Unas elecciones inesperadas por Manuel Coma

La Razón
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Las elecciones en Renania del Norte-Westfalia fueron ciertamente inesperadas, pero sus resultados todavía más. No tocaban hasta dentro de dos años, pero su dirigente socialdemócrata, Hannelore Kraft, se cansó de tener que estar formando coaliciones «ad hoc» para tomar decisiones y decidió convocarlas de la noche a la mañana. Su victoria se daba por descontada, se trata de un feudo en el que la izquierda ha gobernado cuarenta años.

Merkel se distanció diciendo que la política regional no determinaba la de Berlín, pero lo cierto es que una victoria democristiana en ese importante estado en 2005 llevó al canciller, Gerhard Schröder, a adelantar las elecciones generales que lo apearon del poder. Entonces, fue el impacto de la pérdida de un bastión de su partido. Ahora, lo que puede conmocionar Berlín es la magnitud de la derrota. Se esperaba que pasara la digna marca del 30%, pero con el recuento todavía no finalizado, parece que se queda en un 26%, doce puntos por debajo de sus rivales y el peor resultado tras de la II Guerra Mundial.

La emoción de la consulta no estaba en la Unión Democristiana (CDU), sino en sus socios menores pero imprescindibles, los liberales, en quienes aquel partido suele apoyarse, pero que nunca renuncian a ser los «kingmakers», los que hacen y deshacer gobiernos, pasándose de vez en cuando a los socialistas. En las últimas elecciones regionales parecían a punto de ser barridos de la política alemana, pero en las del pasado domingo 6 de mayo en el nórdico Schleswig-Holstein levantaron cabeza, sobrepasando cómodamente la barrara del 5% del voto que deja fuera de un Parlamento a los partidos alemanes. Se atribuyó al líder local. Resultado y posible motivación se han vuelto a repetir ahora. Tanta fortuna del socio pequeño e inopinada desgracia del grande no pueden ser buenas para Angela Merkel. Para colmo, nadie sabe muy bien por qué.

Manuel Coma
Director del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES)