Pobrezas

 
 

No existe una sola pobreza, sino varias. Se ve que la realidad no obedece a definiciones y siempre prefiere desbordar los límites, desafiar el cajón de las clasificaciones, romper las catalogaciones diarias a las que todos somos tan proclives y que lo único que delatan son nuestras inseguridades, nuestra incapacidad para reflexionar con libertad, con valentía, sin apoyos ni asideros, las circunscripciones de nuestra época, de nuestro tiempo. Las Hermanas de la Caridad, fundadas por la madre Teresa de Calcuta, y que ayer celebraron una ceremonia en El Parque del Retiro de Madrid, no están sólo en la India, un país desde hace décadas sinónimo del subdesarrollo, aunque eso ya no sea tan cierto hoy en día. Ellas también están en Europa, porque el mundo moderno, las sociedades actuales, el Occidente que engloba estas naciones de la opulencia y el desarrollo, también son ricos en pobrezas, aunque no sean pobrezas visuales, fotografiables, de las que hacen tajo en los telediarios y llaman la atención por la espectacularidad que dejan sus imágenes. Parece que la abundancia, tan cortejada por el consumismo, también es generadora de miserias, aunque pertenezcan a un tramo más abstracto y menos cuantificable –el hombre también es un ser de medidas al que le encanta reducir el entorno al alfabeto de lo numérico para sentirse seguro con sus alrededores más inmediatos–. Mary Therese y Edel Rose, que son hermanas de esta congregación, vienen a decirnos que el atlas del subdesarrollo no es el único que necesita ayuda y que aquí, delante de nuestras mismas municipalidades, también es necesario paliar males, afecciones contemporáneas que a veces se ocultan detrás del ruido de la tecnología y el ocio. Se refieren a la soledad, la incomunicación y otras enfermedades sin prescripción médicaque van abriendo paso al egoísmo, puerta de tantos miedos.