Heridas sin cerrar

Alemania y Japón afrontan de forma distinta los crímenes que cometieron en la II Guerra Mundial. Ian Buruma explica el motivo en el apasionante libro «El precio de la culpa».

Las atrocidades del ejército nipón no han dejado remordimientos en la conciencia japonesa. En la imagen, una joven punki de aquel país
Las atrocidades del ejército nipón no han dejado remordimientos en la conciencia japonesa. En la imagen, una joven punki de aquel país

La culpabilidad es un sentimiento de la conciencia, o del alma, como el arrepentimiento, la comprensión o la indulgencia. Proviene de la refle-xión íntima, del diálogo privado y de la percepción de otra palabra de semejante calado y envergadura: la responsabilidad. ¿Por qué Japón afronta los hechos de la Segunda Guerra Mundial como víctima y Alemania condena los acontecimientos de su inmediata memoria histórica? Los dos países desencadenaron, cada uno en su entorno geográfico, un conflicto de consecuencias devastadoras y tintes fascistas (con las matizaciones que conlleva Oriente). Las dos naciones, sin embargo, mantienen formas opuestas de afrontar el pasado. En el momento de analizar y de interpretar la contienda, una brecha se abre entre ellos. Fueron aliados, pero los alemanes ya han pedido perdón en repetidas ocasiones y han entonado en público su «mea culpa». Japón únicamente lo ha hecho en una ocasión y abrió una ardua polémica entre sus ciudadanos.


Herencia cultural
Ian Buruma ahonda en la naturaleza psicológica de las dos sociedades, en sus tradiciones, en los libros de texto, en la forma de enseñar la Historia, los monumentos conmemorativos y todas esas pequeñas o grandes idiosincrasias que a lo largo de los siglos han moldeado el carácter de ambos pueblos. Su conclusión es clara. Más que la herencia cultural o la educación reciente, dos hechos siguen condicionado sus posturas en la actualidad: el Holocausto y las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Los alemanes se sienten todavía responsables de la política de exterminio del Tercer Reich y las generaciones más jóvenes siguen preguntándose qué hicieron sus abuelos durante esa época y cuál fue su implicación. «Mientras las campañas militares y los crímenes contra la paz se han ido sumiendo en las brumas de la Historia, la Solución Final sigue pesando más que nunca en el presente», dice Buruma. Nadie juzga a Alemania por las atrocidades del frente. Por la «Blitzkrieg», el sometimiento de Europa o los asesinatos cometidos tras las filas. Sólo importa Auschwitz. Japón jamás tuvo un plan de exterminio como el que impulsó Hitler. Nunca hubo un ensalzamiento de la raza, aunque de una forma más velada sí existió. Pero el colapso mundial del hongo radiactivo de las explosiones atómicas le ha redimido al instante de las masacares de Manila, de Nankín y la crueldad de la unidad 731 que dejan los experimentos de Mengele en prácticas de novato.


Nacionalismo nipón
Ellos responsabilizan al emperador Hiro Hito. Todos le obedecen. Todos están sometidos a su voluntad. Todos hacían lo que él les pedía. Curiosamente, al final de la guerra, un tribunal norteamericano juzgó a muchos cabecillas y militares japoneses implicados en crímenes de guerra. Pero eximió a Hiro Hito. Su sensibilidad va más allá: si por algo tenían que condenar a esos dirigientes es «por iniciar una guerra que sabían que iban a perder». El vigente nacionalismo del Imperio del Sol airea una versión de la Historia. Japón fue engañada. Por tanto, Japón no ha hecho acto de contricción. No se ha enfrentado al pasado. Con las secuelas que conlleva siempre los rincones oscuros de la conciencia. Alemania, en cambio, mira con optimismo el futuro y se puede hasta reír de comedias con Hitler como protagonista. Es la diferencia.


Sobre el autor
Periodista y escritor con posgrado en la Universidad de Leyden y en la de Nihon de Tokio, Ian Buruma es uno de los ensayistas más interesantes del panorama europeo
Ideal para...
los que están interesados en la aceptación de la culpabilidad de dos sociedades antagónicas como son Alemania y Japón, y las causas que han determinado unas posturas que son las que mantienen en la actualidad
Un defecto
En ocasiones repite algunas de las cláusulas que dan soporte a la teoría que defiende en esta monografía
Una virtud
Su capacidad para penetrar en el abismo psicológico de dos sociedades y comprender qué les ha motivado a adoptar unas posturas tan distintas para afrontar los crímenes que han cometido en el pasado
Puntuación: 8


«El precio de la culpa»
Ian Buruma
Duomo
400 páginas.19,80 euros


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