Los guerreros de Xi'an con «la Roja»

De la copa del mundo a la réplica de uno de los guerreros de Xi'an. No faltaba de nada. Ni el pianista que comenzó con "Blue moon"y tres horas después seguía dándole a la cosa, aunque con menos empeño. Se ve que era un tipo sensible a las audiencias sordas.

Xavi, Casillas y Del Bosque, en la ceremonia
Xavi, Casillas y Del Bosque, en la ceremonia

El hall del Hotel Reconquista se convierte, en las horas previas a la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias, en una especie de camarote de periodistas, premiados y otros asuntos representativos. Pero todo mezclado. En confuso desorden, pero eso sí, elegante. De los de traje y zapatos brillantes.

Doña Letizia, severamente alta, delgada, toda de gris, contemplaba desde la segunda planta del patio interior toda esa marea mediática de micrófonos, antenas, cámaras, fotógrafos, corrillos y plumillas debidamente acreditados, plumillas con la identificación ocultándoles la diplomacia de la corbata, que es la etiqueta exigida para los salones con alfombra.

Estaba sola, en lo alto, las manos sobre la barandilla. Miraba, pero como diría García Lorca, nadie la veía a ella. No era descortesía. Es que nadie se fijó. Salvo algunas excepciones. Abajo, en la esquina opuesta, los chinos del equipo arqueológico de Xi'an tuvieron un gesto de espontaneidad. Una alegría.

Con una emotividad oriental, con muchas sonrisas, le colocaron una camiseta y una gorra de la Selección Española de Fútbol a la copia de uno de los guerreros de terracota. El delirio. Carreras, empujones, codazos, flashes, luces. Sin descripción. Mientras, el retrato de Letizia se desvanecía. Es lo que tiene cambiar de ópticas. El gráfico lo expresó pues muy gráficamente: "Joder, tío, me…". No es necesario completar la frase.

El siguiente asalto fue la recepción en la antigua capilla del hotel. El hotel antes fue orfanato y luego hospital. Ha terminado dando asilo a eminencias. Saludo de los patrones y miembros del jurado a los Príncipes de Asturias. A los galardonados de esta edición se les entregó una insignia –Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol, y el portero Pepe Reina representaron a la Selección Española-.

Alguno de los premiados aprovechó la ocasión para sacar unas fotos. Recuerdos, crónica para los amigos. Luego llegó la copa del mundo. Sin descripción. La gente quería fotografiarse con el trofeo. Apiñamientos, impaciencias. Uno levanta la escultura. La sopesa en la mano. "Es pesada".

La puerta del Teatro Campoamor se convirtió en una tarima de bienvenida. En las ventanas, banderas y vecinos; en los balcones, grupos de curiosos apiñados. Gaitas, para una romería entera. Hay aplausos, gritos, pero las ovaciones son para los héroes de la roja. Del Bosque, que viene con Iker (los mejor recibidos por el público). Detrás: Navas, Xavi, Capdevila, Javi Martínez, Navas, Llorente, Marchena, Reina y Ramos. Once con el entrenador. Un equipo entero.

Se corea lo de campeones y eso. Son los más esperados. Los más reconocidos por los que han acudido a la plaza. Posan, saludan y cuando desaparecen por la puerta, el vacío. Un fotógrafo casi se marcha después de los jugadores. "¡coño! Si todavía quedan los príncipes", rectifica. La Reina, Don Felipe y Doña Letizia no tardan en llegar y en recibir tanto reconocimiento como la Selección.

 

El fútbol se impone

El fútbol fue el protagonista absoluto. Sus hombres los más buscados por las miradas. Y la primera ola de exclamaciones fue para algunos de sus hombres, aunque no los que se esperaba: Valdano, Butragueño y Florentino. Aunque, para ser justos, el más salado sobre la alfombra que conducía al Teatro Campoamor fue el escultor Richard Serra, que saludó a todos con un puño en alto. Destacaron Bauman y Touraine, sorprendidos por la expectación que causa su entrada, haciendo sociología para comprender la situación. Amin Maalouf no paró de sonreír desde el coche hasta la entrada, como el equipo arqueológico de los guerreros de Xi'an. Pero la verdadera estrella no fue un premiado y fue recibido al coro de "illa, illa, illa, Revilla maravilla". El presidente del Gobierno de Cantabria parece que es un político querido. Lo que tiene mérito, con la que cae.