Debate

La Razón
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El cansino debate sobre el estado de la Nación tuvo algunas facetas económicas destacables e inquietantes.Demostrando una vez más su impar osadía, Smiley insistió en que la crisis que padecemos es totalmente ajena a su gobierno, y que él sólo ha hecho las cosas bien a favor del empleo, que es su «máxima preocupación». Hay que tener cara.Repitió la bonita expresión «consolidación fiscal», que quiere decir que reducirá el déficit, pero no exclusivamente conteniendo los gastos.Se burló del personal asegurando seriamente que el Plan E evitó perder 800.000 empleos y anunciando la duplicación de las empresas innovadoras y la creación de 500.000 empleos prácticamente por ley.Anunció la subida de la luz, no con estas palabras sino con estas otras: «cerrar la diferencia entre ingresos y costes». Repitió el camelo del «modelo de crecimiento», se felicitó por los datos conocidos de la reactivación económica, como si fueran mérito suyo, lanzó un guiño a los sindicatos, y se dio cuenta de que el llamado mercado de trabajo español tiene un problema de temporalidad: por desgracia parece que, presa de sus contradicciones progres, quiere resolverlo castigando la temporalidad. Sobre las reformas dijo que va a modificar 50 leyes y 150 decretos, en vez de pensar en por qué hay tantos. Sus «valores» siguen incólumes a pesar de su oportunismo manifiesto. Por tanto, no cabe esperar que nuestra libertad vaya a ser menos maltratada en el futuro.