En el interior de la tribu caníbal que se comió al heredero de Rockefeller

Un grupo indígena del que aún se conoce poco y que destaca por comer carne humana y por sus extraños rituales

En 1961, Michael Rockefeller desapareció sin dejar rastro durante una expedición en la región Asmat al sudoeste de Nueva Guinea, Indonesia. Durante décadas se desconocía lo que ocurrió realmente con el heredero más joven de la familia Rockefeller. Su familia era una de más ricas a comienzos del sigo XIX y en toda la historia. Michael era miembro de la cuarta generación e hijo del vicepresidente americano, Nelson Rockefeller. Destacó en los estudios, graduándose en la Universidad de Harvard y obteniendo un título honorario cum laude, en 1960. Nunca mostró especial interés ni en los negocios ni en las finanzas, sino que lo que realmente admiraba era la historia, especialmente, la arqueología y la etnología, lo que le llevó a estudiar a la tribu étnica de los Asmat, localizada en el oeste de la denominada por aquel entonces Nueva Guinea Neerlandesa. Con el gran éxito logrado en este primer viaje a la comunidad de Otsjanep decidió regresar poco tiempo después.

El 17 de noviembre de 1961, Rockefeller y su equipo de antropólogos, entre los que se encontraba el holandés René Wassing, se encontraban en una canoa a casi 20 kilómetros de la orilla. Según el autor y reportero de National Geographic, Carl Hoffman, su objetivo era buscar tesoros para llevarse a casa y exhibirlos en Nueva York. En un momento dado su embarcación se inundó y se volcó. René y el resto de expedicionarios fueron rescatados al día siguiente, pero de Michael, quien había saltado al mar para nadar hasta la orilla, no se volvió a saber más. Desde este momento las especulaciones sobre lo que pasó aquel día han sido muchas, entre las que aparecen el ataque de un tiburón, pero esto es raro porque los ataques de tiburón son escasos y nunca hubo muerte de este tipo cerca de la zona. La idea de que se ahogase es también descartada. Michael tenía dos tanques de gasolina atados a él y que nunca encontraron.

Dada la gran influencia de su familia, no se escatimó en medios y dinero para localizarle: helicópteros, aviones, barcos... Sin embargo, cerca de donde se produjo el accidente asomaba una tribu que se caracterizaba por capturar, decapitar y comer a todo aquel que entrase en su territorio. La idea de que fuese devorado por los caníbales de la isla fue cogiendo fuerza con el paso del tiempo. Hoffman afirma que el miembro de los Rockefeller posiblemente llegase a la orilla nadando, para poco después ser atravesado por una lanza en las costillas.

Podría ser que conviviese con los nativos, ya que muchos confiaban en esta posibilidad. No obstante, el periodista sensacionalista Milt Machlin viajó hasta el mismo lugar tiempo después, exactamente en 1969, para investigar sobre la desaparición. Descartó la idea de que siguiese con vida, ya que la tribu Asmat guardaba bastante odio hacia el “hombre blanco”. De hecho, no había tenido ningún contacto con ellos desde el siglo XVI.

El por qué de este odio se encuentra sustentado en la matanza realizada por una patrullera holandesa en 1957 contra las gentes de este pueblo, muriendo cuatro de sus líderes. Para ellos existe el tan conocido ojo por ojo, es decir, buscan venganza por sus miembros asesinados. De este hecho también existen teorías muy diversas, como por ejemplo, que los soldados se vieron envueltos en medio de un enfrentamiento entre tribus locales, quienes llevaban un tiempo en guerra y no tuvieron más remedio que abrir fuego. De cualquier modo, la figura de Michael apareció, y los Asmat consideraron una oportunidad para acabar con la deuda de sangre pendiente, por ello es sacrificado. Habían absorbido la energía que se les había arrebatado.

Una tribu realmente desconocida, aún se conoce muy poco de sus costumbres, dado que sus tierras no ofrecen tantos recursos naturales que puedan ser aprovechados por los occidentales y no ha habido gran interés en conocerles. Tampoco ayuda la gran honestidad que muestran hacia cualquier embarcación que se acerca a la orilla.. Lo que sí se sabe es que son extremadamente protectores de sus tierras y no dudan en atacar a quien, como hemos dicho, ose adentrarse. Michael Rockefeller ya había escrito sobre ellos tiempo atrás, de éstos decía que su tallado en madera era de gran calidad, también habló de que existía la poligamia en su sociedad y que los hombres mantenían relaciones sexuales con otros hombres, llegando incluso a beberse la orina del otro en determinados rituales. Mataban a tribus rivales y se comían su carne, además de quedarse con sus cabezas.

El sangriento ritual

El método por el que se realiza el ritual de caza de cabezas habría consistido en decapitar a Michael, luego se eliminarían las entrañas, para posteriormente cortar los brazos y las piernas, que se cocían con el fuego de una hoguera. Las extremidades se repartían entre todos los miembros de la tribu, la sangre se la esparcían por todo el cuerpo y con la cabeza cocinada, retiraban el cerebro para comérselo.

Todo aquello que no sirviese como alimento, por ejemplo, los huesos, se usaba como símbolo religioso o para las armas. Según Hoffman, “si la tribu le hubiese matado habría sido así”. Es un pueblo que durante siglos ha matado a sus enemigos, llegando a usar sus cabezas como almohadas o como cuencos macabros para comer la carne. Sienten cierta devoción por las calaveras a las que cerraban ojos y fosas nasales para evitar que espíritus malignos ingresen o salgan del cuerpo.

A día de hoy y pese a las numerosas evidencias, el gobierno holandés y la familia del multimillonario descartan la teoría.