Política

Cien libros en tres meses: el nuevo rumbo de Teodoro García Egea

Al ex secretario general del PP le ha cambiado la vida pero no la cabeza: defiende el legado de su etapa junto a Pablo Casado y cuenta a los más cercanos que está por ayudar y «no por convertirse en una Esperanza Aguirre»

Teodoro García Egea
Teodoro García EgeaAlberto R. RoldánLa Razón

El héroe caído no parece que se sienta un Aquiles atravesado por la flecha feroz de la política del cotilleo, lo que lo hace más interesante en cuanto menos vulnerable se presenta ante los dioses, los antiguos y los nuevos. El esfuerzo del deporte y saber caerse desde una bicicleta cuando participa en la carrera de la serranía de Ronda, una prueba legionaria de algo más de cien kilómetros con cinco mil metros de desnivel positivo, parece relativizar la herida que sufrió un 22 de febrero cuando presentó su dimisión y supo que por ese camino ya no podía transitar si no quería que su líder feneciera antes de tiempo. Perseo volvió sin la cabeza de Medusa. Teodoro García Egea, el que fuera todopoderoso jefe del Partido Popular de Pablo Casado, aún hoy no muestra arrepentimiento más que de lo que no pudo hacer. «Se siente orgulloso del trabajo que hicieron», detalla un diputado que no se sienta muy lejos de él. Cree que Pablo Casado dejó un partido mejor del que se encontró, entre otras cosas porque «la renovación territorial que se ha hecho no se pone en duda». Muchas de las personas que ocupan determinados sillones ahora van a ganar elecciones municipales y autonómicas. Al cabo, sabía dónde se metía y que el puesto de secretario general «está diseñado para comerse todos los marrones que aparezcan en el camino». Siempre creyó que de una forma u otra sería el malo de la película. Al cumplirse la predicción de que, en efecto, le tocó ser el villano, significa, para él, que ha cumplido con su labor. Piensa que un secretario general alabado por sus acciones no hubiera cumplido su función. Es de los pocos que pueden dar noticias de Casado. Lo ve frecuentemente. Egea transmite que su ex jefe está bien, que no ha sido una situación fácil pero que tanto él como su familia están bien.

Pablo Casado junto a Teodoro García Egea
Pablo Casado junto a Teodoro García Egealarazon

No llegó al puesto para hacer amigos ni actuó con los susurros de Lady Macbeth sino como el rey mismo si se trataba de proteger a quien lo puso ahí, y cuando le tocó hacer de Ricardo III no ofreció su reino por un caballo sino que descabalgó hasta con cierta insolencia. «Lo que he hecho se sabe -suele repetir-, también lo saben los que me han criticado a los que, por supuesto, disculpo». Deja claro que nunca ha necesitado que nadie le agradezca nada y que todo lo que hizo fue por convencimiento. A los que le recuerdan que en su momento fue un «killer» y que ahora él sufre lo que otros sufrieron, les dice que en política «hay que dejar un poco al lado los sentimientos» para poner cordura en la gestión de la organización.

Los mismos amigos

Creyó que el partido había que levantarlo y que uno tiene que ser fiel a sus principios porque «pasara lo que pasara su tranquilidad no dependía del cargo». «Él podía estar en un sitio o en otro pero siempre fue él mismo, se jacta de que después de ser secretario general tiene los mismos amigos y que sigue quedando a hablar, a correr, o a tomar algo, con las mismas personas. Le hemos oído decir que el mayor patrimonio es ser él mismo», comenta un líder provincial. Pero no se le escapa que muchos que le hacían la pelota hoy le tratan de otra forma. No les culpa. «Cree que la política no es más que una exageración de los sentimientos del día a día, y que eso es mejor tenerlo claro antes de entrar en ella». Cuando le llaman para ver cómo está le salta una cierta chispa gamberra: «Oye, si te hace falta algo, lo que sea, un chófer, llámame, que yo estoy para ayudar». Rompe el hielo y su interlocutor, que había preparado una terapia, acaba riéndose, de manera que ya no se sabe quién está ayudando a quién. Piensa que las cosas no son injustas o justas, sino que «son como son» y que antes de ser secretario general tuvo una actividad profesional a la que ahora está volviendo, como si todo pudiera encerrarse entre paréntesis. Era profesor de universidad, impartía conferencias sobre criptoeconomía a la vez que ejerció de diputado por Murcia. Cree, aunque a veces se ha rodeado de ellos, que un político que no tiene experiencia profesional, que no tiene un cierto «background» en un tema no puede aportar mucho a la política. Tal vez, piensa el escribidor, esté refiriéndose a otros «faros» del PP, como Juanma Moreno, que por ser fue hasta diputado por Cantabria. Quién sabe. Hasta a uno le entran ganas de aprender a tirar cuchillos.

