Benarroch encara la crisis con un nueva tienda por Jesús MARIÑAS

Benarroch, junto a Loles León y Bibiana Fernández,  en Madrid
Benarroch, junto a Loles León y Bibiana Fernández, en Madrid

La tienda que acaba de inaugurar Elena Benarroch se presenta como un revulsivo contra la crisis, el empobrecimiento y la falta de medios. Ella afronta este complicado momento dejando su amplísima boutique en plena Milla de Oro de Madrid para volver a la céntrica calle Zurbarán, justo debajo de su residencia de quinientos metros cuadrados. Pareció ser una cita con aire de despedida gubernamental en la que se recordó el trabajo de esta inquieta mujer que en 1979 puso una pica en Flandes al transformar la industria de la peletería internacional.
En el frío anochecer que acompañó al acto inaugural, la marquesa de San Eduardo acabó en el suelo por culpa de unos escalones mal señalizados, con tan mala suerte que me llevó tras ella y todavía me duele el golpe. Pero no perdió el tipo y la prestancia, quizá debido a su recamado diamantífero que tan bien conoce la entrañable Mae Dominguín, quien aún mantiene un rifirrafe con Cristina Blanco. Esta última desapareció del mapa social cuando era conocida como «la bruja del famoseo», que lo mismo regalaba Manolos a Terelu Campos, que impulsaba exclusivas ahora superadas por Belén Esteban. Fui testigo de aquellos momentos. Belén mudó de piel y ahora pretende olvidar sus trepadores comienzos, cuando Marbella la rechazaba. Fue el verano en el que se inventó que un supuesto jeque le había regalado un reloj de Cartier valorado en 410.000 pesetas. Luego salió a la luz que en realidad lo compró ella a plazos en El Corte Inglés de Puerto Banús. Cuánta historia de la Historia.
 A la inauguración tampoco faltó Barnatán, padre de la hija de Elena, la inquieta Yaël, cuyo nombre rotula el perfume de la firma. El ambiente de la nueva tienda tiene aires de loft neoyorquino donde destacan los chaquetones de martas cibelinas rubias de 58.000 euros, algo prohibitivo con la que está cayendo. «Y no ha hecho más que empezar», vaticinaron ante Carlos Solchaga, no tan sonriente como Maleni Álvarez, que eligió un terciopelo negro que contrastaba con los pantalones de color huevo de la inefable Rossy de Palma, cada vez más entregada al diseño y los desfiles parisienses. También estuvo Manuel Banderas, que vive su mejor momento: «Voy a celebrar mis 25 años de matrimonio y además estoy feliz con el éxito televisivo de ‘‘Bandolera''. También van a reponer el musical ‘‘Chicago''», me dijo mientras quienes le rodeaban admiraban su hoyuelo en la barbilla. Algo impensable en Mario Vaquerizo, candidato firme al próximo Premio Limón. Mar García Vaquero excusó la ausencia de Felipe González, que está en París, y Barnatán aprovechó para anunciar que la próxima semana inaugura una muestra artística en la que expondrá el resultado de hacer esculturas con papeles y carteles de las paredes.