lienzo de Corot «Gitana con pandereta» que se paseó en abril por la Fundación Mapfre como punto de partida, dibuja unas piezas que desprenden luz en una combinación de tejidos que van desde la rafia de seda y el algodón, hasta el popelín, el lino... Todo, recreando una pieza escultórica que exige trabajar en maniquí de forma exhaustiva. El plus que añade es el bordado inspirado en el mantón de manila. «Nos hemos propuesto recuperar a los artesanos del país, que trabajen en nuestra casa para recuperar la costumbre del buen coser», dice. Esta premisa es la que le ha permitido hilvanar a lo largo de este año un concepto alejado de lo ostentoso, pero seductor: «El nuevo lujo pasa por elaborar ropa bien hecha de calidad, apostar por la costura. La prueba es que de las anteriores colecciones, las piezas más vendidas han sido las más difíciles de hacer». En una semana se vendieron todos los vestidos largos que ofrecieron a Net-a Porter. El precio medio de cada uno rondaba los 12.000 euros.

Puestas las bases del nuevo DelPozo, que mantiene también esa sobriedad que hacía exquisito a aquello que Jesús ponía sobre la pasarela, Font también dio una pista ayer de lo que vendrá. Por un lado, se vio uno de los doce vestidos que componen su primera colección de novia, «para aquellas que no quieran un traje convencional, que encaje con nuestra filosofía». Por otro, unos zapatos fabricados en Venecia que huyen de la plataforma para centrarse en la sandalia y el salón. Es la manera de pisar fuerte en Nueva York, en París –tendrá «showroom» propio en la Semana de Creadores– y en Miami, donde abrirá tienda propia en noviembre. «Aquí se toman muy en serio la moda, saben ver claramente dónde hay negocio porque también valoran y respetan mucho el papel de los diseñadores», defiende, haciendo balance de quiénes tienen la última palabra en ese mercado internacional en el que se mueve con tino: «China está muy fuerte, Rusia baja y Estados Unidos está subiendo hasta en el casting de las modelos». Al alza, como DelPozo en Nueva York.

Carmen March deja tocar a Pedro del Hierro en su presentación

Después de una jornada maratoniana, a Carmen March, directora de Pedro del Hierro Madrid, se la veía satisfecha. Para su aterrizaje en Nueva York, la firma apostó por no montar un desfile, sino una presentación estática, con alguna modelo mostrando los diseños. «Quería que quienes se acercaran pudieran tocar las prendas, ver los detalles...», explica Carmen. Lo cierto es que era la mejor manera de descubrir que tras una torera con un «print» de ondas cruzadas, se encontraba un cuero impecable, o cómo sienta en primera persona un abrigo «oversized» que toma los tejidos y estampados de Fortuny. Tampoco se quedan atrás las faldas hindúes, el príncipe de gales en lino configurado en un minishort y la reinterpretación del bolso Madrid –un clásico de Pedro del Hierro–. Grises, azules, platas y blancos dan un aire mediterráneo a una colección que se viste por los pies. Porque Manolo Blahnik firma los zapatos de salón y unas sandalias sin tacón de capricho –por lo cómodas–. Siluetas relajadas y ligeras, que emanan sensualidad. Sencillas a la vista pero complejas en su patronaje. Y March, satisfecha. No es para menos.