Teodoro García Egea en Murcia
Teodoro García Egea en Murcialarazon

¿Seguir en la política como diputado? «Por supuesto que sí. Habla mucho con la nueva dirección. De hecho, han quedado a comer y hablan de lo que llevaba antes… De ahí a que esté en las próximas listas, fíjate lo que ha cambiado todo en un año, así que todo es posible». «En estos meses me ha transmitido tres ideas sobre su futuro -aclara una dirigente regional de la nueva etapa-, primero, que lo eligieron los murcianos y va a seguir trabajando para su región; segundo, que hará todo lo que pueda para ayudar a ganar al PP en las próximas elecciones y, por último, que aportará su experiencia profesional en el sector tecnológico al que vuelve ahora».

En el Congreso lo miran con la lupa de una curiosidad por capítulos depende de donde provenga la mirada. Cuando hace bromas en la bancada algunos de sus compañeros no lo entienden. Uno de estos días en lo que estaban unas votaciones al límite dijo en voz alta desde su escaño: «Ojo que Alberto Casero aún no ha decidido su voto». Otro día que había un empate dijo: «Como se ponga la cosa fea sacamos a Casero a jugar». Las risas se confunden con la estupefacción.

Empezó sentándose junto a la salida de emergencias, en los últimos escaños, junto a Paco Vañó, que iba en silla de ruedas y al que intentaron fabricar un exoesqueleto robótico para que pudiera entrar andando en el Congreso. Luego, fue bajando y las conversaciones cambiaron, allí se habla de si se va a votar de una manera o de otra y, más abajo, ya se comenta si hay que hacer tal cosa contra Sánchez. Pero, al final, la vida es la misma. En aquella salida de emergencias había diputados como Joaquín Villanova, alcalde de Alhaurín de la Torre, que decía que era del pueblo con más políticos por metro cuadrado… García Egea dimitió un martes, el miércoles se fue al Congreso, allí tomó un café con un grupo de diputados y se fue a comer con su mujer a un restaurante cercano donde estaba medio grupo parlamentario.

Teodoro García Egea en el Congreso de los Diputados
Teodoro García Egea en el Congreso de los DiputadosEUROPA PRESS/E. Parra. POOL

No ha pasado desapercibido ni en la intimidad. En los casi cuatro años que lleva en Madrid ha tenido dos hijos, y lo único que le ha quitado el sueño es cuando a veces caían enfermos y no dormían. Entrenó también su cabeza para separar lo importante de lo superfluo. Un problema es una enfermedad grave, por ejemplo; lo demás son circunstancias. Y está convencido de que lo que le ha pasado no ha supuesto un problema sino una circunstancia. Tampoco cree que lo sucedido con Ayuso fuera una «lucha de titanes». Dentro de un partido hay muchas luchas, subluchas y escaramuzas.

Así que ahora valora las cosas que antes no podía hacer, como departir con gente del sector económico y tecnológico, volver a «obsesionarse» por la criptoeconomía, tanto que al que se acerca con curiosidad le planta delante el portátil para explicarle de lo que se trata. Unos se van convencidos y otros con las mismas dudas que antes una vez que les ha mostrado su billetera virtual. «La descentralización va a suponer un cambio de paradigma brutal en la forma de transferir valor por internet», diserta como si estuviera ante sus alumnos. Está coordinando un trabajo sobre este asunto con un grupo de profesionales que igual toma la forma de un manual, o de un libro. Oh, el Big Data.

Pasión y obsesión

Ahora va casi todos los fines de semana a Murcia, su circunscripción, cuando antes se recorría España de punta a punta. «Un día paró a echar a gasolina cerca del pueblo, me llamó y me dijo, ‘oye, estoy por aquí vamos a tomarnos un café -recuerda un alcalde del norte-, aprovechaba a las once de la noche y llamaba a los de Canarias porque como es una hora menos no los pillaba durmiendo». Todo menos dedicarse al «dolce far niente». Siempre ha sido de apasionarse, lo que para algunos es obsesionarse. Su mujer ya sabe que si no tiene una ocupación se busca otra. Dice que los niños disfrutan un «poquito» más de él.

Cuenta que desde que dejó la secretaría general ha leído cien libros. Los primeros fines de semana se fue a su casa de la playa y devoró libros a todas horas. Nadie sabe explicar cómo gestiona esa hiperactividad. Se suele levantar a las seis y media. Hace deporte por la mañana, lee, lleva a su hija al colegio, va al Congreso, y normalmente, tiene una visita fuera; ahora aprovecha para ver a gente a la que no podía frecuentar antes. Ayer estuvo en Londres, en un par de semanas tiene en su agenda que viajará a Barcelona y visitará el supercomputador y dará una charla sobre criptomoneda y geopolítica en Valladolid. El avatar de su teléfono ha cambiado. Donde antes había una foto en la nieve o realizando alguna proeza atlética, ahora aparece un teclado y un lema: “Numeris in veris”. La fuerza de los números.