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Seguridad Social insegura

Tiempo de lectura 4 min.

19 de enero de 2011. 21:46h

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20/1/2011

Las voces que pronosticaron tensiones de hondo calado para la Seguridad Social frente al optimismo del Gobierno no se equivocaban. El balance de 2010 es más que preocupante y avisa, sin duda, de un horizonte adverso que obliga necesariamente a forzar la senda de las reformas. Pese a que el Ejecutivo se aferró ayer a la resistencia del sistema, y a que era la única entre las entidades públicas que logró mantenerse en superávit, lo cierto es que sólo la denominada «hucha» de las pensiones evitó que la Seguridad Social entrara en déficit. Los números son incontestables. Según el Ministerio de Trabajo, los excedentes de la Seguridad Social se han reducido en un 72% al cierre del pasado año, hasta los 2.382,97 millones de euros, lo que equivale a un 0,22% del PIB. De no ser por los 2.660 millones que el organismo ha ingresado por los intereses del fondo de reserva de las pensiones, el año se habría cerrado con unos 278 millones de déficit. El citado fondo de reserva, la «hucha», creado por José María Aznar para garantizar el pago de las jubilaciones ante una coyuntura adversa y persistente, guarda las reservas acumuladas en los años de bonanza y cuenta hoy con 65.000 millones de euros, que son invertidos en deuda pública. En 2004, cuando Zapatero llegó al poder, su cuantía era de 19.300 millones,  lo que demuestra que ha sido un instrumento valorado y protegido también por el PSOE. A día de hoy, la foto fija de la Seguridad Social es aún más grave en la medida en que el deterioro de la situación económica y laboral se ha convertido en un fenómeno enquistado con la llegada del Gobierno socialista. Los datos son concluyentes sobre la falta de capacidad del PSOE para preservar una Seguridad Social saneada. Cuando Aznar accedió al Gobierno en 1996, la situación que dejó Felipe González era de práctica quiebra, con números rojos del -2,1% del PIB en 1995. El último año completo de los gobiernos del PP, 2003, la Seguridad Social cerró con un superávit del 1% del PIB, unos 10.000 millones de euros. La gestión de Rodríguez Zapatero ha emulado a la de Felipe González. De aquellos 10.000 millones que heredó se ha bajado hoy a un déficit de 278 millones, reconocidos ayer por el Gobierno. La caída, por tanto, ha sido brutal. Lo que refleja el tremendo impacto de una política económica que se ha traducido en un récord de parados y el correspondiente retroceso de los ingresos por cotizaciones, en contraste con la bonanza y la prosperidad disfrutadas con los populares. La negativa evolución, que persistirá este año, según todas las estimaciones, refuerza todavía más las razones que convierten en imprescindible la reforma de las pensiones a medio plazo, que debe estar, por supuesto, acompañada de cambios profundos en el mercado laboral. Nuestro sistema, sin una importante bolsa de cotizaciones, no puede funcionar. El análisis es simple, si no se ataja la deriva actual para garantizar el sostén financiero, con la recuperación del empleo, los desequilibrios colapsarán el sistema. El Gobierno haría bien en dejar de mirarse al ficticio ombligo del superávit y acelerar unas reformas que no pueden quedarse cortas y deben ser ambiciosas.

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