Cómo sobrevivir en Cibeles

Los diseñadores dejan toda la creatividad en la pasarela para ganar la batalla a la recesión

Colea la polémica de Montesinos y la camisa de Zara
Colea la polémica de Montesinos y la camisa de Zara

Es invierno, señores. Con esto del cambio climático a algunos de los diseñadores que han pasado por Cibeles en jornadas previas se les olvida que lo que toca presentar es colección para el otoño que viene. Menos mal que los de ayer no se vieron afectados por la nube de polución mental que tanto abruma en lo político a Rosa Aguilar, y saben que cuando llega el frío, toca abrigarse. Y punto.

Lo suscribe Juanjo Oliva: «Estamos cayendo en utilizar todos los tejidos para todo, y a cada tiempo, lo suyo». Calentitas irán sus clientas durante el día con el voluminoso tweed experimental –«es la primera vez que utilizo este tejido»–. Pero también en la noche, con esa gasa de lana que pespuntea como le viene en gana para lograr túnicas sólidas y exquisitas que arrancaron uno de los pocos aplausos no forzados de esta edición cibelina. Les puede poner el precio que quiera, que lo merecen, aunque él no abusará porque es legal. Y todo un superviviente. Pero no de los de pega que se marchan a Honduras con Telecinco.

A él se le dibuja como un emprendedor de manual. Vamos, que nadie le ha regalado nada de lo que tiene. Ni siquiera Elena Salgado, que paga religiosamente todo lo que le compra. Del mismo patrón que Oliva están cortados otro plantel de creadores que ayer pisaron la Madrid Fashion Week: Davidelfin, Ailanto, Ana Locking y Kina Fernández. Todos sacan adelante su Pyme y se buscan la vida para afrontar los 200.000 euros que cuesta plantarse en Cibeles, un requisito que ha dejado en la cuneta ya a cinco compañeros. Y lo hacen con sangre, sudor y lágrimas. No es una frase hecha. Kina tuvo que llorar lo suyo cuando le tocó hacer frente a un ERE en junio. «Ha sido duro, pero precisamente por eso nos toca luchar más y apostar en firme por lo que ha sido y es nuestra vida sin rebajar un milímetro la calidad», dice flanqueada por su hija María, que ha sabido tomar las riendas del negocio familiar. Como Juanjo, tampoco quieren que la mujer se coja un catarro de pecho. Adiós escotes y bienvenido el cuello alto. Dueñas y señoras del jacquard con toques de bronce para la noche, para los días de trabajo y asueto marcan y suben la cintura para dejar al vuelo la pierna gracias a la organza de seda. ¿Su pantone? Avellanas, natas y grises con unos chispazos acertados de rojo. Los Ailanto prefirieron los tonos terrosos y la neblina en mate, además de algunas flores que encajan en el shatungs de seda acolchada. De chinos de los de antes parecía su batalla con la superposición minuciosa de tejidos y las prendas con cloqué imitando el punto trenzado.


Sin perder creatividad
Y si los vascos se complican en la pasarela, tampoco ha sido coser y cantar el año para Locking, que tuvo que desprenderse de su agencia de comunicación para cuadrar las cuentas. Pero no ha cedido un ápice de creatividad. Que se le ocurra. «No tengo un socio capitalista, soy una chica de barrio y así me he ganado lo que tengo. Los que salimos adelante en estos tiempos difíciles es porque poseemos una identidad clara, aquellos que no nos dejamos llevar por subvenciones varias, seductores contratos de colaboración que no van con tu estilo...». Y hace muy bien en no traicionar su credo particular. Ayer le tocaba jugar a la geometría con prendas tricolores, y lanzó un órdago a la grande, tanto en la impecable sastrería de hombre desmontable –pasan de chaquetones a chaqueta a golpe de cremallera–, como con los trench y vestidos para ella. Pero si algo clavó fueron los plisados –de capricho el conjunto bicolor en plomo y crudo. Asegura que se estrenaba en estas lides, aunque parecía que lo había mamado desde niña, con permiso de Miyake.


La musa Bosé
Los reajustes financieros también obligaron a Davidelfin a dejar de desfilar en Nueva York. «Estamos en un momento complicado y hay que optimizar recursos. Aquello era una pasta enorme y estamos repensando la mejor vía para tener más proyección internacional», asegura el creador malagueño. Si utiliza como carta de presentación su particular «síndrome de Diógenes», nombre de la colección, no hay fronteras que se le resistan. Y aunque la montaña de ropa que utilizó de atrezzo recordaba a los montones de Sepu –«qué tiempo tan feliz», que diría la Campos–, lo suyo no es de saldillo. Ni mucho menos. Nadie antes había sacado tanto provecho del fieltro para crear piezas en trampantojo, donde mezcla un patrón de chaqueta con el cuello de otra camisa y el algodón de un suéter. Y él, al que le gusta tanto la androginia de Bimba Bosé, dejó aflorar con acierto unos vestidos largos de noche en raso de seda. Ovación y anarquía ordenada, aunque suene a contradictorio. Bendito Diógenes. Ya lo quisiera para sí Larrainzar, que, por cierto, también desfiló ayer. Sin comentarios.


Colea la polémica de Montesinos y la camisa de Zara
Cara de estupor. Y silencio. Son las reacciones de los diseñadores de Cibeles al enterarse ayer por LA RAZÓN de que Francis Montesinos coló en su desfile una camisa negra de Zara como si fuera suya. No se identifican porque no quieren ensañarse con un compañero. Se muestran prudentes. «No es la primera vez que salta Zara a la pasarela, aunque bien es cierto que en complementos como los zapatos puede disculparse», señala alguien. «Ha sido demasiado tonto. Por lo menos le podía haber quitado la etiqueta antes de venir, o sacar al modelo a torso descubierto, está acostumbrado a hacerlo», comenta otra. «Esto le hace daño a él y sólo a él, no a los demás. No se debería permitir», señala indignado un tercero. «Eso le pasa por la afición que tienen algunos diseñadores por sacar cuantas más prendas mejor, aunque menos es más», explica un estilista que evita también dar su nombre. La que sí defiende a Montesinos es Cuca Solana, directora de Cibeles Fashion Week. «No me parece un pecado, si lo entiendes en su contexto, esto es, un básico que da igual que fuera de Zara o de Armani. No es fundamental en el "look", lo importante en esa salida eran los pantalones. Si Francis quisiera que fuese una prenda a la que prestarle atención, habría elaborado algo propio», justifica Solana, que a renglón seguido explica que «nadie se fija en qué ropa interior o qué calcetines lleva el modelo. La camisa no era la prenda fundamental, hay 200.000 como esas en el mundo». Así pues, Montesinos no será sancionado por la organización.