Tertulia de cementerio por Martín PRIETO

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Durante más de un siglo fue recurrente en España discutir sobre la reforma agraria, aparente panacea de la decadencia del país, y la reforma laboral llevaba camino de lo mismo: una tertulia interminable de esos cursis que se denominan «agentes sociales» y que solo sirven para orquesta del «Titanic». Los dos grandes sindicatos y la patronal ni siquiera se han esforzado en agotar el plazo perentorio para ponerse de acuerdo en un sistema de contratación y despido. Dicen UGT y CC OO que la CEOE quiere que decrete el Gobierno supuestamente sicario de los patronos. Ni Toxo ni Méndez quieren acuerdo alguno porque prefieren empezar a calentar las calles. La obligación del Gobierno es tomar decisiones y es bueno que haga un laudo entre estos representantes que representan tan poco; gigantes de peluche en un castillo de enanos. En la gran patronal nunca destacaron los empresarios importantes y sí algunos que no lo fueron nunca o que resultaron expertos en el desfondamiento fraudulento de sus negocios. La reforma laboral no va a crear empleo taumatúrgicamente, pero estos trajeados que no pisan sus empresas, tampoco. Sólo se trata de desmontar las normativas de trabajo dictadas por el falangista Girón de Velasco al final de la Guerra Civil y a las que el más demagogo se agarra. Los sindicatos son aún más anticuados y nunca gozarán de la respetabilidad del IG Metall alemán (que no le pide un euro a la señora Merkel) o de la eficiencia del sindicato estadounidense de camioneros, libre de Jimmy Hoffa y la infección mafiosa. Nuestros sindicatos de polichinela, de baja intensidad y menos afiliación, ni siquiera representan a los parados. Son tertulianos de cementerio.