Julián Contreras: «Espero que mi madre esté muy orgullosa de mí»

Julián Contreras, a sus 27 años, defiende el trabajo que ha dedicado a la apertura de su negocio más allá de su popularidad
Julián Contreras, a sus 27 años, defiende el trabajo que ha dedicado a la apertura de su negocio más allá de su popularidad

Ha sabido convertirse en la excepción, en un remanso de serenidad inmerso en las tempestades de un clan vitoreado al clamor de los ruedos y de los «flashes» del «cuore». En una familia de talentos, Julián Contreras ha preferido inventar un camino propio por el que pasear sin complejos, apoyado en una madurez con la que, pese a ser el menor de los hermanos, ha sabido aventajar a la vida y hacer un quiebro a su destino. Ahora, con su restaurante en Madrid recién inaugurado, el hijo de Carmina Ordóñez descubre a LA RAZÓN algunos de sus secretos mejor guardados.

–¿Qué tal ha ido la apertura del local?

–Muy bien, la verdad es que está siendo un bautizo bastante exitoso.

–¿Qué le animó a meterse en estas lidies?

–Siempre he sido muy empendedor y la hostelería era una rama a la que no me había aproximado hasta ahora. Estaba buscando un sector más estable y me pareció un momento bastante bueno.

–¿Pero no ha oído hablar de la crisis?

–Estas cosas siempre son complicadas, ahora lo que pasa es que es especialmente duro. Pero difícil es una cosa y malo es otra: a lo mejor acaba siendo un momento muy bueno, ya lo comprobaremos más adelante.

–Llegar virgen a un sector y tener los apellidos que usted tiene, ¿es una ayuda extra?

–Cuando empecé a escribir libros me dijeron que yo publicaba por mi apellido. Si me apellidase Rowlling o Tolkien, pues lo podría entender. Y aquí pasa lo mismo: si me apellidase Arzak... Pero yo aquí me curro las cosas como el que más.

–¿Y ha abandonado su faceta de escritor?

–Tengo en el horno mi cuarto libro. Se trata de una continuación de la novela que publiqué hace unos años. Siempre tuve la ilusión de que fuesen tres y ésta sería la segunda parte.

–Lo de estar en la cocina le viene de lejos. Alguna vez confesó que le gustaba cocinar para su madre...

–Y ahora para mis hermanos. Siempre que coincidimos me meto en los fogones. Ya no disfruto de las cenas familiares, soy como Cenicienta (risas).

–¿También cocinará en la boda de Fran y Lourdes?

–Estamos deseando que llegue ese día.

–¿Tiene mucha relación con su futura cuñada?

–Para mí es un amor de persona y un ser bellísimo que agradezco enormemente que mi hermano tenga al lado. Le cuida, le aporta cosas muy bonitas y muy buenas, creo que los dos están disfrutando de una relación y de un amor muy estable y muy intenso.

–Ha conseguido que el corazón de Fran, con su amplio currículum amoroso, eche raíces...

–Mi hermano es una persona que ama pasionalmente.

–Y Cayetano y Eva, ¿se darán el «sí quiero» algún día?

–No lo sé, son dos personas que están disfrutando de una relación muy bonita y estable y eso me gusta. Yo es que detesto las bodas...

–¿También aborrecería la suya?

–No creo en absoluto en el concepto tradicional de pareja. Soy una persona muy independiente y muy solitaria, así que la idea ortodoxa de pareja me cuesta mucho encajarla.

–¿Ninguna mujer le ha convencido de lo contrario?

–Tengo el corazón ocupado, pero no mantengo una relación tradicional. Para mí una cosa es la pareja y otra los sentimientos.

–¿Y ya ha ido alguien de la familia a visitar el local?

–No, todavía no. Pero estoy deseando que venga mi sobrina Tana a probar las pizzas. La adoro y, literalmente, me roba el sueño.

–Joven y empresario, ¿qué diría Carmina al verle así?

–Espero que mi madre esté muy orgullosa de mí, como yo, desde luego, siempre lo estuve de ella. Soy muy fiel a mí mismo y eso a mi madre le encantaba.