El Govern defiende cerrar el grifo a Spanair

La Generalitat inyectó 10 millones más antes de la quiebra para dar aire a la negociación con Qatar Airways

BARCELONA– El malestar de los trabajadores de Spanair se coló ayer literalmente en la comparecencia que el conseller de Economía, Andreu Mas-Colell, y el conseller de Territorio y Sostenibilidad, Lluís Recoder, realizaron en el Parlament, a petición propia, para dar parte de la defunción de la aerolínea. Los pitidos, el repicar de las cacerolas y los gritos de «queremos trabajar» de la cincuentena de empleados concentrados a las puertas del Parlament acompañaron el relato de los consellers.

Mas-Colell narró el último año de vida de la compañía aérea, que renació en 2009 apadrinada por la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y un grupo de empresarios catalanes, convencidos de que la apuesta por Spanair era una oportunidad para convertir el aeropuerto de El Prat en un hub internacional.

Aunque, desde 2010, la empresa dependía ya de las inyecciones de dinero público, Mas-Colell defendió que del mismo modo que «el pasado enero hubiese sido una irresponsabilidad seguir apostando por Spanair, en enero de 2011 hubiese sido también un error no hacerlo».

El equipo de Artur Mas tomó las riendas del gobierno catalán poco después de que el tripartito hubiera inyectado 60 millones de euros en Spanair. Aún así, cuando los gestores de la aerolínea reclamaron meses después una nueva aportación de 20 millones, el ejecutivo de CiU no se lo pensó, la Generalitat puso 9,5 millones y el resto fue a cargo del Ayuntamiento de Barcelona. Mas-Colell justificó esta inyección de capital alegando que «Spanair nos presentó una previsión de pérdidas de 59 millones para 2011, lo cual significaba remontar notablemente los 137 millones de 2010».
La historia empezó a complicarse cuando en mayo, la aerolínea comunicó al Govern que necesitaba 56 millones más para cumplir con su presupuesto.

En busca de un socio
El Govern inyectó los 56 millones, pero puso en marcha un proceso para buscar un socio que garantizara la viabilidad de la empresa. La Generalitat creó una comisión interdepartamental que se reunía cada semana y se contrató al banco de inversión Lazard para encontrar un socio que aportara capital. Se puso como fecha límite diciembre de 2011. Llamaron a un sinfín de puertas, Lufthansa, Singapur Airlines, Turkish, Aviana ... pero sólo se abrieron dos, Qatar Airways y la chica HNA. Pero en agosto, la aerolínea china decidió que no estaba interesada. Por su parte, Qatar Airways pidió comenzar con las negociaciones «cuando acabara el Ramadán», el 5 de septiembre, recordó Mas-Colell.

Las negociaciones tomaron velocidad de crucero. El 25 de octubre, las autoridades catalanes viajaron hasta Doha, la capital de Qatar, para cerrar flecos. Pero el acuerdo para que la aerolínea qatarí comprara el 49 por ciento de Spanair se aplazó. Durante la prórroga que reclamó Qatar Airways para negociar hasta el 31 de enero, la Generalitat inyectó 10 millones más en Spanair. No imaginaba que la aerolínea qatarí se echara atrás el 26 de enero después de que Spanair fuera denunciada ante la Comisión Europea por recibir ayudas públicas.

Aunque en diciembre se retomaron las negociaciones con HNA, las administraciones no vieron viable poner los 25 millones que pedía Spanair para seguir con sus operaciones hasta cerrar el acuerdo. HNA, que «tenía muchas dudas sobre la viabilidad», había pedido tiempo hasta febrero para estudiar su entrada en Spanair. El 27 de enero se pactó el principio del fin de Spanair, pero a día de hoy aún no se sabe cuánto dinero costó la aerolínea a las arcas públicas. Sin cifras oficiales, el recuento de las inversiones del Govern ascienden a 172 millones. Las cuentas de la oposición suman 200 millones.