Los Sajonia-Coburgo-Gotha: Incógnitas de la generación «K»

Fernando I, que proclamó la independencia de su país del Imperio otomano, inauguró esta peculiar dinastía marcada por el contexto de las dos guerras mundiales

Cuando tenía diecinueve años conocí al príncipe heredero Kardam de Bulgaria en Madrid en una comida con un amigo común en Sacha, donde su dueña, Pitila Mosquera nos trató excelentemente. Me contó que su bisabuelo Fernando I, primer zar de los búlgaros, del linaje de los Sajonia-Coburgo-Gotha, era un gran aficionado a las gemas, como él, y a las condecoraciones. Sacó un ópalo que le había pertenecido y que, lo mismo que él, solía acariciar. Para muchos son piedras que traen mala suerte; para él tenía propiedades beneficiosas. Con el tiempo, su padre el rey Simeón II de los búlgaros, me regalaría el catálogo de la venta que Sotheby's hizo en Londres en 1998 de muchas de las condecoraciones del rey Fernando. Éste en su foto más conocida, aparece literalmente cubierto de parte de su maravillosa colección de condecoraciones, que es una de las que adornaron el catálogo. El producto de la venta lo empleó Simeón II en diversos proyectos en Bulgaria.

Fernando I fue primero príncipe regente de Bulgaria –como lo había sido Alejandro de Battenberg– y luego proclamó la independencia de su país del Imperio otomano. Hijo del duque Augusto de Sajonia-Coburgo-Gotha y de la princesa Clementina de Orleans, tenía vínculos familiares con sus tíos el rey consorte Fernando de Portugal, la reina Victoria de Inglaterra y el príncipe consorte Alberto, y con los Orleans, como nieto del rey Luis Felipe de los franceses. No en vano los Sajonia-Coburgo-Gotha reinaban, además de en el ducado de ese nombre, en Inglaterra, Portugal y Bélgica, y estaban emparentados con casi todo el Gotha europeo.

Contienda y medio siglo de exilio

Fernando I casó con otro vástago del frondoso árbol borbónico, la princesa María Luisa de Borbón-Parma, que no llegó a ser reina por su prematura muerte. Su segundo matrimonio lo contrajo con la princesa Leonor Reuss-Köstritz, hija del príncipe Enrique IV Reuss zu Köstritz y de la princesa Luisa Carolina Reuss zu Greiz. La zarina Leonor falleció antes de finalizar la Primera Guerra Mundial. Al acabar la contienda, Fernando abdicó para salvar a la monarquía y le sucedió su hijo Boris III, casado en el santuario italiano de Asís con la princesa Juana de Saboya, hija del rey Víctor Manuel III de Italia.

Kardam, príncipe de Tirnovo, nombre también de la Constitución de la Monarquía, es el primogénito de Simeón II y de la reina Margarita, nieta de los marqueses de Cortina e hija de Manuel Gómez-Acebo y Modet y Mercedes Cejuela y Fernández, quienes fueron asesinados por los republicanos en 1936, por lo que tuvo que ser acogida por sus tíos los marqueses de Zurgena. Boris III, padre de Simeón II, falleció en extrañas circunstancias en 1943, nueve días después de regresar de una entrevista con Hitler en la que no accedió a sus deseos de acumular tropas búlgaras en el frente del sudoeste para dispersar a las fuerzas soviéticas.

En 1996 Simeón II regresó a Bulgaria. Desde allí escribió una postal a mi tío Pepe Cabieses en la que le decía «por fin en casa». La imagen era la del palacio real de Vrana. El camino para llegar a la patria que abandonó como rey niño en 1946 había sido largo. Medio siglo de exilio al que partió con su hermana la princesa María Luisa y con su madre, la reina Juana, y que los llevó primero a Egipto, luego a España y más tarde a Portugal. La reina falleció en Estoril en 2000 y fue enterrada en la misma ciudad donde había casado. Con el tiempo Simeón II emularía al príncipe Luis Napoleón Bonaparte, elegido presidente de la República francesa y proclamado luego emperador con el nombre de Napoleón III. Simeón fue primer ministro de Bulgaria, elegido en 2001 como candidato del Movimiento Nacional. Simeón II y su mandato duró hasta agosto de 2005. Sin embargo, a pesar de la labor de ciertos movimientos monárquicos, el que en política fue llamado «Simeón Borisov» no pretendió una restauración del trono.

Además de Kardam, que se dedicó a la economía agraria, Simeón y Margarita son padres de Kyril, príncipe de Preslav, físico por Princeton, experto en banca y antiguo asesor del presidente búlgaro Stoianov; Kubrat, príncipe de Panagiuristhe, cirujano general y del aparato digestivo, formado en la Universidad de Navarra y en la Clínica Puerta de Hierro; Konstantin-Assen, príncipe de Vidin, dedicado a la banca, y Kalina, todos nacidos en Madrid, aunque no obtuvieron la nacionalidad española hasta la mayoría de edad, y educados en el Liceo Francés. Sus nombres empiezan por «K», igual que el de Kitin Muñoz, marido de Kalina y, como sus padres, han utilizado a menudo el nombre de incógnito de «condes Rylski», como me contó una vez el príncipe Kubrat. Aunque lamentablemente el Príncipe de Tirnovo sufrió una grave lesión en un accidente de automóvil, sus hijos Boris y Beltrán son la promesa de futuro de una monarquía joven que hunde sus raíces en el Medioevo.

A orillas del Mar Negro

Aunque sus palacios no son tantos ni tan impresionantes como los de otras familias reales, contaban como residencias oficiales el palacio real de Sofia, el de Balchik, y el de verano de Euxinograd, con su estupenda bodega, en el Mar Negro; y privados eran el de Vrana, el de Krichim, con su hermoso jardín botánico, el de caza de Tsarska Bistritsa, el palacio de San Antonio, en Eslovaquia, el de verano de Sitnyakovo, el de Saragyol, devuelto a Simeón II tras la caída del comunismo o la casa de Banya.