Peligros del verano

 
 

Los peligros veraniegos son infinitos. Los incendios producidos por las barbacoas ocasionales o las paellas en la alta montaña. Los cambios de aguas, que originan una tremenda confusión en los hábitos intestinales. En las playas del norte, las picaduras de los peces escorpión, que hacen estragos en las mareas bajas. En las playas de Marbella, el primer chapuzón de Ana Obregón, gran noticia estival de todos los años. En Mallorca, la invitación a tomar una copa o cenar en cualquier barco. En Galicia, el noroeste, muy habitual por otra parte, amén de la temperatura del agua. En Sanjenjo, la saludable y unida familia Gomez-Stampf perdió a seis de sus miembros por congelación ascendente. Metieron los pies en el agua y cuando apreciaron la inmediatez del peligro, ya era tarde. No pudieron salir de la orilla y fallecieron congelados. En Cantabria, León, norte de Palencia y Asturias, el ataque de los osos pardos. En Sotogrande, los peligros adquieren proporciones gigantescas. La mar gélida y los pelmazos deportivos. Los segundos son aquellos que sólo practican deportes en el mes de agosto y en Sotogrande. Se producen muchos y desconsoladores óbitos repentinos. Otro peligro en Sotogrande son las pistas de «paddle» privadas. Se debe procurar no aceptar invitación alguna, pues, de hacerlo, el veraneo se convierte en una interminable partida de «paddle» que sólo finaliza cuando septiembre llega. -¡Hola, mamá! ¿cuando nos volvemos a Madrid?-; - ¡Qué alegría verte, mi sol! ¡Cómo has crecido este verano!-; -sí, mamá, mientras tú jugabas al «paddle»-.

Las bicicletas de montaña. Las mochilas senderistas. En las acampadas, por la noche, el canto del mochuelo. Un mochuelo enfadado es algo que no recomiendo a los que sufren de problemas vasculares. El mochuelo no canta para llamar a la hembra. Lo hace para anunciar un ataque contra los habitantes del campamento. Y no fallan. Sólo en Jávea, el pasado año fueron hospitalizados catorce amantes de los campings por agresiones de mochuelos. Con los búhos no hay cuidado. Ellos van a lo suyo.

En urbanizaciones como «El Buzo» del Puerto de Santa María, nada más peligroso que ir al supermercado a hacer la compra en moto. Mientras se adaptan los productos adquiridos en el vehículo de dos ruedas, siempre aparece un natural del lugar que habla de vientos. «Hoy levante», «hoy poniente». Hasta que no explica los pormenores del levante o el poniente no hay forma de escapar y los productos perecederos se pudren con el calor. En Cataluña, que inesperadamente te caiga en la cabeza el trasero de doña Marta Ferrusola cuando se lanza en paracaídas. Tomen nota y no me digan después que no he avisado.