Opinión

La crónica de Amilibia: ¿Y cómo se recupera el pene seccionado?

La ministra de Igualdad, Irene Montero, durante un acto sobre Diversidad e Inclusión, en Fundación Diario Madrid, a 20 de octubre de 2022
La ministra de Igualdad, Irene Montero, durante un acto sobre Diversidad e Inclusión, en Fundación Diario Madrid, a 20 de octubre de 2022Isabel InfantesEuropa Press

Irene Montero anda viviendo sin vivir en ella porque el PSOE ha votado con el PP para retrasar la Ley Trans. A la ministra no le gustan los retrasos ni tan siquiera cuando su Pablo llega tarde a cenar y no está para acostar a los niños y leerles el cuento «La Cenicienta y el neoliberalismo». Cree que no puede retrasarse ni un minuto más el derecho de autodeterminación de género desde los 14 años.

Ahí está, freudianamente hablando, la simiente para el derecho a la autodeterminación futura de Cataluña y el País Vasco: se empieza eligiendo sexo y se termina votando a Puigdemont, por ejemplo. Y si lo suyo parece excesivo a médicos, psiquiatras y legisladores, podría recordarles que en Dinamarca existe un proyecto por el que los niños menores de un año puedan cambiar de sexo. Es que hoy los bebés vienen muy adelantados y si el niño decide que mearse en la cama es poco varonil y quiere cambiar de sexo, hágase.

Es más: si quiere ser queer, o sea, ser varón por la mañana, mujer al mediodía, homosexual a media tarde y bisexual por la noche, hágase también. Que todos podamos vivir en un fluir constante.

Como ya dijo Woody Allen, así aumentan considerablemente las oportunidades de ligar el fin de semana. Hay un problemilla. Lo apunta un doctor: «¿Qué hacemos con alguien al que se le ha seccionado el pene y quiere recuperarlo?». Ay, santa Rita, Rita, lo que se da no se quita, dirá Irene. «El error de Irene Montero es creer que la transexualidad es un estado definido, permanente, cuando se trata de algo, como dice su nombre, transitorio», apunta el ilustrado Luis Antonio de Villena.

Son ganas de amargar la fiesta.